Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

El Profesor de Filosofía Oscura

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Decidieron confrontar a Feller directamente, con la excusa de una consulta académica sobre su comentario en clase acerca de los pactos fundacionales.

Lo encontraron en su oficina, rodeado de libros apilados sin ningún orden aparente, torres inestables que amenazaban con desmoronarse, y algo en su expresión al verlos entrar juntos sugirió que la visita no lo tomaba completamente por sorpresa.

—Señorita Montiel. Señor Roth. —Feller les indicó que se sentaran, con una calma que a Sofía le pareció, esta vez, genuinamente evasiva—. ¿En qué puedo ayudarlos?

—Su comentario en clase sobre los pactos que exigen sangre en lugar de tinta —dijo Sofía, directamente, sin rodeos—. ¿A qué se refería exactamente?

Feller sonrió, una sonrisa cansada que envejeció su rostro varios años en un instante, como si la pregunta le hubiera quitado algo de energía que no podía recuperar.

—A nada que deba preocuparle, señorita Montiel. Filosofía especulativa, nada más.

—No le creo.

—Eso —dijo Feller, poniéndose de pie con una lentitud deliberada— es un problema que va a tener que resolver usted misma.

La conversación no arrojó ninguna confirmación directa, pero mientras se retiraban, Sofía notó que las manos de Feller temblaban ligeramente al recoger unos papeles de su escritorio, un detalle mínimo que no encajaba con la calma que había proyectado durante toda la conversación.

Esa misma noche, en un momento de vulnerabilidad compartida mientras esperaban en el auto de Ezequiel fuera del edificio de facultad, la lluvia empezando a golpear suave contra el parabrisas, Sofía le contó, por primera vez, detalles de su infancia que no había compartido con nadie: los años criando prácticamente sola a su abuela enferma, la soledad de crecer sin madre en un barrio donde todos parecían tener familias completas, el peso constante de sentir que tenía que ser suficiente para compensar todo lo que le faltaba.

Ezequiel escuchó sin interrumpir, sin apartar los ojos de ella ni una sola vez, y cuando terminó, la abrazó con una ternura que contrastaba brutalmente con la frialdad calculada que había mostrado las primeras semanas.

A la mañana siguiente, un rumor recorrió el campus con la velocidad de un incendio: el profesor Ricardo Feller había desaparecido durante la noche, sin dejar rastro, sin explicación oficial, y sin que nadie en la administración pareciera dispuesto a dar más detalles al respecto.