Ace & Ember (Los Mavericks 2) Cuatro #3
10%

Cuatro #3

El soldado estricto que yo conocía desapareció. Y, en su lugar, tan solo quedó ese hombre desenfrenado. Su cuerpo se inclinó hacia delante, hasta que su pecho se pegó al mío, me agarró con fuerza por el muslo con una mano y me arrastró sobre el colchón hasta sentarme a horcajadas sobre su regazo.

Había imaginado cómo sería besar a Aiden en más ocasiones de las que jamás admitiría en voz alta, pero mis fantasías no le habían hecho justicia a ese momento.

En un mundo donde siempre era yo la que tenía todo bajo control, la que tenía que exigir más, pude, simplemente, relajarme. Dejé que fuese él quien tomase las riendas. Y Aiden no fue cariñoso, o delicado, o vacilante conmigo. Fue absolutamente salvaje.

—¿En qué coño estabas pensando, Evie? —gruñó contra mi garganta, mordisqueándome la piel sensible del cuello, obligándome con cada roce a arquearme más y más contra su pecho.

—Aiden —jadeé, dispuesta a suplicarle que siguiese, pero fue como si su nombre lo sacase por completo del trance en el que se había sumido. Se apartó de mí a toda prisa y se levantó con tanta brusquedad que me acabó lanzando sobre la cama.

—Joder. ¿Pero qué cojones te pasa? —Se pasó una mano por el pelo, frustrado, tirando de él con tanta fuerza que se dejó los mechones de punta. La voz le salió ronca y entrecortada—. ¿Por qué coño has hecho eso?

—¿Yo? Yo no he hecho nada. Has sido tú el que se ha girado hacia mí y me ha metido la lengua hasta la campanilla.

—Joder, joder, joder —soltó, caminando de un lado a otro de mi habitación, nervioso—. Vamos a fingir que esto no ha pasado y a seguir adelante como si nada. —Alzó la vista hacia mí, respirando con dificultad, y nuestras miradas se encontraron de inmediato—. ¿Entendido?

—A ver..., tengo unas cuantas fotos en mi móvil que demuestran que sí que ha ocurrido.

—La sorpresa que vi reflejada en su rostro me hizo sonreír, y me puse de pie para enfrentarme a él cara a cara—.

No sé cómo vamos a fingir que no ha ocurrido, cuando voy a poder ver las fotos que demuestran justo lo contrario siempre que me dé la gana.

Y, sinceramente, cualquiera podría verlas y saber lo que hemos hecho.

—¿Y por qué iba a verlas nadie? No ha sido más que un momento de locura pasajera. En realidad no hemos hecho nada. No ha sido más que un beso.

—Pero los demás no tienen por qué saber que se ha quedado en eso, en solo un beso, y en estas fotos salimos en una posición bastante comprometedora, la verdad.

—Un escalofrío de emoción me recorrió de arriba abajo, y, cuando vi cómo me estaba observando, claramente preocupado por lo que pudiese hacer a continuación, no pude evitar sonreír, porque lo había conseguido, ahora era yo la que llevaba las riendas.

Apretó la mandíbula con fuerza y la forma en que sus labios se estremecieron me hizo echar de menos la sensación de su boca sobre la mía.

—¿Y qué es lo que quieres? ¿Me estás amenazando con chantajearme? ¿Por qué? —Me miró fijamente a los ojos, con las manos todavía cerradas en puños a los costados.

—No te estoy amenazando —respondí, dejando que aquellas palabras saliesen lentamente de entre mis labios, disfrutando de ser yo quien tuviese el control—. Te estoy dando opciones.

Aiden se acercó de nuevo a mí, su presencia me resultaba abrumadora y por un momento llegué a pensar que iba a volver a besarme, aunque solo fuese para obligarme a cerrar el pico.

Ojalá.

—¿Y cuáles son exactamente mis opciones? —me preguntó, en un tono peligrosamente grave, y su voz ronca me produjo un placentero escalofrío que me bajó lentamente por la espalda.

Sonreí y ladeé la cabeza, sosteniéndole la mirada asesina.

—O me ayudas con una cosa, sin hacer preguntas, o... —alcé mi móvil frente a su rostro, mostrándole nuestras fotos comprometedoras— todo el mundo se enterará de lo que ha pasado entre nosotros o, al menos, de lo que ha ocurrido según la bonita historia que yo quiera contarles.

Guardó silencio durante un buen rato, y la tensión que se había apoderado de la estancia se volvió densa y asfixiante.

—¿En serio quieres jugar a esto, Psycho?

Me acerqué un poco más a él, lo suficiente como para poder sentir el calor que surgía de su cuerpo, como para recordarle lo rápido que había perdido el control hacía tan solo un momento y para que no pudiese evitar pensar en las ganas que tenía de que volviese a ocurrir.

Pues claro que quería jugar a esto. Haría cualquier cosa para obligarlo a mirarme como si fuese algo más que una maldita molestia y, como ya había cedido a sus deseos una vez, eso me daba esperanzas de que tal vez pudiese lograr que volviese a hacerlo.

Dejé que el silencio se extendiese entre nosotros, aplastándonos con su peso.

Aiden bajó la mirada a mis labios por un instante antes de volver a clavarla en mis ojos, con algo mucho más oscuro que la ira ardiendo tras sus pupilas.

Sonreí, sabiendo que, por una vez, era yo quien llevaba las riendas de la situación y no pensaba perderlas.

—Creo que he sido yo quien ha empezado este juego, así que tendré que ser yo también quien establezca las reglas.