Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 31
69%

Capítulo 31

Lo Que Cuesta Quedarse

· · ·

La noticia de que el ritual se adelantaría llegó a Sofía a través de Tomás, que la había escuchado de segunda mano en los pasillos, donde los rumores corrían más rápido que cualquier comunicado oficial, mutando con cada boca que los repetía.

—Tenés que pensarlo en serio, Sofía —le dijo, con una seriedad que rara vez mostraba, sentado frente a ella en una mesa vacía del comedor—. Irte del campus, ahora, mientras todavía podés. Nadie te va a juzgar por elegir tu propia seguridad.

Sofía pasó la noche despierta, considerando la opción con una honestidad brutal, mirando el techo de su habitación como si ahí pudiera encontrar alguna respuesta escrita.

Podía irse. Podía volver a Buenos Aires, renunciar a la beca, renunciar a las respuestas sobre su madre, renunciar a Ezequiel, y construir una vida lejos de un peligro que crecía cada semana con más fuerza y menos disimulo.

Pero también sabía, con la misma certeza, que irse significaría abandonar la única oportunidad real de entender quién había sido Leonor Montiel, y qué le habían hecho exactamente antes de que decidiera desaparecer.

Encontró a Ezequiel esa misma noche, en el jardín, bajo un cielo sin luna, ambos incapaces de dormir por razones que compartían sin necesidad de explicarlas en voz alta.

—Estuve pensando en irme —le dijo, sin rodeos, sentándose a su lado en el banco de piedra todavía frío por el rocío.

Algo se quebró brevemente en la expresión de Ezequiel, un miedo genuino que no intentó disimular esta vez.

—Tenés razones de sobra para hacerlo.

—¿Vos querés que me quede?

—Más de lo que tengo derecho a pedir. —Ezequiel se acercó, tomando su mano con una delicadeza que contrastaba con la urgencia de sus palabras—.

Lo que siento por vos, Sofía, dejó de tener que ver con órdenes o con el Pacto hace mucho tiempo.

Sé que no tengo derecho a pedirte que te quedes y te arriesgues por mí.

Pero te lo estoy pidiendo igual, aunque sea egoísta de mi parte.

Sofía lo miró, la decisión asentándose finalmente en algo más firme que el miedo que la había mantenido despierta toda la noche.

—Me voy a quedar. Pero esta vez, sin secretos entre nosotros. Ninguno, por más que duelan.

Sellaron el acuerdo con un beso que llevaba semanas de tensión contenida, lento esta vez, sin la urgencia de la primera vez, interrumpido apenas por la vibración del teléfono de Sofía contra el banco de piedra.

Un mensaje de Camila, con un tono de urgencia que no encajaba con su comportamiento habitual: Necesito hablar con vos. A solas. Es importante.

Sofía no sabía todavía que, mientras ella decidía quedarse a luchar, Camila estaba activando, en las sombras, un plan que llevaba semanas preparando en silencio, cada pieza cuidadosamente colocada antes de esa noche.