Diecinueve
Aiden
Solo ver el moño rubio de Evie en el interior del coche a través del parabrisas trasero me resultaba reconfortante.
No se había movido ni me había dirigido la palabra desde que se había encerrado ahí dentro.
Rook había sido el primero en llegar, subiendo en su moto hasta la segunda planta del aparcamiento a toda velocidad, sin molestarse en decirme nada antes de acercarse al coche con paso firme y abrir la puerta del conductor de un tirón.
Le había dicho algo a Evie que no logré escuchar antes de inclinarse hacia el interior del vehículo y abrazar a su hermana con fuerza, mientras ella murmuraba algo entre dientes.
Después la había ayudado a salir del coche y la había vuelto a abrazar.
Los celos me ardían en el pecho, porque deseaba con todas mis fuerzas poder ser yo quien la consolase, pero no podía, así no, no sin levantar sospechas.
Después habían llegado Hero y Mason, también en sus motos, seguidos de cerca por Zack y Kane, que se habían encargado de traer el coche.
—¿Estás segura de que te encuentras bien? —le preguntó Rook a Evie cuando se acercaron a mí.
—Por enésima vez, sí, estoy bien.
Él negó con la cabeza, antes de girarse, mirarme de reojo, y darse la vuelta de nuevo hacia su hermana un segundo después.
—Genial, pues entonces dime qué demonios estabas haciendo aquí.
Entonces fue Evie quien desvió la mirada hacia mí.
—He venido para averiguar más información sobre Anderson. Uno de nuestros informadores creía que había descubierto algo sobre él, y no quería molestaros por si la información era inútil.
Entrecerré los ojos. Qué bien se le daba mentir...
—Ya hablaremos más tarde sobre por qué estoy ahora mismo muy cabreado por eso. Lo que no logro comprender es cómo ha podido saber Aiden que estabas aquí si has venido sola...
Observé a Evie con una ceja enarcada, pero ella parecía haberse quedado muda.
—Últimamente me estoy tomando mucho más en serio mi papel como guardaespaldas —respondí, y mi tono despreocupado no encajaba en absoluto con cómo me sentía en ese momento—.
He estado intentando adelantarme a ella y vigilarla mucho más de cerca, y, aunque esta noche no ha venido hasta aquí conmigo, sí que he tratado de mantenerme cerca, por si acaso.
Pero admito que he tenido suerte. Aunque no la suficiente, porque no he llegado lo bastante rápido.
Rook me observó con los ojos entrecerrados, pero asintió con la cabeza.
—Puede que no llegases lo bastante rápido, pero Evie sigue aquí, y de una pieza, así que por esta noche tendrá que valer.
—Rook, ni se te ocurra recriminárselo —replicó Evie. Y una chispa de orgullo se prendió en mi pecho. Me encantaba cuando salía a defenderme—. Ha venido y ha rematado a ese tipo.
—Y a ti ni se te ocurra pensar que no soy capaz de poner a alguien a vigilarte las veinticuatro horas del día, todos los días de la semana.
Ya hemos recibido varias amenazas, Evie, ¿y crees que reunirte con gente de fuera de nuestro grupo en un aparcamiento apartado del mundo, a solas, es una buena idea?
—No, pero la única manera de acabar con las amenazas es averiguar quién las está haciendo. No puedo pasarme todo el tiempo sentada frente a la pantalla de un ordenador.
—No, pero sí que puedes pedirle a alguien que te acompañe cuando tengas algo que investigar. Y no es una sugerencia, es una puta orden, porque de ninguna manera pienso perderte por culpa del gilipollas que está intentando asustarnos.
Evie lo fulminó con la mirada, pero supe que no iba a replicarle nada.
Nunca discutiría con Rook sobre su propia seguridad.
Después de que perdiesen a sus padres, tan solo se habían tenido el uno al otro.
Esa era la razón principal por la que nunca se había opuesto a que Rook me hubiese encargado a mí velar por ella.
Hero se bajó de la moto de un salto, y estuvo a punto de darle una patada a Harper, que iba sentada justo detrás de él. Harper se apartó y se bajó tan solo unos segundos después.
—Un día de estos va a hacer que tengamos un accidente. No pienso volver a dejarla subirse a mi moto.
—Yo no he hecho nada —replicó Harper, llevándose las manos a las caderas—. Ha sido culpa tuya, que estabas intentando hacerte el chulo con tus truquitos de mierda. Yo solo he reaccionado como lo haría cualquier persona en su sano juicio: haciendo todo lo posible por no morir.
—Ohhh, yo puedo llevarte a donde tú quieras, cariño —dijo Mason, con una sonrisa pícara—. Conduzco mucho mejor que él. Y nada de lo que hagas podría hacerme tener un accidente.
—Pues buena suerte. Te juro que es una puta maldición con patas.
Sacudí la cabeza. Desde que Hero había conocido a Harper y ella lo había golpeado por accidente con un bate, él siempre estaba diciendo que, cuando ella estaba cerca, se acababa haciendo daño de alguna forma.
Las pruebas también respaldaban su teoría, porque era cierto que Hero siempre se estaba haciendo daño cuando Harper estaba cerca de él, pero yo estaba empezando a pensar que en realidad era porque Hero parecía mucho más distraído que de costumbre siempre que ella estaba cerca, y no precisamente porque Harper fuese una especie de maldición andante.
