Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 32
71%

Capítulo 32

Cuerpo y Pacto

· · ·

Con el ritual adelantado y el tiempo corriendo en su contra, Sofía y Ezequiel decidieron arriesgarse: infiltrarse en el estudio privado de Augusto Roth, donde según la información que Ezequiel había logrado reunir con meses de paciencia, se guardaban los documentos originales del Pacto, incluyendo, posiblemente, detalles sobre lo que realmente le había ocurrido a Leonor Montiel.

La operación, planeada para una noche en que Augusto asistiría a un evento fuera del campus, transcurrió con una tensión que ninguno de los dos verbalizó del todo, cada sonido de la casa vacía amplificado por el miedo a ser descubiertos.

Fotografiaron docenas de páginas con el teléfono de Sofía, documentos antiguos escritos en una caligrafía que apenas lograban descifrar bajo la luz mínima de una linterna tapada con la mano, hasta que el sonido de un auto acercándose por el camino de grava los obligó a salir apresuradamente, sin tiempo de revisar lo que habían conseguido.

De vuelta en la habitación de Ezequiel, con la adrenalina todavía corriendo por sus venas y la certeza compartida de haber sobrevivido juntos a un riesgo real, la tensión entre ellos se resolvió finalmente en algo que ambos habían estado postergando desde la noche del cuarto cerrado, semanas atrás.

No hubo palabras necesarias. Solo la certeza compartida de que, pase lo que pasara con el Pacto, con la Cofradía, con todo lo que los rodeaba y amenazaba con separarlos, lo que había entre ellos era real, y merecía ser vivido sin más demoras ni secretos guardados a medias.

Sofía se quedó dormida esa noche entre los brazos de Ezequiel, por primera vez desde su llegada al campus sintiendo algo parecido a la seguridad completa, el peso de las últimas semanas aflojándose apenas por unas horas.

Al despertar, la luz de la mañana entrando por la ventana en franjas doradas, se sentó de golpe, revisando instintivamente el teléfono donde había guardado las fotografías de los documentos robados.

La carpeta estaba vacía.

—Ezequiel. —Su voz, tensa, lo despertó de inmediato—. Las fotos. No están.

Revisaron ambos teléfonos, la computadora de Ezequiel, cualquier dispositivo donde pudieran haber quedado copias de respaldo, sin encontrar rastro de la información que tanto esfuerzo y riesgo les había costado conseguir apenas horas antes.

Alguien, mientras dormían, había accedido a sus dispositivos y había borrado todo sin dejar la menor huella.