Veinticinco #2
—No me puedo creer que lo hayas conseguido. —Regan le dio un sorbito a su vaso de agua mientras se recostaba contra el hombro de Rook.
—Pues claro que lo ha conseguido. Nuestra chica está hecha toda una detective —dijo Harper.
Puse los ojos en blanco.
—Solo me he topado con la persona adecuada en el momento adecuado. Ni que hubiese resuelto un asesinato.
—Tengo la sensación de que podríamos resolver al menos un par de asesinatos si nos lo propusiéramos. —Harper, con una sonrisa confiada, ladeó la cabeza.
Hero soltó una carcajada amarga, llevándose una mano a la boca como si estuviera a punto de escupir lo que acababa de beber.
—No podrías hacerlo ni aunque quisieras.
—Pues claro que podría.
—¿Qué te apuestas a que yo lo resolvería antes que tú? —soltó Hero.
—¿Qué te apuestas tú a que yo tendría que resolver un asesinato que tú mismo hubieses cometido?
—Joder, touché , Harper. —Sonrió.
—Dejando a un lado el tema de los asesinatos, a mí me preocupa más saber quién está intentando matarnos, y no quién ha matado a quién. Así que me alegro de que Jack Anderson por fin sea una persona real a la que podamos localizar —añadió Rook.
—Localizar, torturar, asesinar.
Hero se encogió de hombros.
—Incluso las tres cosas, si os apetece. Al menos ahora podremos estar seguros de que atrapamos al tipo correcto.
Jack Anderson.
El hombre tras las amenazas. Otro cabrón con ansias de poder que empezaba a sospechar que estaba intentando ocupar el puesto que Cameron Fletcher había dejado libre tras su muerte, como si fuese alguna clase de trono por el que mereciese la pena desangrarse.
Veritas, la lista en la que aparecía el nombre de Cameron, las amenazas, ir tras nosotros...
Estaba empezando a pensar que había llegado el momento de asumir que todo estaba relacionado.
Y, sinceramente, deberíamos haber sabido que Cameron tendría a toda una especie de secta detrás, dispuesta a seguir sus pasos.
Me puse a buscar información en mi iPad, recopilando todo lo que pudiera encontrar sobre Jack Anderson por internet. El resto del grupo había decidido ir a dar una vuelta por la discoteca para preguntarle a cualquiera dispuesto a escucharlos si sabían algo sobre él.
Pasó otra hora más antes de que volviésemos a reunirnos alrededor de la mesa para contrastar lo que habíamos averiguado.
Por lo que habíamos descubierto, acababa de volver a la ciudad, pero se había convertido en un CEO bastante conocido.
Estaba intentando meterse en el mundo del tráfico de drogas, lo que solo lograría despertar incluso más el interés de Asher por él.
Y lo peor de todo era que nadie parecía saber lo suficiente sobre él como para comprender lo peligroso que podía llegar a ser.
Eso nos devolvía prácticamente al punto de partida.
Me recosté en mi asiento, bebí un poco más de agua y tuve que resistirme al impulso de dejarme caer contra Aiden, que estaba sentado a mi lado.
Paseé la mirada por la multitud y me topé con un rostro que conocía muy bien.
Asher se estaba abriendo paso a través de la gente, viniendo directo hacia nosotros.
Sería una tontería no admitir que Asher estaba buenísimo.
No solo era guapo, o al menos, no era solo eso lo que lo hacía tan atractivo, sino que además era como si, con solo adentrarse en un espacio, lo dominase por completo.
Aunque no lo conocieras personalmente, tus instintos más salvajes se despertaban nada más verlo, como si él fuera el depredador y tú la presa, y todo el mundo sabía que no convenía cabrearlo.
—Veo que esta noche habéis decidido salir a divertiros, aquí, a mi antro del pecado. ¿A qué habéis venido en realidad? —preguntó, nada más llegar a nuestro lado.
—Solo hemos salido de fiesta —respondió Hero, recostándose en su asiento con total despreocupación—. El trabajo no lo es todo, y también sabemos cómo divertirnos.