—A lo mejor es el universo queriéndote decir que eres imbécil —respondió Harper, y se le dibujó una sonrisa divertida en la cara mientras se cruzaba de brazos y se alejaba un paso de él.
—O a lo mejor estás maldita y estás intentando matarme.
Harper se encogió de hombros antes de dedicarle una sonrisa de lo más inocente.
—Cuando lo dices de ese modo, tampoco me parece una idea tan descabellada.
—¿Podéis dejarlo de una vez? Tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos. —Señalé el cadáver a mis pies.
Hero le echó un vistazo y puso los ojos en blanco, antes de sacarse un delantal del bolsillo.
—¿Un delantal? ¿En serio? —le pregunté—. ¿Te vas a poner a hornear pasteles o a deshacerte de un cadáver?
—Ambas cosas se me dan bastante bien, así que lo que tú prefieras, pero sí, un delantal, porque esta camiseta me gusta demasiado —respondió Hero mientras bajaba la mirada por su cuerpo, evaluando la camiseta y los vaqueros negros que se había puesto—.
Eso y que voy a salir esta noche después de esto, así que por una vez me gustaría hacerlo sin ir cubierto de sangre.
¿Os vais a quedar toda la noche ahí, mirándome como unos pasmarotes, o nos vamos a poner ya a envolver a este fiambre para terminar con esto cuanto antes?
Suspiré y tomé el rollo de plástico que Mason me tendía.
—Lo del fiambre, sin duda. —Mason cogió el otro extremo del plástico y lo extendió sobre el cuerpo—. Porque, evidentemente , esto es justo lo que más ganas tenía de hacer esta noche: envolver un cadáver.
Las comisuras de los labios de Hero se elevaron ligeramente, con una sonrisa afilada y divertida.
—Vamos. Es la actividad perfecta para fortalecer nuestro vínculo de amistad. Nada une más a un grupo que limpiar juntos la escena de un crimen.
—Recordadme que nunca me una a vuestros ejercicios de trabajo en equipo —murmuré, antes de agacharme junto al cuerpo—. ¿Y por qué narices siempre me toca a mí limpiar esta clase de estropicios? ¿Cómo puedo librarme de esta actividad en grupo?
—Estás aquí porque esta vez eres tú el responsable —dijo Mason, tendiéndome el rollo de cinta aislante—.
Y porque ya estabas aquí con la psicópata.
Sinceramente, me sorprende que no tengamos que hacer esto más a menudo por su culpa.
Tal vez debería empezar a llevar ella también un rollo de cinta adhesiva y otro de plástico en el maletero del coche, por si acaso.
Zack se acercó a nosotros y frunció el ceño al echar un vistazo a su alrededor por el aparcamiento vacío.
—¿Qué estabais haciendo vosotros dos aquí?
Evie se había apartado, alejándose de nosotros, para lamerse las heridas después de que Rook la hubiese regañado.
—No hemos venido juntos. Fue Evie la que vino sola hasta aquí, yo solo la seguí para mantenerla vigilada.
—¿Y no se te ocurrió avisarnos cuando venías de camino? Podríamos haber llegado mucho antes —me reprochó Zack.
Tuve que contenerme para no poner los ojos en blanco.
Sabía perfectamente que Zack quería mi puesto.
Quería que Rook confiase en él lo suficiente como para ponerlo a cargo de la seguridad de Evie.
No es que fuese precisamente discreto con el tema, pero Rook jamás se lo permitiría.
Nunca confiaría en nadie lo suficiente como para dejar que se acercase tanto a Evie, al menos, no hasta que llevase años trabajando con nosotros.
—Estaba a la vuelta de la esquina. —Lo fulminé con la mirada. No sabía qué era lo que pretendía conseguir con aquella estúpida discusión, pero lo que sí que tenía claro es que no iba a lograrlo—. No iba a aparcar a un lado para llamaros cuando ni siquiera estaba seguro de si corría peligro o no.
—Creo que podrías haber hecho ambas cosas. —Zack se agachó junto al cuerpo para echarme una mano, pero yo lo ignoré, no pensaba malgastar mis fuerzas en discutir con él por su patético intento de robarme el puesto.
El cuerpo yacía encorvado en el suelo en un ángulo extraño, por lo que hicieron falta tres personas para envolverlo. Hero agarró el otro extremo del plástico, fijándose en las heridas donde le habíamos clavado el cuchillo de Evie.
—Admito que estoy un tanto impresionado. ¿Qué os ha hecho este tío para cabrearos tanto?
Apreté los dientes con fuerza.
—No fue a mí a quien cabreó primero..., sino a Evie. Y luego me cabreó a mí porque había cabreado a Evie.
—Ah, bueno, eso lo explica todo. La psicópata ataca de nuevo —comentó Mason.
—No la llames así —le dije, antes de poder morderme la lengua, lo que, por supuesto, solo hizo que Hero se echase a reír con ganas.
Mason puso una sonrisa divertida.
—Alguien está un poco susceptible...
—He tenido que venir a salvar a Evie y seguimos sin tener ni puta idea de quién cojones va a por ella, o a por nosotros. Así que sí, hoy estoy más que susceptible.