Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 43
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Capítulo 43

Lo que Queda

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En los días que siguieron, la Cofradía, fracturada públicamente por la confrontación en el salón ceremonial, pareció replegarse hacia un silencio inquieto que se sentía en cada pasillo del campus.

El Mentor no volvió a convocar reuniones formales; Augusto Roth se distanció visiblemente de su hijo, aunque sin tomar ninguna acción abierta de represalia, quizás conteniéndose por el temor a la grabación que el Custodio todavía tenía en su poder, guardada en algún lugar seguro que nadie más conocía.

Tomás, recuperado físicamente aunque marcado por la experiencia del sótano, se reincorporó a la vida del campus con una cautela nueva, pero sin perder del todo la calidez que lo caracterizaba desde el primer día.

—Gracias por no dejarme ahí —le dijo a Sofía, un día, mientras compartían un café en el patio central, el sol filtrándose entre las hojas de los plátanos—. En serio.

—Nunca te hubiera dejado.

—Lo sé. Por eso confío en vos más que en nadie acá adentro.

Sofía y Ezequiel, por primera vez desde su llegada al campus, se permitieron algo parecido a la normalidad: caminatas sin urgencia por senderos que ya conocían de memoria, conversaciones que no giraban en torno a secretos o peligros inminentes, la posibilidad, todavía frágil, de imaginar un futuro juntos sin la sombra constante del Pacto sobre sus cabezas.

—¿Creés que realmente se terminó? —preguntó Sofía, una tarde, mientras observaban la puesta de sol desde el jardín, los colores del cielo cambiando de naranja a violeta sobre la piedra gris del edificio principal.

—No lo sé —admitió Ezequiel, honesto como se había prometido ser desde entonces, sin ninguna evasiva—. Pero pase lo que pase después, no lo vamos a enfrentar solos.

Esa noche, de vuelta en su habitación, con la ventana entreabierta dejando entrar el aire fresco de la noche, Sofía encontró un sobre deslizado bajo la puerta, similar en textura al que había recibido el primer día de clases, hacía ya varios meses que se sentían, de pronto, como toda una vida.

Pero esta vez, la letra en el frente no era la de la Cofradía.

Era la letra de su madre. Y la fecha del matasellos era de esa misma semana.