Asher se volvió a mirarme, escudriñando mi rostro con los ojos entrecerrados, pero no estaba del todo segura de qué estaba esperando encontrar.
—¿Ah, sí? Y yo que creía que vosotros erais de esos que se divertían solo mientras trabajaban.
Todos habíamos acordado no avisar a Asher de que íbamos a pasarnos por allí esa noche, aunque yo no sabía por qué. A Asher le caíamos bien.
Yo le caía bien.
Y siempre parecía más que dispuesto a echarnos una mano.
A Rook siempre le había preocupado que la ayuda de Asher tuviera un precio, pero este nunca se había presentado en nuestro taller con una factura en la mano, así que no entendía a qué venía aquella preocupación.
—Oye —dije, levantándome de mi asiento y acercándome a él—. ¿Podemos hablar un momento?
Él asintió con la cabeza, sin dudar, antes de tenderme el brazo y guiarme hacia una mesa privada, a unas filas de distancia de la nuestra.
—¿Qué pasa? —me preguntó, dejando su mano apoyada sobre mi piel un poco más de lo necesario.
Eché un vistazo a su espalda, hacia Aiden. Tenía que ir directamente al grano.
—¿Conoces a alguien llamado Jack Anderson?
Asher frunció el ceño y echó un vistazo a nuestro alrededor para asegurarse de que nadie nos estaba escuchando.
—Sí. ¿Esto tiene algo que ver con que estuvieras husmeando en mi edificio el otro día?
—En realidad, no. ¿O tal vez sí? Sobre todo tiene que ver con que alguien nos ha estado amenazando últimamente, a mí y a los demás.
—¿Qué clase de amenazas? —me preguntó, adoptando un tono serio y afilado que me hizo esbozar una sonrisa divertida.
—No te preocupes, ahora siempre llevo a todo un equipo de seguridad conmigo sin importar a donde vaya. Solo han sido un puñado de mensajes, unos cuantos tipos a los que han enviado específicamente a amenazarnos y un ataque aislado. Aún lo tenemos todo bajo control.
—Qué extraño. En mi opinión, cuando alguien pasa a los ataques, la situación ya se ha ido de las manos —replicó, alargando una mano hacia la mía y recorriéndome el dorso con el pulgar—. ¿Estás segura de que estás bien?
—Perfectamente. Tan solo he echado a perder unos vaqueros. —Aquello le hizo enarcar una ceja—. ¡Porque me los manché de sangre! Digamos que a uno le acabé perforando una arteria y la sangre me salpicó por todas partes.
—¿Crees que fue Jack quien mandó que te atacaran?
—No, al menos, no necesariamente, pero sí que es cierto que todas las pistas que hemos encontrado parecen apuntar hacia él.
Aunque no tenemos ni idea de por qué. Nos han amenazado a todos, pero fue a mí a quien le llegó el mensaje, y a mí a quien atacaron, así que supongo que en realidad van solo a por mí.
—Jack Anderson suele apostar en los combates que organizo. No sé mucho sobre él, pero sí que lo he visto en muchas de mis peleas.
—¿Disculpa? ¿Peleas? ¿Te refieres a hombres luchando a puñetazo limpio?
—Sí. —Apretó los dientes con fuerza, aunque no sabía muy bien por qué.
Lo observé boquiabierta, totalmente sorprendida.
—¿Cómo? ¿Organizas de vez en cuando veladas en las que tíos buenos y sin camiseta se lían a puñetazos y no se te ha ocurrido avisarme? ¡Me habrías tenido allí plantada todas las semanas para ver los combates!
—Y por eso precisamente no te habíamos dicho nada.
—¿Me «habíais»? Vosotros, los hombres, y vuestros estúpidos celos.
Como si no estuvieseis todos buenísimos medio desnudos y sudorosos.
—Le di un suave puñetazo en el vientre, encontrándome con unos buenos abdominales duros—.
Ahora dime dónde celebras los combates y allí estaré, así al menos podré intentar ponerle remedio a eso de que estén intentando matarme semana sí y semana también.
Asher entrecerró los ojos un momento, pero regresó rápidamente al presente.