Capítulo 44
Viva
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Pichona,
Sé lo que pasó en el salón ceremonial. Sé que sobreviviste, y que no estás sola. Eso es lo único que necesitaba saber para decidirme a escribirte de nuevo, después de tanto tiempo callada.
Estoy viva. Sigo en movimiento, todavía fuera del alcance de la Cofradía, pero más cerca de vos de lo que imaginás. No puedo explicarte todo en una carta; hay demasiado riesgo en cada palabra que escribo, incluso ahora.
Ezequiel Roth. Cuidalo, y dejá que te cuide. Su familia me hizo mucho daño, pero él no es su padre. Lo sé porque lo estuve observando, desde lejos, más tiempo del que él imagina.
Sofía sintió que el corazón se le detenía y aceleraba al mismo tiempo, una sensación mareante que la obligó a sentarse en el borde de la cama.
Mostró la carta a Ezequiel esa misma noche, y él la leyó con una expresión que combinaba asombro y una nueva capa de responsabilidad, releyendo la mención de su propio nombre dos veces.
—Tu madre nos estuvo observando —dijo, casi sin poder creerlo, la hoja todavía entre los dedos—. Todo este tiempo.
—Prometeme algo —dijo Sofía, tomando su mano libre—. Que vamos a encontrarla juntos. Sea lo que sea que eso implique, pase lo que pase.
—Te lo prometo.
La carta terminaba con una última línea que Sofía leyó una y otra vez, hasta memorizarla por completo, las palabras grabándose en algún lugar que no podría borrar después.
No busques al Custodio. Búscame a mí. Pero ten cuidado: ya no soy quien recuerdas.