Veintisiete
Evie
Cerré la puerta de mi habitación y me quité los vaqueros y el jersey de un tirón.
Que le jodan a Aiden.
Y no me refería a que le follaran, me refería a que le jodieran de verdad, porque pensaba arruinarle la vida.
Otra vez.
O a lo mejor solo iba a arruinársela más aún.
Conseguí aguantar la mitad de la película hasta que ya no pude soportarlo más.
Si tenía que oír una risita más de esa chica me iba a poner a gritar.
Me hormigueaban los dedos por las ganas que tenía de mandarle un mensaje, de llamarlo, de hacer algo , lo que fuera, para que se diese cuenta de hasta dónde estaba dispuesta a llegar para arruinarle la vida.
Cogí una camiseta, lista para meterme en la cama e intentar olvidarme de él, aunque sabía perfectamente que sería imposible. Había podido sentirlo, cómo le había llevado al límite, esa chispa provocadora que le había hecho vacilar, debatirse..., y, aun así, seguía sin atreverse a dar el salto.
La puerta se abrió y se cerró de un portazo a mi espalda. Entonces un cuerpo se estrelló contra el mío, con fuerza, empujándome hacia un pecho que era todo músculo y calor. Una mano me cubrió la boca antes de darnos la vuelta, todavía pegado a mi espalda.
—¿Qué cojones te crees que estabas haciendo con Hero ahí abajo?
—Aiden —jadeé, tratando de zafarme de su agarre—. Suéltame.
—No, dime qué coño estabas haciendo.
—Solo estábamos acurrucándonos en el sofá. Y, además, ¿a ti qué te importa? Te has traído a otra a casa. Así que con quién me siente no te incumbe.
—Sí que me incumbe cuando se trata de Hero o de cualquiera del grupo.
—¿Por qué? ¿Porque sabes que Hero estaría dispuesto a follarme sin que le importasen una mierda las consecuencias?
—Sí, justo por eso.
—Solo porque tú le tengas miedo a mi hermano no significa que los demás también se lo tengan.
—Yo no le tengo miedo a tu hermano. Lo respeto. Y nos ha pedido específicamente que nos mantengamos alejados de ti, y yo ya la he jodido en ese aspecto.
—Pues entonces vuelve con tu cita, porque me gustaría invitar a Hero a que suba a faltarle el respeto a mi cuerpo un rato. Un hombre puede hacer muchas cosas sin tener que usar la polla.
Aiden afianzó un poco más su agarre, atrayéndome hacia él. Pude sentir su aliento cálido deslizándose por mi cuello, su respiración agitada recorriéndome la piel.
Me estampó de cara contra la puerta y presionó su polla contra mi cuerpo.
—Eres una psicópata enfermiza, Evie. ¿Quieres que otro te folle aquí dentro, mientras yo estoy ahí fuera en una cita?
—A lo mejor. Al menos así aprenderías lo que es bueno.
—¿Quieres que me ponga celoso porque Hero puede tocarte de esa forma y yo no?
—Tú ya has decidido por los dos cuando te has presentado aquí con otra esta noche. ¿Por qué no debería darle una oportunidad a Hero?
—Porque es a mí a quien quieres arruinarle la vida, no a él. ¿En serio crees que eres la única que puede ir por ahí provocando a los demás? ¿De verdad pensabas que no iba a contraatacar? ¿Que no podría arruinarte la vida yo a ti también de otra forma?
Sonreí.
—No podrías arruinarme la vida ni aunque lo intentaras.
¿Qué piensas hacer? ¿Contarle a Rook lo de las fotos?
—El estómago me dio un vuelco, porque solo hablar del tema me ponía nerviosa—.
¿Vas a arrastrarme hacia el bosque para follarme sin que nadie sepa jamás que has sido tú?
¿O a lo mejor prefieres que paremos en un cementerio para que deje que me toques?
—Nadie te folló en el bosque.
Aquello solo logró ensanchar mi sonrisa, porque por fin había admitido que había sido él.
—¿Y qué voy a hacer? Ya lo estoy haciendo.
Ahora nadie te creerá si les enseñas esas fotos, sobre todo porque esta noche me he traído a otra tía a casa conmigo.
Si les digo que la pequeña psicópata, que resulta que también es una genio de la informática, ha editado esas fotos para que parezca que estamos haciendo algo que nunca hemos hecho, todos me creerán.
—No lo harías.
—¿De verdad pensabas que iba a quedarme de brazos cruzados mientras me chantajeas?
¿Que no intentaría idear mi propio plan para contraatacar?
Creo que debería obligarte a escuchar toda la noche cómo me tiro a otra que no eres tú, ¿no te parece?
—Me obligó a darme la vuelta para enfrentarme a él, sonriendo de oreja a oreja—. ¿Por qué no?
—¿En serio crees que yo me metería en la cama sin más, sabiendo que estás al otro lado del pasillo follándote a otra? ¿De verdad crees que no sería capaz de entrar ahí y ahuyentarla?
Aquello le hizo reír, antes de empujarme lentamente hacia la cama.
Me caí sobre el colchón con una sonrisa, porque me encantaba lo mucho que se había enfadado al darse cuenta de que su plan de traerse a otra chica a casa para alejarse de mí no le había salido como esperaba, y también me encantaba cómo siempre tomaba el control de la situación cuando estábamos juntos.
—Has cometido un grave error al contarme tu plan, Psycho.
—¿Por qué?
