Tres
Evie
Lo que más me molestaba de Aiden no era que me arruinase todas y cada una de mis relaciones.
O los días.
O la percepción que tenía sobre los hombres en general.
No, lo peor era que Aiden era capaz de hacer todo eso (convertir mi vida en un infierno frustrante, emocionalmente caótico y totalmente desquiciado) sin ni siquiera desearme.
Ni un poquito.
Solo había pasado un día desde que mi ex me había dejado por su culpa, y a él le daba igual.
No parecía sentirse culpable. No sentía ni una sola pizca de remordimiento. Nada de nada. Tan solo lo descubría mirándome de vez en cuando de reojo, frunciendo el ceño como si yo fuese el mayor de sus problemas.
Y sí, vale. A lo mejor yo también formaba parte del problema. Pero él tampoco era inocente.
Que fuera mi guardaespaldas buenorro no era exactamente un crimen, pero sí que hacía que me resultase mucho más fácil culparlo a él de todo lo malo que me pasaba.
Aun así, tenía que seguir adelante con mi vida, fingiendo que no había pasado nada, solo porque nuestro grupo había decidido que esta noche era noche de cine y, aunque trabajásemos juntos, viviésemos juntos y, de vez en cuando, tuviésemos ganas de asesinarnos lentamente los unos a los otros, por algún motivo, también pasábamos todo nuestro tiempo libre juntos.
Esta noche le había tocado a Hero escoger la película y, por primera vez, no había elegido su habitual maratón de Scream , sino que había optado por una nueva película de terror que acababan de estrenar.
—¿Por qué estos idiotas siempre deciden separarse?
Es como: «Sí, Becky, seguro que consigues escapar del tío con la motosierra si te adentras sola en el bosque con tus tacones de quince centímetros».
En serio, eso que dicen sobre la supervivencia del más tonto es para nota...
—soltó Hero. El cabello oscuro se le había despeinado y se había echado los mechones más largos hacia atrás, para despejarse el rostro anguloso.
Unas cejas marcadas trazaban un par de líneas oscuras y afiladas sobre sus ojos, tan expresivas que siempre había sido capaz de saber gracias a ellas si debía mantener las distancias o arriesgarme a acercarme a él.
—Como si tú pudieses hacerlo mejor —respondió Mason. Siempre estaba llevándole la contraria a Hero en todo.
Mason y Hero no podían ser más distintos, eran literalmente polos opuestos.
Mientras que a Hero parecía seguirle un aura fría y distante allá donde fuese, Mason irradiaba calidez.
Su piel dorada, sus rasgos oscuros y su sonrisa, que parecía un rayo de sol, combinaban a la perfección con su carácter despreocupado y desenfadado, lo que lo convertía en mi favorito del grupo la mayor parte del tiempo.
—¿El qué? ¿Correr con tacones o huir de un asesino con una motosierra?
Pongamos que no tengo que llevar tacones...
, yo me daría la vuelta y lo mataría antes de que pudiese matarme él a mí.
Los protagonistas de estas películas siempre huyen, pero a ninguno se le ocurre la brillante idea de elaborar un plan de acción para acabar con ese hombre enorme que ni siquiera sabe correr bien.
La chica de la película, evidentemente, acabó muriendo; el asesino la mató mientras gritaba sin parar y forcejeaba con todas sus fuerzas, y después enfocaron al resto del grupo, oyendo sus gritos.
Las películas de asesinos me daban absolutamente igual, pero las de terror, en líneas generales, no eran santo de mi devoción.
Nunca había sabido si era porque tenía la capacidad de atención de una ameba o por la trama de las películas en sí, pero siempre me acababa distrayendo y perdiendo el hilo de la historia.
—Te burlas de ella, pero has sido tú quien ha elegido esta película —repliqué.
—Y estoy disfrutando de cada segundo. Porque solo me está sirviendo para reafirmar lo que ya sabía: que, si alguna vez tengo que escapar de un psicópata desquiciado y armado con un cuchillo, yo sería mucho peor que él y me lo cargaría primero.
Harper se volvió a mirarme, antes de girarse de nuevo hacia Hero con una ceja enarcada.
—¿Me estás diciendo que tú no serías el psicópata desquiciado y armado con un cuchillo?
Hero esbozó una sonrisa perversa, y la tenue luz que surgía del televisor le dio un aspecto incluso más escalofriante.
—Tienes razón. ¿Te apetece salir a dar un paseo por el bosque conmigo, Harper?
La chica puso los ojos en blanco y volvió a clavar la mirada en el televisor, y Hero se acercó un poco más a ella.
Entonces me tocó a mí poner los ojos en blanco.
Sinceramente, empezaba a tener la sensación de que Harper tenía tan poco que hacer contra Hero como yo contra Aiden.
Me mordí el labio inferior, y una familiar inquietud me revolvió el estómago.
No sabía si estaba más preocupada por mí o por ella.
—¿Es una amenaza? —le preguntó Harper.
—¿Acaso no te tomas siempre todo lo que te digo como una amenaza? —le respondió él, sin siquiera molestarse en apartar la mirada de la pantalla.
