Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

Fuga

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La alarma seguía sonando cuando Sofía entendió, con una claridad helada que le cortó la respiración, lo que estaba pasando: no había activado ninguna fuga.

Pero alguien había decidido que su presencia en el cuarto cerrado, su cercanía repentina con Ezequiel, su acceso a información que no debía tener todavía, la convertían en una amenaza que necesitaba ser contenida antes de que fuera demasiado tarde.

—Tenemos que salir de acá —dijo Ezequiel, tomándola de la mano con una urgencia que no dejaba espacio para preguntas, los dedos entrelazados con una firmeza que dolía.

Corrieron por los pasillos del ala antigua, esquivando las luces de emergencia rojas que se habían encendido en todo el sector, el eco de sus pasos multiplicándose contra la piedra, hasta llegar a una puerta lateral que Ezequiel abrió con una llave que Sofía no sabía que él tenía guardada.

Afuera, el aire fresco de la noche los recibió como un golpe, pero no había alivio posible: dos figuras, vestidas con el uniforme discreto de seguridad del campus, los interceptaron antes de que pudieran alejarse más de unos metros, apareciendo de entre las sombras del jardín con una sincronía que no dejaba dudas de que los estaban esperando.

—Señorita Montiel, tiene que acompañarnos.

—No va a ninguna parte —dijo Ezequiel, colocándose entre Sofía y los hombres con una autoridad que, por primera vez, Sofía vio ejercer abiertamente, sin ningún rastro de la máscara de indiferencia que solía llevar puesta.

—Órdenes del Mentor, Roth. No es una sugerencia.

Ezequiel dudó apenas un segundo, calculando las opciones con la mente acelerada, antes de ceder terreno con una tensión visible en cada músculo de su cuerpo, los hombros rígidos bajo la camisa.

—La acompaño yo. Personalmente.

Los hombres de seguridad intercambiaron una mirada breve, pero finalmente asintieron, permitiendo que Ezequiel caminara junto a Sofía en lugar de dejarla sola con ellos, un metro de distancia que él redujo a centímetros apenas empezaron a caminar.

—¿Qué va a pasar? —susurró Sofía, mientras cruzaban el campus en dirección a un edificio que ella nunca había visitado, las luces de las ventanas ajenas apagándose una a una a esa hora.

—Vas a conocer al Mentor. En persona. —Ezequiel apretó su mano brevemente, un gesto de consuelo que no lograba disimular su propia preocupación, visible en la línea tensa de su boca—. Pase lo que pase ahí adentro, no muestres miedo. Es lo único que te puedo aconsejar con certeza.