Diez
Aiden
Una moto de color rojo oscuro se había detenido justo frente a nosotros y el rugido de su motor retumbaba con fuerza en medio de la calle desierta. Solté un gemido ronco en cuanto la reconocí.
—¿Qué cojones estás haciendo tú aquí? —le pregunté, antes de retroceder con paso firme hacia mi moto.
Evie me apartó de un empujón y se acercó al otro motorista con esa determinación letal que la caracterizaba.
Asher se quitó el casco, dejando al descubierto su pelo corto y oscuro, perfectamente peinado, y unos cuantos tatuajes que le asomaban por debajo de las mangas de la chaqueta.
Alto, perfectamente sereno e increíblemente comedido, se bajó de la moto con una facilidad que solo podía poseer un hombre que se comportaba como si fuese el dueño del mundo...
, y quizá lo fuera. Sus ojos oscuros tenían un brillo de diversión.
Asher, el actual líder de los capos de la droga de Valeport, nuestro amigo y el único hombre por el que Evie había mostrado alguna clase de interés.
—¿En serio creéis que debéis ser vosotros quienes me preguntéis a mí qué estoy haciendo aquí? Más bien debería ser yo quien os pregunte qué coño os creéis que estáis haciendo colándoos en mi edificio.
—¿Tu edificio? —pregunté, y me volví hacia Evie, confuso y molesto a partes iguales—. ¿Por qué cojones nos hemos colado en el puto edificio de Asher? Podrías haberle pedido las llaves si querías entrar y él te las habría dado encantado.
—O, mejor aún, podrías haberme dicho por qué narices querías entrar ahí dentro. Ese sitio está prácticamente hecho una ruina.
Evie nos observó a uno y a otro, con los ojos bien abiertos, mientras se mordía el labio inferior. Sabía que estaba a punto de ponerse a la defensiva al verse acorralada por dos hombres que no iban a caer en ninguna de sus tácticas evasivas.
—Tenía que entrar para buscar... pruebas —dijo—.
Y no tenía ni idea de que el edificio era tuyo.
Aunque, si lo hubiese sabido, tampoco te habría llamado para pedirte que me abrieras, porque seguro que me harías miles de preguntas antes de decirme que sí.
Más o menos lo que estás haciendo ahora mismo, la verdad.
—Bueno, si te cuelas en mi edificio y me obligas a bajar personalmente hasta aquí para ver qué cojones está pasando, sí, pues claro que acabo teniendo unas cuantas preguntas que hacerte.
—¿Y por qué has tenido que bajar tú personalmente? ¿Es que no podías haber enviado a alguno de tus lacayos para que echase un vistazo? —pregunté.
Asher no solo era uno de los mayores capos de la droga de Valeport, también era el propietario del Vault.
Su poder y su ego parecían no conocer límites.
Tenía dinero, propiedades inmobiliarias...
, todo lo que quisiera a su disposición.
Pero, por muy temible e influyente que fuera, siempre trataba a Evie con una sorprendente amabilidad, e incluso se mostraba bastante servicial con el resto de nosotros.
—No después de ver que era Evie quien se estaba colando —respondió, y su tono de voz se dulcificó cuando sus miradas se encontraron.
Evie puso los ojos en blanco y se volvió hacia mi moto para colgar su mochila en el asiento trasero.
Ese pequeño gesto me provocó una oleada de satisfacción.
Un impulso posesivo que no pude controlar.
Porque Evie era mía, debía protegerla y asegurarme de que llegaba sana y salva a casa todas las noches.
Y esta noche también iba a volver conmigo a casa, en mi moto, sin importar lo mucho que Asher desease que no fuese así.
—¿Cómo has sabido que era yo? —le preguntó, mirándolo de reojo.
—Porque ya has usado mis edificios para hackear sistemas de seguridad en más de una ocasión —respondió, con una sonrisa divertida—.
Y esta noche has hundido a toda una empresa, Evie.
Porque la empresa de seguridad me aseguró que sus sistemas eran impenetrables y, sin embargo, mírate...
, llegas tú y consigues tumbarlo en tan solo diez minutos.
—Yo no he hundido ninguna empresa. Se han hundido ellos solitos al no haber actualizado sus sistemas en los últimos seis meses.
Y, sinceramente, deberías darme las gracias por haber hecho caer su sistema esta noche.
Puede que al hacerlo te haya salvado el culo, porque al menos ahora sabes que tienes que cambiarlo si no quieres que alguien intente robarte.
Aquello le hizo reír, y ella le dedicó una sonrisa divertida como respuesta.
—Te he echado de menos, Evie. No existe mucha gente que tenga los huevos de decirme a la cara que debería darle las gracias por haberse colado en uno de mis edificios, y decirlo en serio.
Llevaba semanas sin tener noticias vuestras y vais vosotros y reaparecéis en mi vida así como si nada.
Bueno, y ahora ¿por qué no me contáis qué habíais venido a hacer aquí exactamente?
Los dos nos volvimos hacia Evie, que nos estaba observando con los ojos entrecerrados.
—¿Tan importante es que lo sepas? Ya hemos acabado y te prometo que no vamos a volver. Así que problema solucionado.