—Teniendo en cuenta que tú sí eres un asesino en serie, sí, pues claro que me tomo todo lo que sale por tu boca como una amenaza.
Aquello solo sirvió para que Hero ensanchase su sonrisa, orgulloso, mientras Harper se alejaba de él.
—Estupendo.
El asesino de la película mató a otra chica, y sus interminables gritos me pusieron los nervios de punta. Estaba demasiado agotada para esto. Y, además, no soportaba tener que estar allí sentada, con la mirada clavada en el televisor, cuando Aiden estaba en el sofá de enfrente.
Por mucho que lo intentara, era incapaz de ignorar su presencia cuando nos encontrábamos en la misma estancia.
Era como si mi cuerpo fuese demasiado consciente de lo cerca que estábamos y me impidiese olvidar, incluso aunque lo tuviese sentado justo al lado, que tenía tajantemente prohibido alargar una mano hacia él y tocarlo.
Zack se dejó caer sobre el respaldo del sofá, a mi lado. No sé si se había percatado de que yo ya me había dado cuenta de que siempre estaba intentando acercarse a mí, pero yo tampoco le había pedido que parase. Por eso seguía intentando llamar mi atención en vano.
Sonrió, pero se quedó mirándome fijamente a la cara durante demasiado rato.
—¿Qué tal? —me preguntó, dándome un suave golpecito en el hombro—. Pareces cansada.
Antes de que pudiese mandarlo a la mierda, Aiden se me adelantó.
—Deberías irte a la cama.
—¿Disculpa?
—Si estás cansada —dijo, midiendo sus palabras—, deberías irte a la cama, porque no quiero tener que lidiar mañana con tu maldito mal humor.
—¿Y quién ha dicho que vayas a tener que lidiar conmigo, para empezar?
Me fijé en que se le tensaba la mandíbula, claramente molesto, y su mirada se desvió inmediatamente hacia mi hermano, lo que hizo que me hirviera la sangre.
Pues claro, Rook; todo era siempre cosa de Rook.
Tenía que aceptar de una vez que Aiden jamás me vería como yo deseaba que me viese. Sí, a veces lo sacaba de quicio, y normalmente se preocupaba por mantenerme con vida, pero solo porque éramos amigos, porque para él yo era indiferente, como una hermana pequeña.
Siempre estaba a mi lado, pero solo porque Rook se lo había pedido. Rook no podía estar pendiente de mí constantemente, por eso le había encasquetado ese trabajo a su mejor amigo.
Me revolví en mi sitio, rehuyendo su mirada y centrándome de nuevo en la película, hasta que el cansancio y el silencio pudieron conmigo y me quedé dormida en el sofá.
El olor fue lo primero que me llegó. Un fuerte hedor a productos químicos, mezclado con el aroma a moqueta quemada. No era un olor demasiado agradable, y fue justo eso lo que me hizo incorporarme en la cama, abriendo los ojos de par en par .
La habitación seguía completamente a oscuras, y la delgada franja de luz que se filtraba por debajo de la puerta de mi cuarto tampoco era nada fuera de lo habitual.
Mis padres solían quedarse despiertos hasta tarde, mucho después de que yo me fuese a la cama, y a mí la luz del pasillo nunca me había molestado.
Respiré hondo; el aire era mucho más denso y cálido que cuando me había ido a dormir .
Pasó un segundo y alargué una mano hacia el interruptor de la lámpara de mi mesilla. La luz iluminó de inmediato la estancia, obligándome a entrecerrar los ojos .
— ¡Evie! —me llamó Rook. Su habitación estaba justo al lado de la mía, pero su voz sonaba mucho más cerca. Como si estuviese al otro lado de la puerta .
Pude ver que el humo se filtraba en mi cuarto, y el aire se volvió cada vez más irrespirable, mientras intentaba armarme de valor para salir de la cama .
— ¡Evie, aléjate de la puerta y agáchate! —gritó Rook .
— ¡Rook! —chillé, y no pude decir nada más porque me dio un ataque de tos .
— ¡Quédate atrás! —gritó, y su voz sonaba aterrada, como nunca la había oído antes, lo que me dio tanto miedo que me subí las sábanas hasta la cabeza .
Un incendio .
Nuestra casa estaba ardiendo .
Los ojos se me anegaron de lágrimas cuando empecé a oír los golpes. Pude oír que, en algún lugar de la casa, se rompían los cristales de las ventanas, pero Rook siguió aporreando la puerta de mi habitación con todas sus fuerzas .
— El pomo está demasiado caliente, Evie. Pero tengo que entrar .
— ¿Tu habitación está en llamas? —le pregunté, también a gritos .
— Sí, y la tuya también está a punto de arder. Tenemos que salir de aquí .
Soltó un gemido fuerte y doloroso mientras seguía aporreando la madera .
— Evie, la puerta está a punto de ceder, pero el incendio aquí fuera es horrible, así que necesito que te metas detrás de tu cómoda o de tu escritorio, donde sea, y que te cubras la cara para protegerte de las llamas.
—Tosió con fuerza, y yo también, porque el humo se estaba empezando a volver mucho más denso .