Seis
Sombra
La chica era muy observadora, pero nunca se dio cuenta de que la seguía.
Y los chicos. Esos que siempre iban por ahí en sus motos, recorriendo las calles de la ciudad a toda velocidad como si fuesen suyas, tampoco se fijaron en mí.
Para ser un grupo que era conocido por dar caza a la gente, ninguno de ellos se percató de mi presencia. Había sido mucho más astuto que todos ellos, y en más de una ocasión.
Respiré hondo, inhalando el olor a humedad que procedía de un río cercano, y el persistente hedor a goma quemada. Uno de los motoristas había derrapado antes de aparcar la moto a un lado.
Asqueroso.
Odiaba esas motos. Y también odiaba a sus moteros. Pero lo que yo sintiese por ellos no importaba. Debía continuar siguiéndolos allá donde fuesen y averiguar todo lo que pudiese sobre ellos, antes de que mi jefe se enfadase. Porque sabía que sería mi sangre la que empaparía el suelo si fracasaba.
Observé que la chica se reía a carcajadas, ajena a todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, y que su voz resonaba en medio de aquella fría noche. Ella aún no lo sabía, pero era mía.
Nuestra .
No lo sería esta noche.
Ni tampoco mañana.
Pero sí pronto.