Me giré de nuevo hacia Asher, que, por suerte, parecía estar pensando lo mismo que yo.
Evie resopló con fuerza y aceptó con reticencia.
—Vale. Estoy investigando la vida de mis padres, y hace un tiempo encontré algunas pistas, trastos sin importancia y cabos sueltos, y una de ellas me ha llevado hasta aquí, hasta este edificio.
Quería comprobar por mí misma si había algo que pudiese haberles pertenecido o que pudiese estar relacionado con ellos de alguna manera.
—¿Y has encontrado algo?
—¿Aparte de ver que has dejado todos los despachos hechos un asco? No. ¿Tienes algún registro de qué empresas operaban desde este edificio de oficinas hace unos diez o quince años? —preguntó.
Una sonrisa pícara se dibujó en los labios de Asher, al mismo tiempo que se recostaba contra su moto.
—¿Qué pasa? ¿Es que no puedes hackear mis ordenadores para averiguarlo?
Apreté la mandíbula cuando vi que le dedicaba una sonrisa provocadora.
Odiaba que siempre estuviese coqueteando con ella, incluso conmigo presente, y cada palabra que salía de su boca me recordaba que él podía desearla tanto como yo...
, pero que, a diferencia de mí, él sí que podía intentar conquistarla si le apetecía, sin arriesgarse a nada.
—Por desgracia, tu equipo de ciberseguridad es mucho mejor que el sistema de alarma de tu edificio, así que no, no puedo.
Asher soltó una sonora carcajada y se acercó un poco más a nosotros con su moto.
—No sé qué es lo que podré tener entre mis archivos, pero el último propietario del edificio me dejó un montón de registros en papel que aún no he tenido ocasión de ponerme a ordenar.
Si te apetece echarles un vistazo, puedes pasarte por mi oficina en el Vault.
Cuando el hombre nos los entregó, lo metimos todo en un armario, a la espera de que alguien con la paciencia y las ganas necesarias para ordenarlo se presentase voluntario.
Evie se volvió entonces a mirarme, con esos oscuros ojos azules observándome suplicantes.
Por muchas ganas que tuviese de mandarla a la mierda y soltarle que, si tantas ganas tenía de ir, se fuese con Asher, no pude hacerlo.
Incluso aunque no me hubiese estado chantajeando, estaba claro que se había metido de lleno en otra situación peligrosa, así que dejarla sola, incluso aunque fuese con Asher, no era una opción.
—Sí, claro, vamos —dije, intentando sonar lo más tranquilo posible.
No solo quería mantenerla a salvo a cualquier precio, sino que también sabía perfectamente que la muerte de sus padres la atormentaba, al igual que había atormentado a Rook, y, si Evie estaba dispuesta a indagar tanto en su pasado, estaba claro que aquello debía de significar mucho para ella.
Asher asintió con la cabeza y volvió a ponerse el casco.
—Nos vemos allí, entonces. Id directamente a mi oficina.
Evie se giró hacia mí en cuanto lo vimos alejarse a toda velocidad.
—Deberías avisar a los demás de a dónde vamos. Creo que dijeron que esta noche iban a salir al Hellfire.
—¿No podemos guardarnos este secreto entre nosotros por ahora? —preguntó con voz tensa—. No quiero que Rook se ponga a hacerme preguntas al respecto, y mucho menos que se entere de lo que estoy haciendo.
No pude evitar una sonrisa burlona.
—¿Así que ahora le ocultas cosas a Rook mientras me chantajeas a mí con algo que él tampoco puede saber? Qué interesante. A lo mejor debería usar esto en tu contra.
—No, porque si Rook se entera de mi pequeño secretito, como mucho se enfadará un poco conmigo. Pero si descubre el tuyo, lo perderás todo: tu trabajo, tu casa, y probablemente también tu moto —replicó.
Por un segundo, casi me dio la sensación de que se sentía culpable por lo que acababa de decir, pero entonces sus labios volvieron a curvarse en una sonrisa desafiante.
Menuda puta psicópata. Estaba disfrutando con esto.
Negué con la cabeza, pero no podía discutírselo, porque sabía perfectamente que llevaba razón. Si Rook descubría el secreto de Evie, como mucho tendrían un par de discusiones acaloradas, mientras que, si Rook se enteraba de lo que había hecho yo, acabaría conmigo.
Me subí a la moto. No dudé ni un segundo en llevarla al Vault. Porque, fuera por el motivo que fuese, incluido el hecho de que me tenía cogido por los huevos, estaba decidido a ayudarla.
Aparqué justo detrás del Vault, en una pequeña zona de aparcamiento vallada, desde donde uno de los hombres de Asher nos hizo señas para que entráramos.
—No tardes —bufé mientras me bajaba de la moto y me volvía hacia ella. Evie me fulminó con la mirada, con una ceja enarcada, y yo no pude gruñir para mis adentros.
—¿En serio crees que puedes decirme lo que tengo que hacer? Aquí soy yo la que te está chantajeando a ti, Aiden. Así que no tienes derecho a exigirme absolutamente nada.
—Te exigiré todo lo que me dé la puta gana, porque si estoy haciendo todo esto es solo porque me estás amenazando con arruinarme la vida.