Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Confrontación

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—¿Qué estabas haciendo con el padre de Ezequiel? —preguntó Sofía, arrastrando a Camila a un rincón apartado del jardín en cuanto tuvo oportunidad, lejos del bullicio de la música.

—Nada raro. Augusto conoce a mi familia desde hace años, coincidimos en la fiesta, charlamos. —Camila se encogió de hombros con una naturalidad que a Sofía le sonó demasiado ensayada, como un libreto repasado de antemano—. ¿Por qué te pusiste tan rara?

—Porque la conversación no parecía casual.

—Estás viendo fantasmas donde no hay nada, Sofía. —La voz de Camila se endureció ligeramente, un filo apareciendo debajo de la ligereza habitual—. Este lugar te está afectando más de lo que pensás.

La negativa, rápida y demasiado defensiva, dejó a Sofía con más preguntas que antes de la confrontación. Se alejó, insatisfecha, buscando a Tomás entre la multitud dispersa por el jardín.

—Vi a Camila con Augusto Roth —le dijo, en voz baja, apenas se encontraron—. Y lo negó de una forma muy rara.

Tomás no pareció sorprendido, algo que en sí mismo ya era una respuesta.

—Ya te dije que tuvieras cuidado con lo que le contás.

—¿Vos sabías algo de esto?

—Sospechaba. —Tomás miró alrededor antes de continuar, bajando la voz—. Camila tiene contactos que no encajan con lo que dice ser. Pero no tengo pruebas de nada, y prefiero no acusarla sin fundamento. Vos sos la única en la que confío en este campus, Sofía. No lo olvides.

Esa noche, ya de vuelta en su habitación, con el vestido azul todavía puesto y los zapatos abandonados junto a la puerta, Sofía recibió un mensaje anónimo desde el mismo número desconocido de semanas atrás.

Dejá de hacer preguntas sobre cosas que no te corresponden. La próxima advertencia no va a ser tan amable.

Intentó rastrear el número, sin éxito, los dedos temblando sobre la pantalla. El mensaje se había enviado desde una aplicación que se autodestruía sin dejar rastro alguno.

Sofía guardó el teléfono con las manos todavía temblando, la certeza asentándose lentamente de que alguien, dentro de ese campus, estaba dispuesto a ir más allá de las palabras para mantenerla callada.