Capítulo 30
El Castigo de los Roth
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La desaparición de Feller confirmó, para Sofía y Ezequiel, que estaban investigando algo real, algo lo suficientemente peligroso como para que alguien decidiera eliminar a un testigo potencial antes de que hablara de más.
Pero las consecuencias no tardaron en llegar, y no fueron dirigidas a Feller, ya inalcanzable, sino a Ezequiel.
Augusto Roth lo citó formalmente ante el Mentor y el resto de la Cofradía, en una reunión que no dejó lugar a dudas sobre su propósito: hacer un ejemplo público de lo que sucedía cuando alguien traicionaba, aunque fuera parcialmente, el juramento de silencio que sostenía toda la organización.
—Se te encomendó una tarea simple —dijo el Mentor, frente a los once miembros restantes, cada uno en su silla de respaldo alto—. Acercar a la elegida al Pacto. En cambio, la has ayudado a investigar nuestros propios secretos.
—Ella tiene derecho a conocer la verdad sobre su madre —respondió Ezequiel, sin bajar la mirada, aunque cada palabra le costaba más de lo que dejaba ver en el rostro.
—El derecho de la elegida a la verdad no es asunto tuyo para decidir. —La voz del Mentor se endureció, cortante—. Roth, quedas suspendido de toda participación activa en el Pacto hasta nuevo aviso. Y tu padre asumirá control total sobre la aproximación con la señorita Montiel.
El castigo, humillante y público, quedó grabado en la memoria de todos los presentes en esa sala subterránea. Cuando la noticia llegó a Sofía, horas después, a través de un mensaje breve y tenso de Ezequiel, ella no dudó ni un segundo.
Lo buscó esa misma tarde, y frente a un pequeño grupo de estudiantes que casualmente presenciaron el encuentro en el patio central, se plantó a su lado sin ninguna reserva, la voz clara y firme.
—Lo que le hicieron a Ezequiel por ayudarme es una injusticia —dijo, lo suficientemente alto para que quedara claro que no le importaba quién la escuchara—. Y si alguien tiene un problema con eso, puede venir a discutirlo directamente conmigo.
Esa misma noche, Augusto Roth convocó una reunión de emergencia, y anunció, con una frialdad que dejó a toda la Cofradía en silencio absoluto, que el ritual se adelantaría, por el bien de todos, antes de que la situación se les escapara aún más de las manos.