Se quitó el cinturón de un tirón y se inclinó hacia mí, cerniéndose sobre mi cuerpo.
—Porque ahora pienso asegurarme de que no puedas hacer nada para evitar lo que tengo planeado para esta noche.
Alzó la mano en la que llevaba el cinturón y lo envolvió alrededor de mis muñecas, antes de pasarlo por el cabecero de la cama, abrochando la hebilla e impidiéndome moverme.
—Aiden —le advertí, tirando del cinturón. ¿De verdad me había equivocado tanto? Creía que había subido para acostarse conmigo, no para asegurarse de que no fuese a impedirle que se acostase con la otra.
Se deslizó lentamente por mi cuerpo, obligándome a abrir las piernas, y soltó un gruñido al hacerlo.
—¿Esta es la segunda parte de lo que ocurrió en el bosque? —pregunté, jadeante—. ¿O la segunda parte de lo que hicimos en el cementerio? Porque fueron dos experiencias muy distintas.
—¿Quieres que lo sea? —Su mano descendió lentamente por mi cuerpo, hasta detenerse entre mis piernas—. No hagas ruido.
—¿Por qué no? Eso podría ponerte en un buen aprieto. Quizá debería gritar pidiendo ayuda.
—Pero no lo harás. Porque tienes demasiadas ganas de descubrir qué es lo que quiero hacerte.
Me quedé totalmente callada mientras Aiden seguía bajando poco a poco por mi cuerpo, subiéndome ligeramente la camiseta.
Sus labios bajaron entonces hacia mi cintura, depositándome un beso suave en la piel. Una oleada cálida me recorrió entera, y no pude evitar que mis caderas se levantasen involuntariamente del colchón.
—¿Es que no piensas desnudarme?
—No. ¿Por qué iba a hacerlo?
Siguió descendiendo por mi cuerpo, dejando todo un rastro de besos sobre la cintura de mis pantalones cortos.
Tiré del cinturón que me sujetaba las manos al cabecero.
—¿Puedes soltarme, por favor? —supliqué, casi sin aliento, mientras bajaba la mirada hacia él y me fijaba en cómo se acercaba cada vez más a ese punto entre mis piernas que suplicaba que le hiciese caso de una vez.
Entonces bajó los labios lentamente hacia mi centro, con la tela de mis pantalones cortos aún entre nosotros.
Gemí con fuerza, empujando mi sexo hacia arriba de nuevo, hacia su boca.
Mi cerebro no logró asimilar lo que estaba ocurriendo cuando Aiden se levantó de la cama, dedicándome una sonrisa perversa.
—¿Qué estás haciendo? ¿En serio me vas a dejar... así?
Asintió con la cabeza antes de que hubiese podido terminar de formular mi pregunta.
—Tengo a una chica esperándome en el salón, junto a un grupo de gente que seguro que empezará a sospechar si no vuelvo pronto ahí abajo, además, necesito que te comportes esta noche. Así que, sí, pienso dejarte aquí esperando hasta que esté seguro de que no vas a darme problemas.
—¿Lo dices en serio? —pregunté, y el tono chillón que adoptó mi voz delató lo furiosa que estaba.
—¿Qué pasa? ¿Esta no es la escena romántica que esperabas? ¿Es que no te gusta cuando tus planes de psicópata no salen como tenías pensado?
—Lárgate de una puta vez.
—Lo que tú quieras, Psycho. Lo mejor de todo es que sé que no vas a moverte de aquí, que me estarás esperando en esta misma posición hasta que a mí me dé la gana.
—¿Y qué me impide ponerme a gritar pidiendo ayuda? Si sé que no voy a sacar nada de esto, ¿por qué iba a quedarme callada?
Aiden se inclinó de nuevo hacia mí y me depositó un beso suave en el cuello.
—Porque ¿y si luego vuelvo y te toco un poco más?
—¿Y si decides acostarte con esa otra chica y yo me tengo que quedar aquí, escuchándolo todo? Preferiría arriesgarme a gritar y que no me vuelvas a tocar nunca más.
—¿Y si por una vez te portas como una buena chica y te quedas calladita para que luego pueda volver a seguir besándote en muchas más partes?
—¿Lo dices en serio? ¿De verdad vas a dejarme aquí atada toda la noche?
—Pues claro que lo digo en serio. ¿Cómo si no iba a asegurarme de que no me arruinaras la noche? Además, esa chica de abajo... odiaría tener que decepcionarla solo porque tú hayas decidido entrometerte en mis planes.
Se incorporó, alejándose de la cama, y se encaminó hacia la salida.
—Aiden —siseé mientras abría la puerta.
—Buenas noches, Psycho —dijo, antes de salir al pasillo—. Puede que nos veamos dentro de unas horas.
Retorcí el cinturón y, al fin, la hebilla se aflojó lo suficiente como para que pudiera sacar una mano, y después la otra.
De ninguna manera pensaba permitir que Aiden se fuera de rositas. ¿Creía que podía provocarme así y dejarme atada a la cama para tirarse a otra?
¿En serio pensaba que me quedaría quieta y haría lo que me había ordenado?
¿Que sería una «buena chica»?
Sus palabras resonaban como un grito furioso en mi cabeza mientras me levantaba de la cama.
Cogí el cuchillo de caza largo que tenía en la mesilla, un regalo que el propio Aiden me había hecho a modo de broma hacía unos años, pero ahora me tocaba a mí reírme un rato.