Treinta
Aiden
La gente se agolpó a nuestro alrededor. Todo se llenó de ruido, calor y del aroma metálico de la sangre impregnando el hormigón, pero nada de eso importó cuando Evie se acercó un poco más a mí.
—Me estás mirando demasiado —murmuró, recorriendo la abarrotada sala con la mirada, como si no estuviese catalogando mentalmente cada rostro que nos rodeaba.
Debería haber apartado los ojos de ella, pero no lo hice.
—Tú flipas.
Ella enarcó una ceja y puso una pequeña sonrisa divertida y socarrona, porque sabía perfectamente que iba de farol.
—Claro que sí. Porque ahora resulta que eres el rey de la sutileza.
Dios, estaba jodido. Bien jodido. Con solo una mirada suya, cada decisión a la que me había aferrado durante las últimas semanas como si fuese un clavo ardiendo (esas decisiones gracias a las cuales me había convencido de que debía mantener las distancias, de que tenía que mantenerla a salvo y no dejar que esto fuera a más) se fue a la mierda, como si nunca hubiera existido.
Porque Evie lo era todo.
Era mi caos, lo que esperaba con ansias cada día, la que siempre me empujaba a ser mejor.
Ella era mi todo.
Pero Evie no estaba aquí esta noche por mí. Había venido en busca de respuestas. Recorrió el club de lucha clandestino con la mirada, como si se encontrase ante el escenario de un crimen, con todo el cuerpo tenso como la cuerda de un arco a punto de ser disparado.
—¿Has visto a alguien que te suene? —le pregunté lo bastante bajo como para que solo ella pudiese oírme.
Evie negó con la cabeza, y las puntas de su cabello le acariciaron la mejilla con el gesto.
—Aún no. Pero se supone que Anderson nunca falta a ninguna de estas peleas. Si consigo... —señaló hacia el ring con un gesto vago— pillarlo en el acto o si oigo a alguien llamarlo, por fin tendré una pista a la que aferrarme.
Una pista que podría acabar matándola.
Mi instinto me gritaba que le diese la mano y la sacase de este antro de sudor, violencia y peligro cuanto antes, que la encerrase en un lugar donde nadie pudiese alcanzarla jamás.
Pero Evie lo estaba arriesgando todo por esta pista.
Y lo cierto era que yo estaba dispuesto a arriesgarlo todo para que pudiese seguir investigándola.
—Evie... —empecé a decir, sin saber muy bien qué demonios estaba a punto de confesarle, pero entonces la voz del presentador retumbó con fuerza a través de los altavoces, acallándome.
Mason se estaba subiendo al ring y la multitud se lanzó hacia delante, y unos cuantos cuerpos nos separaron y me obligaron a dejar caer las manos a los costados.
La solté. De momento. Pero no pude librarme de la sensación de vacío que se asentó en mi pecho, retorciéndome el corazón.
—Vuelvo enseguida. Quiero ver qué tal está Mason. —Necesitaba alejarme de ella un momento, aclarar las ideas antes de volver a tocarla.
El público se puso a vitorear de nuevo emocionado cuando Hero y yo nos acercamos a Mason. Para algunos, estas peleas podían ponerse bastante serias, pero para nosotros solo eran nuestra forma de relajarnos y desahogarnos un poco.
Esta noche, Mason parecía especialmente concentrado, aunque no tenía ni idea de por qué.
Volví a encontrar a Evie entre la multitud, sin poder evitarlo, y, con una mirada, mi mundo volvió a verse reducido tan solo a ella.
El ambiente cambió de golpe, por esa maldita conexión que compartíamos, y supe de inmediato que le pasaba algo.
¿Cómo cojones podía saber que le ocurría algo con solo mirarla?
Intenté volver a centrarme en el combate y observé que Mason se movía con gracia por el ring .
Había mejorado muchísimo, ahora lo recorría mucho más seguro.
En sus primeras peleas había sido más bien como un pequeño cervatillo, moviéndose con pasos inseguros y torpes.
Lo seguí atentamente con la mirada, cada golpe, cada paso, y tampoco se me pasó por alto la sonrisa socarrona que se le dibujó en la cara cuando noqueó al otro tío.
Eso me dio unos minutos más para centrarme en otra cosa que no fuera Evie.
No sabía qué iba a hacer con ella. Sabía que tenía que decidir si quería intentar estar con ella en serio o no, pero no era una decisión fácil, más bien era la más importante de mi vida. Porque esa decisión podría arruinarlo todo, pero también podría darme aquello que siempre había deseado.
Y era una decisión que, en realidad, estaba bastante seguro de que ya había tomado, aunque fuera inconscientemente.
