Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 27
60%

Capítulo 27

Tregua

· · ·

Se encontraron en un café fuera del campus, un espacio neutral que ninguno de los dos había elegido casualmente, con mesas de madera desgastada y el ruido de fondo de una cafetera que no dejaba silencios incómodos crecer demasiado.

Sofía le mostró las cartas, o al menos las partes que decidió compartir, y observó el rostro de Ezequiel transformarse a medida que leía, línea por línea.

—El Custodio —murmuró, cuando terminó, devolviéndole las hojas con cuidado, como si temiera dañarlas—. Nunca escuché ese nombre en la Cofradía. Pero eso no significa que no exista.

—Necesito encontrarlo.

—Si es real, y si sigue vivo, probablemente esté escondido a plena vista.

Alguien que tuvo acceso al Pacto y decidió, en algún momento, traicionar sus reglas por tu madre.

—Ezequiel hizo una pausa, su expresión oscureciéndose—.

Eso lo convertiría en alguien extremadamente peligroso de buscar, para vos y para mí.

—¿Me vas a ayudar?

Ezequiel la miró, la distancia de los últimos días todavía tangible entre ellos, un espacio que ninguno había terminado de cerrar del todo, pero algo más fuerte ganando terreno con cada segundo de silencio.

—Sí. Aunque eso signifique ponerme directamente en la mira de mi propio padre.

—¿Por qué harías eso? Después de todo lo que...

—Porque me equivoqué al no contarte todo desde el principio —la interrumpió Ezequiel, con una sinceridad que Sofía no había escuchado de él hasta entonces, sin ningún cálculo detrás—. Y porque lo que siento por vos, Sofía, dejó de ser parte de ningún plan hace mucho tiempo.

No resolvieron la tensión no dicha entre ellos esa tarde. Pero acordaron trabajar juntos, con la promesa tácita de reconstruir la confianza a medida que avanzaran, un paso a la vez.

Esa noche, revisando viejos archivos de la Cofradía a los que Ezequiel todavía tenía acceso parcial, encontraron una mención críptica, en un documento de hacía más de quince años, sobre un miembro que había roto el voto de silencio y había sido formalmente expulsado, aunque su identidad había sido cuidadosamente borrada de todos los registros oficiales, un espacio en blanco donde debería haber estado un nombre.

—Si el Custodio sigue activo dentro de la universidad —dijo Ezequiel, cerrando el archivo—, se está escondiendo mejor que nadie que yo conozca.