Cinco #2
—Haz como si fuese uno de tus ex, Psycho.
De ser así, seguro que encontrarías su dirección y su grupo sanguíneo en menos de una hora.
—Aquello se me escapó antes de que pudiese morderme la lengua y me arrepentí enseguida de haberlo dicho.
Bromear con ella sobre los chicos con los que había salido solía ser algo inofensivo, pero ya no lo era.
Siempre había sentido que Evie era mi responsabilidad, que tenía que ser yo quien la protegiese, quien la vigilase.
Pero, después de compartir un simple beso con ella, había pasado a sentir que era mía, a secas.
Y eso lo empeoraba todo. Porque solo me había besado para chantajearme, y tal vez también para poner celoso a su ex. ¿Es que acaso quería volver con él?
Un destello de rabia se prendió de repente en mi interior, pero me hice crujir el cuello y lo disimulé como pude. Porque debía seguir fingiendo que aquello no importaba.
Las reglas de Rook eran muy claras: Evie estaba prohibida.
Si rompías esa norma, perdías la casa, el negocio y la vida, y yo había trabajado muy duro como para mandarlo ahora todo a la mierda.
Rook ya había demostrado en una ocasión que lo decía muy en serio: cuando Asher había bromeado con pedirle una cita a su hermana, Rook casi se había vuelto loco.
Y se aseguró de que me quedase bien claro que conmigo tampoco haría una excepción.
Y yo le había hecho caso. Respetaba sus deseos porque comprendía perfectamente que quisiese proteger a la única familia que le quedaba.
Pero ahora había hecho algo que jamás podría deshacer, y Evie estaba armada y lista para usar las pruebas que tenía en mi contra.
Era inteligente. Astuta. Preciosa.
La habría seguido a la mismísima guerra si me lo hubiese pedido, porque sabía que ella nunca hacía nada que no pudiera usar a su favor y que estaría dispuesta a acabar con cualquiera que se interpusiese en su camino.
Me había tendido una trampa. En el fondo lo sabía. Todo porque tenía un plan, un objetivo que conseguir, aunque aún no tenía muy claro si yo era el objetivo o el premio.
Y ambas opciones me parecían igual de peligrosas tratándose de ella.
A lo mejor esta era su forma de vengarse de mí..., porque Dios sabe que a esa familia le podía la venganza.
Tal vez estuviese haciendo todo eso solo para arruinarme la vida, quizá estaba enfadada porque siempre tenía que seguirla a todas partes para protegerla, hasta el punto de que sus novios acababan huyendo tarde o temprano por tenerme siempre cerca, o quizá lo estaba haciendo porque me deseaba.
En cuanto se me pasó aquella idea por la cabeza, no pude evitar acordarme de nuestro beso.
Sus labios ansiosos, la forma en que se había subido a horcajadas a mi regazo y casi me había suplicado que siguiese.
Estuve a punto de soltar un gemido cuando una oleada de placer me recorrió la espalda al recordarlo.
Pero Evie era una muy buena actriz. La había visto cambiar de personalidad como quien enciende y apaga un interruptor, adoptando el papel que necesitase representar en cada momento.
Y no sabía si ese beso había significado algo para ella, o si, por el contrario, tan solo había sido su siguiente movimiento en el juego al que estaba jugando, fuese cual fuese.
Aunque, en realidad, aquello tampoco me importaba.
Porque no podía arriesgarme a descubrirlo.
Al margen de este grupo, yo no era nadie. No era más que otro niño de acogida sin hogar, sin familia, sin nadie que se preocupase por mí.
Y así había sido siempre, hasta que encontré a Rook y a Evie.
Ellos eran la única familia que tenía, y por eso no podía perderlos. Y mucho menos por culpa de los estúpidos jueguecitos de Evie.
—Si fuese alguno de mis ex, te aseguro que ya tendría un expediente detallado sobre él.
Nunca salgo con nadie a quien no haya investigado previamente.
