Quince #2
Evie se apartó del marco de la puerta, avanzando hacia mí, y bajó la voz hasta que no fue más que un susurro.
—Solo digo que, hasta ahora, has hecho todo lo que te he pedido, así que tal vez seas mucho más obediente de lo que crees.
—O quizá solo esté esperando el momento adecuado para romper todas tus reglas. —Esa idea me provocó una oleada de placer que me bajó lentamente por la columna.
Sus ojos se iluminaron con un destello oscuro y peligroso, y supe que había dado en el clavo.
Los dos nos quedamos ahí de pie durante un buen rato, y la tensión que había entre nosotros me hizo preguntarme si realmente ella sentiría lo mismo que yo o si me lo estaba imaginando todo.
Entonces esbozó una sonrisa pícara y juguetona.
—¿Es que no lo has hecho ya?
Se me paró el corazón y se me cortó la respiración. ¿Lo sabía?
—¿A qué te refieres?
Ella se encogió de hombros.
—Solo digo que puedes fingir ser el chico bueno todo lo que quieras, Ace, pero estoy empezando a pensar que no siempre sigues las reglas.
—Sí que las sigo. ¿No es por eso por lo que me llamas Ace?
—Supongo que tienes razón. Aunque una chica puede soñar, ¿no?
—¿Eso es lo que te dedicas a hacer aquí encerrada todo el día?
—le pregunté, entrecerrando los ojos—. ¿Soñar?
¿Sabes?, hace un día habría dicho que la Evie a la que conocía tan solo podía soñar con asesinatos y con sembrar el caos allá por donde fuera, pero ahora...
—Dejé la frase en el aire, acercándome un poco más a ella—.
Creo que te sientas ahí dentro, en tu despacho, a soñar despierta con cartas bonitas y declaraciones de amor.
Me dedicó una mirada asesina.
Entonces su teléfono sonó con un mensaje entrante y ella bajó la mirada hacia la pantalla y frunció el ceño al leerlo.
—¿Acaban de romper contigo por mensaje? —preguntó Hero cuando entró en el taller y se dejó caer en el sofá a nuestro lado.
—Ahora no está saliendo con nadie —respondí.
Hero se volvió a mirarme con las cejas enarcadas, pero Evie se le adelantó antes de que pudiese añadir nada más.
—No. No tengo ni idea de qué es esto. ¿Una amenaza?
Le dio la vuelta al teléfono para mostrarme el mensaje que acababa de recibir mientras Hero se levantaba de un salto del sofá y se colocaba a mi lado.
—«Estás preciosa vestida de blanco. Ten cuidado de con quién te adentras en el bosque, algunos tenemos planes mucho peores en mente» —leí el mensaje en voz alta, y el corazón comenzó a latirme acelerado—.
¿Pero qué cojones...? —pregunté, antes de arrebatarle el móvil de las manos para fijarme en el número que lo había enviado.
—Parece que tienes un acosador —comentó Hero—. ¿Cuándo fuiste vestida de blanco?
—En tu fiesta —respondí por ella. Evie enarcó las cejas, sin molestarse en ocultar su sorpresa.
—¿Y tú cómo lo sabes? Creía que no habías venido. —Hero se cruzó de brazos y me observó con la cabeza ladeada.
Joder.
Joder. Joder. Joder.
¿Es que nunca podía mantener la boca cerrada?
—Sí que fui, pero no estuve mucho rato.
Hero me dio un empujón, claramente ofendido.
—¿Viniste a mi fiesta de cumpleaños y ni siquiera te molestaste en acercarte a saludarme, pero sí que estuviste hablando con Evie? Menudo cabronazo eres.
—Tampoco habló conmigo, así que me sorprende que supiese lo que llevaba puesto.
Ni el empujón de Hero, ni las palabras de Evie me afectaron lo más mínimo, porque en lo único en lo que podía pensar era en ese mensaje.
Alguien había estado allí, vigilándola, aparte de mí.
Y había llegado incluso a conseguir su número y a enviarle un mensaje para hacérselo saber. Todo mi cuerpo se puso en alerta.
—Se están empezando a acercar demasiado. —Me revolví en mi sitio, inquieto, ignorando descaradamente la mirada fulminante de Hero—. Es como si hubiesen perdido el miedo.
—Si ya se atreven incluso a amenazarnos por mensaje, para mi gusto ya se han acercado demasiado —comentó Hero.
Evie, que hacía rato que había perdido la sonrisa burlona, nos observó a uno y a otro. Su rostro empalideció ligeramente, pero no perdió la compostura.
—¿Creéis que podría ser alguien de la fiesta? ¿Alguien que también estuviese allí? Alguien tuvo que haberse acercado a nosotros lo suficiente como para fijarse en lo que llevaba puesto.
—Es posible, porque no conocía personalmente a todos los que vinieron —respondió Hero—. Pero es imposible que ninguno de nosotros se diese cuenta de que había un acosador merodeando por ahí como si nada.
Apreté los labios con fuerza, mordiéndome la lengua antes de añadir que yo estuve merodeando por ahí y nadie se dio cuenta.
—No hace falta tener aspecto de acosador para ser un acosador —solté.
Quienquiera que le hubiese enviado ese mensaje a Evie sabía mucho más de lo que debería.
No podía ser un acosador cualquiera; estaban vigilando cada uno de nuestros movimientos, siguiéndonos allá donde fuésemos, y nosotros habíamos decidido seguir con nuestras vidas como si nada.
Debería haberme puesto a investigar todo esto mucho antes.
Debería haber solucionado este maldito tema en cuanto el imbécil al que torturamos nos advirtió de que vendrían a por ella.
Había permitido que la cosa fuese demasiado lejos.
—Tenemos que averiguar quién es antes de que pueda seguir acercándose —dijo Hero, bajando un poco más la voz, y su tono amenazante transmitió exactamente lo cabreado que estaba—.
No necesito que se entrometa más gente en mis asuntos.
Con la que hay, ya es más que suficiente.
¿Puedes averiguar a quién pertenece este número?
Evie asintió con la cabeza a la vez que yo sacaba mi móvil y mandaba un mensaje por el grupo.
Aiden Volved todos al taller.Tenemos otro problema
Evie bajó la mirada hacia su teléfono y soltó un gemido al ver el mensaje.
—¿En serio acabas de mandar un código rojo? —Nuestras miradas se encontraron, y sus ojos recobraron el brillo divertido de antes—. ¿Para qué lo pregunto? Pues claro que lo has hecho, Ace. Voy a averiguar a quién pertenece este número antes de que se arme la de Dios.
Desapareció en el interior de su despacho y yo me quedé allí, siguiendo cada uno de sus movimientos, sin saber si el cuerpo me pedía que la siguiera o no.
Siempre había tenido la sensación de que Evie era mía, en cierto modo.
Yo siempre estaría ahí para protegerla, para salvarla, para ser su Ace.
Por mucho que le gustase echarme en cara que tan solo le era leal a su hermano, también le era leal a ella.
Deseaba e intentaba constantemente interponerme entre ella y cualquier cosa que pudiese hacerle daño, y ahora, justo cuando debería estar tratando de alejarme de ella, necesitaba protegerla más que nunca.
Porque alguien la estaba amenazando, y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para detenerlo.
Ya había probado lo que se sentía al tener a Evie, con la esperanza de que con una vez fuese suficiente. Pero ahora sabía que alguien más también la deseaba... y se le estaba acercando demasiado, joder.
Si creía que podía arrebatarme lo que era mío, era hombre muerto.