Veintiséis
Aiden
Esto no estaba bien.
Ni siquiera podía explicar lo terrible que era este plan.
La puerta se abrió de par en par y empecé a alejar la moto de la acera, mientras la chica que llevaba detrás se agarraba con fuerza a mis hombros.
Apreté los dientes, porque, en cuanto ella salió por la puerta, el instante de calma se resquebrajó.
Evie se quedó paralizada y la sonrisa se le borró de la cara en cuanto su mirada se posó sobre la desconocida que estaba aferrándose a mis hombros. Entrecerró los ojos y pude sentir su ardiente ira incluso a través de la visera.
Perfecto. Esto era justo lo que pretendía.
Le di gas a la moto, tratando de deshacerme del nudo que se me había formado en el estómago con el rugido del motor.
Todo iba de acuerdo al plan: cortar de una vez por todas el hilo que me mantenía atado a ella antes de que me ahogase, hacer que me odiase lo suficiente como para impedir que Rook se pusiese a husmear y descubriese la verdad.
Un recordatorio público y horrible de que lo nuestro jamás podría ocurrir.
Evie no apartó la mirada. Ni siquiera cuando cerró las manos en puños a los costados. Ni siquiera cuando apretó la mandíbula con fuerza, como si estuviera conteniéndose para no armar la clase de escena que habría hecho que todo el mundo en el aparcamiento se volviese a mirarnos.
Bien. Que rabiara. Que pensara cómo acabar conmigo.
Había tenido que tomar una decisión y, como Evie se había encargado de recordarme en más de una ocasión que esto no era más que un juego, me había propuesto no echar toda mi vida a perder por una mujer que no me quería.
Pero mi corazón me traicionó, latiendo acelerado, y la atracción que sentía por ella me llevó a grabarme a fuego en la memoria la forma en que entreabrió los labios.
Tuve la sensación de que quería decir algo, por la manera en que sus hombros se elevaron con fuerza cuando respiró hondo...
El dolor que vi reflejado en su mirada fue como un puñal afilado clavándoseme en el pecho.
Y el hecho de que hubiese sido yo quien le hubiera provocado ese dolor fue el golpe de gracia.
Su tacón se clavó en el pavimento y se giró como un resorte hacia Zack, avanzando hacia él con decisión, como si hubiese sacado aquella idea de mis peores pesadillas.
Él le sonrió. La sonrisa engreída que se dibujó en su rostro me llevó al borde de la locura.
Evie no se volvió a mirarme en ningún momento, pero yo seguí cada línea marcada y afilada de su perfecto cuerpo.
Debería haberme sentido satisfecho, porque por fin había recuperado el control de mi vida.
En cambio, sentí que se me formaba un nudo tenso en el pecho, que la punzada de dolor agudo que había estado tratando de ignorar desde que había decidido hacer esto me atravesaba el corazón.
Porque sabía que, si Evie se volvía a mirarme, se daría cuenta en un segundo de lo que estaba tratando de hacer.
Se daría cuenta de que esto no tenía nada que ver con la chica que llevaba sentada a mi espalda.
De que todo esto solo tenía que ver con ella.
Conmigo. Con aquello que jamás podríamos tener.
Y, cuando se diera cuenta de que la estaba alejando, públicamente y a propósito, contraatacaría. Porque siempre lo hacía.
Se inclinó hacia Zack y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios al hablarle, en un susurro tan bajo que no pude oír lo que le decía.
Apreté la mandíbula con fuerza. Vi que adoptaba una pose ligeramente coqueta al inclinarse hacia él.
Entonces Zack ladeó la cabeza, deleitándose en cada una de sus palabras y caricias.
Evie ya estaba poniendo en marcha su siguiente jugada.
Nadie más se daría cuenta de lo que estaba haciendo, pero a mí no podía engañarme.
Me fijé en su obstinada postura, en la forma calculada en que se negó a volverse en mi dirección... No me estaba ignorando.
Me estaba provocando.
Y tuve que recordarme que no debía morder el anzuelo.
Pero me preocupaba mucho más la voz de mi cabeza que siempre añadía un «todavía» en un susurro a esa frase.
Di marcha atrás con la moto, colocándome en una posición mucho más adecuada para arrancar, recordándome que debía comportarme como los demás.
Tenía que dejar de prestarle tanta atención.
Esta sería la noche en la que mi obsesión por Evie llegaría a su fin, en la que su fascinación por arruinarme la vida se acabaría.
A lo mejor, si me lo repetía varias veces, se haría realidad.
Todos nos dispusimos a marcharnos, cada uno con un paquete distinto sobre nuestras motos.
Rook y Regan salieron del camino de la entrada con Mason y Hero justo detrás.
Zack y yo también salimos juntos, con nuestras motos colocándose sin esfuerzo la una al lado de la otra en la carretera.
Aunque Zack era nuevo en el grupo, estaba empezando a cogerle cierto cariño.
Pero no me gustaba ni un pelo que Evie hubiese decidido ir con él, no porque fuese nuevo, sino porque además era el que menos experiencia tenía montando en moto.
Incluso Kane llevaba montando la mayor parte de su vida.