En cuanto a este tal Anderson, nunca le he metido la lengua hasta la campanilla, así que no creo que encaje en la categoría de exnovio al que tengo que investigar. ¿No te parece?
Mi mente era un auténtico torbellino en esos momentos.
Lo más probable era que Evie pensase que lo que habíamos compartido no había sido más que un beso imprudente, una baza con la que poder chantajearme.
Pero no era así. Ese beso había dejado en evidencia todo lo que había estado reprimiendo en mi interior, permitiendo que todos esos sentimientos saliesen a la luz por un instante.
Y ahora estaba jodido, dividido entre serle leal a Rook y lo que sentía por Evie, y sabía que cualquier movimiento en falso podría costarme a ambos.
—Joder, qué asco. No vuelvas a decir algo así.
Toma —dijo Rook, sacando su móvil—. Al parecer, ese tal Anderson suele pasar el rato en este bar.
He ido allí esta noche a preguntar, pero nadie lo conocía.
No sé si esto podrá ayudarte a localizarlo, menos es nada.
—Le mandó la ubicación del bar a Evie y ella observó la pantalla de su teléfono con el ceño fruncido.
—Es lo mínimo, aunque no sea mucho, pero veré qué puedo hacer con esto.
Rook esperó hasta que Evie regresó a su despacho y cerró la puerta a su espalda, antes de volverse de nuevo hacia mí.
—Ahora, sobre lo de las amenazas. Evidentemente, yo me encargo de proteger a Regan. ¿Te importaría retomar tus tareas de niñera y tener tú vigilada a Evie?
Tuve que reprimir un gemido, porque no quería mostrar ninguna reacción que pudiese despertar sus sospechas.
El destino me estaba gastando una broma cruel al hacer que fuese precisamente Rook quien me obligase a estar más cerca de Evie, cuando él era justamente el motivo por el que necesitaba mantenerme lejos de ella.
—Qué asco, ¿puedes no decirlo de ese modo, por favor? Haces que suene horrible.
Sobre todo después de haberme liado con su hermana hacía menos de veinticuatro horas.
—Vale, ¿tus tareas de acosador? ¿De guardaespaldas? ¿Cómo cojones quieres que lo llame cuando lo que te estoy pidiendo es que te pegues a ella como una puta lapa, pero sin hacerla sentir incómoda?
—¿Qué te parece pidiéndome que la proteja para que no le pase nada malo?
—Vale. ¿Te importaría hacer eso?
—Sabes que no, y lo haré. Da igual a quién se estuviese refiriendo ese imbécil, te aseguro que nadie va a poder acercarse a ella lo suficiente como para ponerle un puto dedo encima.
Rook asintió con firmeza.
—Genial. Pues entonces me voy a casa. Pondré a Regan y a Zack al corriente de lo que está pasando. ¿Os apañáis vosotros solos con ese tío?
—Sí, Hero ya se está ocupando de él, y yo me quedaré por aquí hasta que Evie acabe de trabajar.
Lo que quería decir que me pasaría al menos un par de horas más allí sentado, a solas con Evie.
Rook se encaminó hacia la salida del taller y sacó la moto del garaje marcha atrás antes de arrancar. Hero se ocupó de deshacerse del cadáver y luego se fue a su casa.
Yo me quedé allí, sentado en el sofá, viendo a Evie teclear algo a toda velocidad.
En un momento dado, apartó la mirada de la pantalla y nuestros ojos se encontraron; un destello de algo que no supe identificar surcó su rostro antes de que volviese a fijar la vista en el ordenador.
No era miedo porque la hubiesen amenazado, o sorpresa por verme aún allí sentado.
No, estaba demasiado tranquila, y quizá también parecía demasiado satisfecha consigo misma.
Sabía perfectamente qué era lo que estaba haciendo.
Yo sabía que Evie no era cruel ni tonta. Todo lo que hacía lo hacía por algo, incluido el chantajearme. Pero quizá, si le demostraba aunque solo fuera una pizca de lo que realmente sentía por ella, se daría cuenta de que esto no era ningún juego.