Ace & Ember (Los Mavericks 2) Veinticinco #3
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Veinticinco #3

—Suponía que ya sabrías dónde los celebrábamos, pero vale.

Os sentaréis en mi reservado. Si de verdad es él quien os tiene en el punto de mira, no deberíais exponeros demasiado.

—Se acercó un poco más a mí, deslizando una mano por mi brazo—.

Te ofrecería una zona mucho más privada para ver los combates, pero no sé si te interesaría más ver a los hombres sudorosos que estuviesen combatiendo en el ring o a uno en particular que estuviera entre el público.

—Seguí su mirada hacia un punto a mi espalda, y los dos vimos como Aiden se ponía en pie, inclinándose sobre la mesa en la que se encontraba el resto de nuestro grupo.

Asher debió de darse cuenta de que me había vuelto a mirarlo, porque entonces añadió—: Eso pensaba.

—Entonces, ¿estás retirando la oferta?

Sonrió.

—¿Porque tú y ese tonto enamorado estáis locos el uno por el otro? No, en absoluto. ¿Por qué iba eso a hacerme cambiar de opinión?

—Creía que estabas insinuando que...

—Ah, así que eso creías, ¿eh?, pero no, no creo que tú y yo estemos hechos el uno para el otro, Evie.

Yo jamás perdería el tiempo anteponiéndote a nada que fuera importante.

Claro que a Aiden no pienso decírselo, pero solo porque me encanta hacer rabiar a la gente.

—Esbozó una sonrisa despreocupada y le dedicó un pequeño asentimiento a Aiden, lo que me hizo volverme de nuevo hacia él.

—Entonces, ¿por qué nos estás ayudando? Yo creía que lo hacías porque era tu forma de ligar conmigo.

—En cierto modo sí —respondió, encogiéndose de hombros—.

Pero sobre todo lo hago porque me caéis bien.

Siempre os habéis portado bien conmigo, incluso cuando no era nadie.

Y ahora que controlo más de media ciudad, ninguno de vosotros me trata como si fuese una persona distinta.

Lo que, ahora que lo pienso, resulta un tanto molesto, la verdad.

Sonreí antes de pasarle un brazo alrededor de la cintura y atraerlo hacia mí. Dejé caer la cabeza sobre su hombro, pero no sentí absolutamente nada al tocarlo.

—Ya, es lo que suele pasar con la familia. No vas a poder librarte de nosotros por más que lo intentes, y a ninguno nos impresiona el dinero o el poder que poseas, siempre te trataremos como a nuestro molesto hermanito pequeño, sin importar la edad que tengas.

—Soy bastante mayor que vosotros.

—Bah, solo nos sacas cuatro años y, como acabo de decir, nos da igual.

Le vibró el teléfono en el bolsillo con un mensaje entrante, y suspiró al sacarlo y leerlo.

—Joder.

Me incliné hacia él para poder leerlo yo también por encima de su hombro. Era Violet.

Tu perro se ha colado en la sala de descanso y se ha comido TODO mi alijo secreto de chocolate para emergencias!!

Y sí, ya voy de camino con él al veterinario de urgencias

Solté una sonora carcajada, sin poder dejar de reírme mientras alzaba la mirada hacia su rostro.

—¿Algo importante de lo que tengas que ocuparte?

—Es mi nueva recepcionista. Por lo que parece, mi perro y ella son igual de rebeldes. ¿Quién narices tiene un alijo secreto de chocolate para emergencias? Ese maldito alijo solo ha servido para crear una emergencia, no para evitar una.

—¿Sabes? Yo pensaba que serías un hombre con mucho más tirón con las mujeres, pero, si no sabes para qué podría una chica necesitar un alijo de chocolate para emergencias, voy a tener que preocuparme seriamente por todas las mujeres con las que has estado.

Asher me fulminó con la mirada y se guardó el móvil en el bolsillo.

—Tengo que irme, evidentemente. Envíame un mensaje mañana cuando vengáis a los combates, para que pueda salir a buscaros.

—Vale. Tú luego cuéntame cómo está tu perro..., y la nueva recepcionista. Y gracias. En serio. Te lo agradezco mucho.

—Lo que sea con tal de salvarte la vida —respondió, antes de guiñarme un ojo y encaminarse de vuelta hacia la multitud, abriéndose paso entre la gente hacia la puerta trasera, donde probablemente había dejado el coche aparcado.

Regresé a la mesa con los demás y los puse rápidamente al día con el nuevo plan y, aunque los chicos me fulminaron con la mirada, claramente enfadados, las chicas parecían más que emocionadas ante la perspectiva de ir a ver esos combates.

—¿Algún problema? —pregunté.

Aiden se volvió a mirar a Rook, Hero y Mason, pero ninguno se atrevió a decir nada.

—No —respondió.

—Entonces, ¿a qué vienen esas caras tan largas? Tenemos una pista que podemos seguir e investigar antes de que alguno de nosotros acabe asesinado. Además, ahora podemos marcharnos y disfrutar del resto de la noche —dijo Regan.

Los chicos soltaron un gruñido de enfado, pero yo me volví hacia Aiden y me encontré con sus intensos ojos azules clavados en mí.

No dije ni una sola palabra, porque el brillo furioso que los iluminaba me dejó paralizada. ¿En serio estaba enfadado por que hubiese encontrado una pista?

Me hundí en mi asiento, acercándome un poco más a Harper, y ella no tardó ni un segundo en pasarme un brazo por los hombros como si quisiese protegerme del resto del mundo.

Mis ojos volvieron a posarse de nuevo sobre el rostro de Aiden, y me fijé en que su mirada azul ardía con una mezcla de ira y...

algo más que todavía no estaba preparada para identificar.

Dejé que el silencio se extendiese entre nosotros, que su ira hirviese a fuego lento en su interior mientras yo trataba de calmar el latido acelerado de mi corazón.

Una cosa estaba clara, no le hacía ninguna gracia que hubiese encontrado otra pista, pero aquello no iba a detenerme. Y mucho menos ahora.

¿Y mañana? Mañana encontraríamos a Anderson.