Los gritos emocionados del público resonaron por las paredes de hormigón de la nave, entremezclados con los crujidos del cráneo del oponente de Mason, al romperse bajo sus puños en el centro del ring .
El sudor, la sangre y la adrenalina permeaban el ambiente.
Pero yo ya no estaba pensando en la pelea.
Sino en ella.
Evie estaba de pie al otro lado de la estancia, observando el ring de brazos cruzados, pero no creo que estuviese pendiente de la lucha. Tenía la misma cara que ponía siempre que estaba intentando ocultar algo. La mandíbula apretada y los labios pegados con fuerza hasta formar una mueca obcecada.
Recorrió la multitud con la mirada, sin prestarme ninguna atención. Estaba buscando a Anderson, y sabía que intentaría llegar hasta él antes que cualquiera de nosotros.
Seguía sin querer contarle a Rook en qué estaba metida, porque sabía que su hermano haría lo que fuera con tal de detenerla. Los dos éramos plenamente conscientes del peligro que conllevaba indagar en las vidas de los hombres ricos de la ciudad.
Pero también sabía que nada de lo que hiciera podría detenerla.
Así que lo único que podía hacer era seguirla allá a donde fuese; salvo porque ahora estaba enfadada y, cuando Evie se cabreaba, se volvía descuidada.
Se confiaba demasiado, tanto como para ponerse a recorrer toda la nave pidiéndole a la gente que se identificara hasta dar con Anderson si hacía falta, tanto como para meterse en un peligroso callejón sin salida.
Me abrí paso de nuevo hasta ellos, encontrándome con Hero a mitad de camino.
—¿Qué le pasa a Evie? —le pregunté, sin molestarme siquiera en darle alguna explicación sobre por qué aquello me importaba tanto.
Él echó un vistazo a su espalda y se encogió de hombros.
—Se enfadó un poco cuando se enteró de por qué habíamos estado viniendo sin ella todo este tiempo. Dudo que sea para tanto.
Me perdí entre la multitud, abriéndome paso entre la gente hasta el resto del grupo.
Busqué a Evie con la mirada, pero no estaba por ninguna parte; en algún momento se había levantado de su asiento y se había marchado.
—¿Pero qué cojones...? —murmuré, estirándome todo lo alto que era para tratar de ver algo por encima de la multitud, buscándola frenéticamente con la mirada—. ¿Y Evie?
Zack se encogió de hombros, y Hero se volvió hacia Harper.
—Ha dicho que iba al baño —respondió Harper.
—¿Sola?
—¿Sí? Nadie ha dicho que no pudiera ir al baño sola. —Hero no dejó de mirar a Harper en ningún momento.
— Yo lo he dicho.
—No. —Hero esbozó una pequeña sonrisa—. Tú has dicho que no ibas a dejarla sola en toda la noche.
Un puñetazo en la cara me habría dolido menos que aquello.
No me molesté siquiera en responder, me di la vuelta y me encaminé hacia el pasillo más cercano, el que llevaba al baño de mujeres.
La ira ardía con fuerza en mi pecho, y me aferré a ella para no sucumbir al miedo que amenazaba con apoderarse de mí. No la veía por ninguna parte. La multitud me rodeaba por completo, cortándome el paso, hasta que por fin llegué al pasillo.
La gente se agolpaba junto a las paredes y merodeaba frente a las puertas de los baños, pero Evie no estaba por ningún lado. Abrí la puerta del baño de mujeres de un empujón y la llamé a gritos, pero no obtuve respuesta.
No estaba allí.
Me empezaron a sudar las manos cuando me di la vuelta y regresé al pasillo. Pues claro que Evie no había ido a este baño. Seguro que habría ido a buscar el baño privado y el despacho de Asher.
Imaginármela a solas con Asher en este momento tampoco me ayudó a tranquilizarme precisamente. Porque Evie no tenía ni idea de la distribución de este lugar, lo que significaba que podría perderse, o podrían secuestrarla, y ninguno nos daríamos cuenta.
Aceleré el paso, regresando hacia donde se encontraban nuestros asientos, antes de encaminarme hacia el pasillo que sabía que llevaba a las habitaciones privadas de Asher.
Se me revolvió el estómago. ¿Y si no estaba allí?
Podrían haberla secuestrado y jamás volvería a verla.
Puede que ni siquiera siguiese en el edificio.
Alguien podría haberla arrastrado hasta el aparcamiento para asesinarla.
Debería ir a buscar a Rook o a los demás, pero no podía pararme ahora a localizarlos.
Evie.
Tenía que encontrar a Evie.
La había perdido de vista durante menos de cinco minutos y había desaparecido. Y, por primera vez en años, sentí verdadero terror, y habría estado dispuesto a teñir este mundo de rojo con tal de encontrarla.