Ace & Ember (Los Mavericks 2) Veintiséis #2
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Veintiséis #2

Como si estuviesen en una cita o pasando el rato a solas.

Se me revolvió el estómago de nuevo, y las copas que me había tomado hacía un rato amenazaron con volver a hacer acto de presencia. Evie jamás saldría con Zack, ¿no?

Siempre había sabido que a él le gustaba, y no es que el tío fuera feo. Así que tampoco podía descartarlo del todo.

Delante de mí, Evie se inclinó de nuevo hacia Zack, con el viento sacudiéndole el pelo en la nuca, y sentí que todo mi cuerpo se ponía en tensión.

Ni siquiera hacía falta que me tocase para que el recuerdo de lo que se sentía al tener sus manos sobre mí me golpease de lleno; la forma en que siempre solía apoyarme la barbilla en el hombro, cómo apretaba las rodillas alrededor de mis piernas, como si ese fuera justamente su sitio.

Y ahora estaba haciendo todo eso mismo con él, y me agarré con fuerza al acelerador.

El mundo era cruel. Cuando por fin intentaba enderezar mi vida y alejarme de Evie, me recordaba que no podía confiar en nadie más para cuidar una cosa tan perfecta como era ella.

La forma en que Evie me fulminó con la mirada cuando se quitó el casco me dio ganas de arrodillarme ante ella y suplicarle perdón.

Parecía tranquila, pero yo conocía perfectamente esa mirada. La que prometía que esto me traería consecuencias.

Solté un gemido, ya medio excitado solo al pensar en Evie castigándome por lo que había hecho. Ella solo tenía que respirar y yo me derretiría a sus pies, dispuesto a arrastrarla lejos para tenerla solo para mí, sin interrupciones, sin arriesgarnos a que alguien pudiera descubrirnos.

Así que, sí, mi plan para alejarla estaba saliendo a las mil maravillas.

Sabía que, si alguna vez decidía arriesgarlo todo por ella, me aseguraría de hacer todo lo que estuviera en mi mano para que no hubiese ni una sola posibilidad de que me dejara marchar, tendría que grabarle mi nombre en la piel y en los huesos.

Cuando por fin llegamos a casa, los demás ya estaban tirados en el salón, con las luces medio apagadas, y Hero estaba buscando una película para ver en el televisor.

Evie se adentró entonces en el salón, se fijó en la chica que tenía acurrucada bajo el brazo, y se quedó helada en el umbral. El brillo furioso que refulgió en su mirada me golpeó de lleno, como un chute de adrenalina.

Se quedó allí de pie, observándome con los ojos entrecerrados y haciéndome sentir incómodo.

Su pecho se hinchó como si estuviera a punto de decir algo, pero entonces sonrió... Una sonrisa lenta y letal.

Joder .

Y después se volvió hacia Hero.

—¿Esta noche estás solo? Todos los demás se han traído a alguien a casa. Así que ¿por qué tú no?

Hero puso una sonrisa burlona y divertida.

—Porque hace unos días, cuando iba borracho, decidí que era una buenísima idea hacerme un piercing en la polla.

Y una vez sobrio me enteré de que eso significaba que no iba a poder usarla en al menos unas cuantas semanas.

Nunca me he arrepentido tanto de una decisión tomada bajo los efectos del alcohol, créeme.

Mason se echó a reír a carcajadas. Y la sonrisa de Evie se ensanchó.

—Te dije que tendrías que haberte hecho un tatuaje y no un piercing .

—Pero es que ya tenía la cita cogida para hacerme mi próximo tatuaje —replicó Hero—. Me voy a hacer uno de los diseños de Regan.

—Sigo sin poder creer que de verdad te lo vayas a tatuar. —Regan sonrió con orgullo.

Evie se dejó caer en el sofá junto a Hero, y le colocó las piernas en el regazo. Después cerró una mano alrededor de su brazo de forma casual, como si lo hubiese hecho cientos de veces.

—Joder, Hero —soltó Rook—. Me importa una mierda si te funciona o no la polla, como se te ocurra ponerte a ligar con mi hermana...

—Pero si ha sido ella la que se me ha acercado... —replicó Hero—. ¿Y qué tengo yo de malo? Soy un partidazo.

—Anda, calla y ponte a ver tu película. —Evie se acercó un poco más a él, acariciándole el brazo con suavidad. Después se volvió a mirarme, con una sonrisa perversa.

A estas alturas, el cuchillo no solo me había atravesado el corazón, me había partido en dos.

Porque ahí estaba ella, lo suficientemente cerca como para que pudiese tocarla si quería y, a la vez, lo suficientemente lejos como para que la distancia que nos separaba me resultase una tortura. Y sabía perfectamente qué era lo que pretendía.

Hero le susurró algo al oído y ella se rio antes de que nuestras miradas se encontrasen de nuevo. Entonces, fue como si alguien le hubiese lanzado una cerilla prendida a un bidón de gasolina en mi interior. Y sentí cómo se consumía rápidamente la última gota de autocontrol que me quedaba.

—Evie —dije, esforzándome por sonar lo más firme posible—. Parece que estás muy a gusto.

—Ah, porque lo estoy. —Me dedicó una sonrisa de oreja a oreja, dejándome ver todos sus dientes—. No creerías en serio que esta noche ibas a ser el único que se divirtiera un poco, ¿no?

—La diferencia es que, en mi caso —sonreí—, la polla sí que me funciona. Puede que vosotros dos tengáis que ser un poco más creativos.

Hero puso una sonrisa divertida antes de pasarle a Evie un brazo por los hombros.

—Por suerte para nosotros, se me da muy bien eso de ser creativo.

Rook soltó un gruñido. Evie ni siquiera apartó la mirada de mí antes de responder:

—No te preocupes. Yo también soy muy creativa.

Tragué con fuerza. Sabía perfectamente que Evie estaba a punto de hacer que me arrepintiese de mi plan de esa noche. Y una parte retorcida de mí se moría de ganas por descubrir qué era lo que tenía pensado.

La pregunta no era si iba a permitir que lo hiciera o no, ya no.

La única pregunta era si yo sería capaz de adelantarme a ella. O si dejaría que me hundiese sus garras en la piel y me arrastrase al infierno con ella.