Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 33
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Capítulo 33

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—Solo dos personas sabían de nuestro plan de anoche —dijo Ezequiel, caminando de un lado a otro de la habitación con una tensión creciente, cada paso más rápido que el anterior—. Vos y yo. Nadie más.

—Entonces alguien nos vigiló. O alguien más lo descubrió después.

—O alguien de los dos habló sin darse cuenta. —Ezequiel se detuvo, mirándola con una duda que Sofía sintió como una punzada directa en el pecho—. ¿Le contaste a Tomás algo sobre esto?

—No. Nada. —La acusación implícita la hirió más de lo que esperaba, el tono cortante de la pregunta quedándose flotando entre ellos—. ¿Vos le contaste a alguien?

—Por supuesto que no.

La desconfianza, breve pero real, se instaló entre ellos durante el resto del día, una grieta pequeña que ninguno de los dos quería admitir del todo en voz alta.

Ezequiel, sin decírselo a Sofía, empezó a investigar por su cuenta, revisando los registros de acceso a su propia habitación, buscando cualquier pista sobre quién había podido entrar sin ser detectado durante esas pocas horas.

Encontró algo que lo dejó helado: un registro de acceso, a las tres de la madrugada, usando una tarjeta magnética que no era la suya ni la de Sofía.

Pertenecía a la habitación de Sofía. Una tarjeta que, según el registro del sistema, había sido reportada como extraviada y reemplazada apenas dos semanas atrás, sin que Sofía recordara haber hecho ese trámite ella misma.

Alguien había tenido acceso a una copia de la tarjeta de Sofía durante todo ese tiempo, moviéndose por el campus con la libertad de quien nunca sería sospechado.

Ezequiel llevó la información a Sofía esa misma tarde, con una expresión grave que no dejaba lugar a dudas sobre la gravedad de lo que había encontrado.

—No fue Tomás —dijo, mostrándole el registro impreso—. Fue alguien con acceso directo a tu habitación. Alguien que vive ahí, o que tiene una llave que no debería tener.

Sofía sintió que el estómago se le revolvía, la sospecha que había estado evitando confirmarse con una certeza cada vez más innegable, cada pieza del último mes encajando de golpe en un patrón que dolía reconocer.

Camila.