Dieciséis #2
—No. Supongo que debe de ser un teléfono desechable. No tenía ningún nombre asociado, y parece que ni siquiera lo han configurado para poder recibir llamadas. Es algo bastante fácil de conseguir, así que podría ser cualquiera.
—Así que estamos ante un callejón sin salida —gruñó Hero.
—No del todo, sabemos que, al menos, Evie podría ser uno de sus principales objetivos. El tipo al que torturamos nos dejó bien claro que iban a por ella. Y ahora va y recibe ese mensaje. Es evidente que alguien la tiene en el punto de mira —dijo Aiden.
Hero se dejó caer sobre la silla de mecánico con ruedas, y puso los ojos en blanco.
—A juzgar por las amenazas, alguien va a por nosotros . Saben que, si atacan a las chicas, conseguirán desestabilizarnos, pero eso no significa que anden necesariamente tras ellas.
—¿Qué quieres decir con que alguien va a por nosotros? —preguntó Harper, con un ligero deje preocupado.
—Ah, tú no estabas incluida en ese «nosotros».
—Hero se volvió a mirarla, con la cabeza ladeada—.
E, incluso aunque al final sí que acabasen yendo a por ti, seguro que te devolverían en solo unos segundos, en cuanto se diesen cuenta de que estás maldita.
Nadie quiere tener cerca a alguien que solo atrae la mala suerte.
—Que te jodan, Hero —le soltó.
Yo me volví hacia Aiden, escondiéndome detrás de su brazo y reprimiendo una sonrisa.
En los casi ocho años que hacía que conocía a Hero, nunca había salido con nadie, ni tampoco había parecido querer hacerlo...
, pero ahora estaba empezando a preguntarme si su racha de soltería estaría a punto de llegar a su fin.
—Muy bien, ya basta, aunque probablemente tengas razón —dijo Rook, reacomodando a Regan sobre su regazo—. Pero no podemos ir a por nadie hasta que no sepamos quiénes son. ¿Has averiguado algo sobre Anderson?
—He encontrado a al menos cuarenta y cinco hombres en Havenwood y Valeport que se apellidan o se llaman Anderson. ¿De cuál de todos quieres que te pase un informe? —pregunté, observando a mi hermano con seriedad.
—Listilla —murmuró Aiden.
Rook miró a Aiden de reojo, antes de volverse de nuevo hacia mí.
—Así que no tenemos nada.
—Aún no —respondí, asegurándome de sonar lo más segura posible, incluso aunque pudiese sentir el peso de todas las miradas puestas sobre mí.
Se suponía que mi trabajo consistía en indagar en la vida de los demás, eso era lo que yo le aportaba al grupo, lo único que sabía hacer, mientras que todos ellos parecían ser mucho más perspicaces, más fuertes y estar mucho mejor preparados que yo.
La mayoría de los días me sentía como si fuese una carga.
Pero ahora, allí de pie, con las manos vacías, me sentí una completa inútil.
Como si fuese un lastre y no un recurso valioso—.
Pero seguiré indagando. Con el mensaje, en cambio, no puedo hacer mucho más.
La estancia se sumió en un silencio incómodo.
Las manecillas del reloj siguieron corriendo, los segundos se alargaron y fue como si, con cada minuto que pasaba, le diésemos más y más ventaja a quien quiera que estuviese acechándonos.
Pude ver que la tensión se iba apoderando de todos nosotros, porque no éramos de los que se quedaban sentados de brazos cruzados esperando a que las amenazas llamasen a la puerta.
Nos gustaba enfrentarnos a ellas de frente, e incluso sorprenderlas antes de que nos encontrasen ellas a nosotros.
—Muy bien. Averigua todo lo que puedas, Evie.
Yo voy a ir a hacerle una visita a Asher, a ver si él ha oído de alguien que haya estado preguntando últimamente por nosotros.
—Rook señaló a Aiden—. Él se queda con Evie.
Yo con Regan. Hero estará con Harper y se encargará de acompañarla donde ella quiera, y vosotros tres tendréis que empezar a investigar a los distintos Anderson de la lista de Evie, a ver si encontramos algo más.
Entonces cada uno se marchó por su lado, yéndose hacia la entrada del taller o regresando hacia sus motos. Aiden me agarró con fuerza del brazo y me metió prácticamente a rastras en mi despacho.
—Vaya, Aiden, me encanta este lado tuyo de hombre de las cavernas. ¿Quieres que me arrodille ante ti? Otra vez .
Él me empujó hacia atrás, obligándome a sentarme en la silla de mi escritorio, y yo lo fulminé con la mirada.
—Ya basta, Evie —siseó, haciéndome a un lado, y habló en apenas un susurro, como si quisiese asegurarse de que nadie pudiese oírnos—. ¿Podría esto tener algo que ver con lo que has estado investigando últimamente? ¿Crees que podría estar relacionado?
—No lo sé —respondí, también en un susurro—.
No veo cómo podría estar conectado con ninguno de nosotros.
Sobre todo cuando nadie tiene ni idea de lo que estoy haciendo.
Los únicos que lo sabéis sois Asher y tú.
Y, sinceramente, él tampoco sabe gran cosa, por lo que, a menos que tú te hayas ido de la lengua, nadie más debería tener ni idea de lo que estoy investigando.
Aiden apretó la mandíbula con fuerza, como si se estuviese muriendo por soltarme alguna respuesta cortante, pero no abrió la boca. Sonreí, encantada de que, por algún motivo, se enfadase mucho más que antes por esta clase de tonterías.