Once #3
Supuse que yo debía de haberme puesto así también cuando lo había visto alguna vez sin camiseta..., o a lo mejor solo estaba tramando cómo vengarse de mí por habérsela robado. Últimamente no conseguía descifrarlo.
—No lo sé —dije, intentando sonar indiferente, aunque fracasando estrepitosamente—. La he cogido del cuarto de la colada. Debí de sacarla del cesto equivocado.
Su expresión se dulcificó al momento, pero una chispa iluminó sus ojos antes de que recobrase esa mirada neutra e indiferente que conocía tan bien.
—Pues luego la quiero de vuelta —comentó, mucho más tranquilo que antes—. Y, si no te importa, lávala primero. ¿Qué narices le has hecho?
—¿Es que pensabas que me la iba a quedar para siempre? —le pregunté, ignorando descaradamente el comentario sobre la mancha.
Apretó la mandíbula con fuerza. Los músculos de los brazos se le tensaron como si estuviese tratando de contenerse.
—Solo quiero asegurarme de que entiendes que no pasa nada porque me la robes una vez, pero que luego quiero que me la devuelvas —murmuró, en un tono lo bastante bajo que no debería haber sonado como si fuese una amenaza, pero que de todos modos lo pareció—.
Y no creas que vas a poder eludir la pregunta así como así, ¿de qué la has manchado?
—Se acercó un poco más a mí, con la mirada clavada en la mancha rojiza que empapaba la tela—. ¿Eso es sangre?
—Solo un poco. —Bajé la voz e hice una mueca.
—¿De dónde? ¿Has tenido un accidente?
—No del todo. Casi tengo un accidente, pero luego se me ha acercado un tío que pensaba que iba a echarme una mano para sujetar la moto, pero a la que ha sujetado ha sido a mí. Y yo..., bueno, he entrado en pánico.
—¿Y el hombre estaba sangrando?
—Después de que le clavase el puñal para que me soltase, sí.
Aiden alzó la vista hacia mi rostro, con un brillo agudo y divertido iluminando su mirada.
—¿Primero te pillo llorando a moco tendido y ahora te metes en una pelea con arma blanca de por medio?
Desde luego, se te da de perlas armar el caos, Psycho —comentó, y me quedé helada, sabiendo que a partir de ese momento iba a aprovechar cualquier oportunidad que tuviese para hacer algún comentario al respecto—.
Pero sí, eso encaja un poco mejor con lo que podría esperar viniendo de ti.
Porque, ya sabes, no las tenía todas conmigo de que fueses a llegar de una pieza o de que no fueses a tener un accidente teniendo que conducir tú sola hasta aquí.
Y ahora tampoco las tengo todas conmigo de que vayas a poder hacerlo alguna vez, porque, por lo que parece, a los hombres les gusta ir por ahí abalanzándose sobre ti cuando se les presenta la mínima oportunidad.
—Y a veces literalmente —resoplé—. ¿Esto lo dices porque eres Ace y tienes que actuar como mi guardaespaldas, o porque no te gusta que esos hombres me presten tanta atención?
—Porque he descubierto que eres demasiado guapa y problemática como para dejarte a tu aire.
—Alargó una mano hacia mí como si fuese a tocarme, pero la retiró rápidamente—.
Y odias a los hombres con tanto fervor que me preocupa que acabes convirtiéndote en una femme fatale , llevándolos uno a uno a su muerte solo por diversión.
—Admito que eso sería bastante divertido. Podría atraerlos hacia el baño de un bar y maniatarlos —comenté, como si me lo estuviese imaginando—. A lo mejor también darles a probar su propia medicina antes de acabar con ellos.
—Y por esto es justamente por lo que no puedo dejar que te encargues de ellos tú sola.
—Tan solo lo haría con aquellos que se lo mereciesen de verdad.
Aiden soltó una carcajada seca y grave, y ese sonido hizo que cientos de mariposas alzasen el vuelo en mi estómago.
—Seguro que acabarías decidiendo que todos se lo merecen.
—Probablemente.
Me incliné ligeramente hacia él, aunque mi cuerpo me suplicaba a gritos que me acercase mucho más. Porque quería más de él. Más de sus ojos clavados en los míos, más de sus manos rindiéndose por fin y recorriendo mi cuerpo, más de su cuerpo cerniéndose sobre el mío.
—¿Ves lo rápido que has llegado a esa conclusión? Es justo por eso por lo que siempre estaré de tu lado.
Rook salió del taller, acabando así con el hechizo que se había apoderado de nosotros, y se me rompió el corazón cuando Aiden se alejó de mí.
—¿Por qué cojones lleva mi hermana puesta tu camiseta y va con pintas de no haber pegado ojo? —preguntó Rook, tratando de contener la rabia que le impregnó la voz lo justo para darme tiempo para responder.
—Porque la ha cogido por error del cuarto de la colada esta mañana —respondió Aiden con calma—. No es para tanto, ya le he dicho que me la devuelva luego.
Rook nos observó con una ceja enarcada y Aiden frunció aún más el ceño, con aspecto más cabreado que antes.
¿En serio estaba enfadado porque hubiese cogido prestada una camiseta suya? No es que nunca me hubiese puesto su ropa.
Y entonces se dio la vuelta, sacudiendo la cabeza como si quisiera olvidarse de mi presencia, murmurando algo entre dientes mientras se encaminaba con paso firme hacia el interior del taller.
Me quedé allí de pie, sin poder quitarme de encima la sensación de su intensa mirada clavada en mi pecho, incluso mucho después de que se hubiera marchado.