Pero Zack era un novato en todos los sentidos, y ahora llevaba a Evie subida justo a su espalda, agitando los brazos a los lados y animándolo a que acelerase de una vez.
La chica que llevaba de paquete se recolocó en su asiento y deslizó una mano lentamente por mi brazo, como si tuviera alguna clase de derecho sobre mí.
Pero su contacto me resultaba extraño; vacío y a la vez pesado, como el de una desconocida.
No era firme y seguro, como el de Evie. Sus caricias siempre eran ligeras, como si supiese perfectamente a dónde pertenecía, como si se sintiera completamente segura a mi lado, y eso lograba darme una sensación de estabilidad que no podía explicar.
¿Pero esto? Las caricias de esta chica me pusieron los pelos de punta.
Me gustaba la locura de Evie. Me gustaba su posesividad, y me parecía surrealista que sintiese que yo le pertenecía de alguna manera, pero no podía permitir que eso siguiera afectándome.
Porque Evie y yo no estábamos juntos, no era mía y, sin embargo, no pude evitar sentirme fatal al dejar que otra chica me tocara de ese modo.
Y lo peor era que sabía que Evie habría sido capaz de reducir el mundo a cenizas si me hubiese deseado como yo la deseaba a ella y hubiera visto que otra persona le robaba lo que tanto quería.
Esta noche su silencio decía mucho más que sus palabras.
Si me hubiera querido de esa forma, jamás se habría alejado de mí.
¿Verdad?
Eso debería haberme resultado reconfortante, debería haberme ayudado a seguir adelante con mi plan. Pero, en cambio, tuve la sensación de que había perdido algo que nunca había llegado a tener.
Tuve que recordarme por qué Evie se había interesado por mí en realidad.
El chantaje.
Ella no me deseaba de esa forma. Lo único que quería era divertirse un poco, hasta que encontrase un nuevo novio.
Quería que alguien la ayudase a resolver este misterio tan descabellado con el que parecía haberse topado, pero no podía pedirle ayuda a Rook.
Hasta donde yo sabía, tal vez incluso había invitado a algún chico a casa esta noche y pensaba pasarse el rato arruinándole la vida a él en vez de a mí.
Zack zigzagueó por la carretera frente a mí. Evie echó un brazo hacia delante mientras con el otro se agarraba a él para no caerse. Los celos ardieron con fuerza en mi pecho, porque debería ser mi cuerpo al que se estuviese agarrando.
Joder, esto se me daba de pena.
¿Cómo era posible que al alejarla de mí tan solo hubiese empeorado las cosas?
Encendí el intercomunicador de mi casco, el que nos mantenía a todos conectados cuando íbamos en nuestras motos. Los únicos que no los llevaban eran nuestros cascos de repuesto, como el que en este momento llevaba la chica que iba detrás de mí y la que iba agarrada a Mason.
Las risas de Evie y de Regan llenaron de inmediato mi casco, pero no tenía ni idea de por qué se estaban riendo.
—Lo que quiera mi paquete —respondió Zack, y el énfasis que hizo al decir ese «mi» me hizo apretar los dientes con fuerza—. Parece que esta será la noche en la que por fin intente hacer un caballito.
Todo mi cuerpo se puso en tensión mientras trataba de asimilar lo que acababa de oír.
Evie levantó los brazos y gritó de emoción, antes de volver a abrazarse al torso de Zack.
—¿Pero qué cojones...? —pregunté, rodeando a Hero para colocarme junto a Zack—. No, ni de coña, Zack.
—¿Por qué no? Evie me ha pedido que lo intente.
—Evie también me dijo a mí que debería teñirme el pelo de azul. Pero eso no significa que haya que hacerle caso.
—El pelo azul te quedaría muy bien. —Su tono coqueto me provocó una oleada de placer.
—Ni se te ocurra ponerte a practicar caballitos llevando a Evie detrás.
Como lo intentes, aunque solo sea una vez, te juro que no volverás a montarte en una puta moto en tu vida —le amenacé, antes de acelerar para colocarme justo delante de él y volver a reducir la velocidad.
No pensaba arriesgarme a permitir que acelerase y se confiase demasiado como para intentarlo.
—¿Quién coño te crees que eres para decirme lo que puedo hacer y lo que no?
—El que te matará como Evie acabe haciéndose daño. Y si tienes algún problema con que sea yo quien te lo diga, eres libre de preguntarle a Rook qué opina al respecto.
Rook soltó una carcajada seca a través del intercomunicador.
—Como le hagas daño a mi hermana, te dejaré unas cuantas semanas durmiendo en el patio como a un perro. En serio, no me puedo creer que estés intentando llevarle la contraria a Aiden en esto. Deberías dar las gracias porque te haya dejado que vayas con ella de paquete.
—Sé montar en moto perfectamente.
—Sí, pero no sabes hacer acrobacias. Así que prueba a hacerlas en tu tiempo libre, cuando no pongas a nadie más en peligro. —Negué con la cabeza y me acabé apartando de su camino cuando murmuró algo sobre que les estábamos jodiendo la noche.
Su noche.