Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

Camila Sabe Más de lo que Dice

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—¿Tu mamá alguna vez mencionó haber estudiado acá? —preguntó Camila, con una ligereza que a Sofía le sonó, por primera vez, calculada.

Estaban en el comedor, con Tomás distraído revisando su teléfono al otro lado de la mesa, la bandeja de Sofía todavía intacta frente a ella, y la pregunta llegó tan de la nada que tardó un segundo entero en responder.

—¿Por qué me preguntás eso?

—Curiosidad. —Camila se encogió de hombros, aunque sus ojos no se apartaron de Sofía con la naturalidad que fingía tener—. Es raro que alguien entre con beca sin ninguna conexión familiar previa acá. Normalmente hay algo, aunque sea lejano.

—No sé de dónde sacaste eso.

—Se comenta. —Camila bajó la voz, inclinándose sobre la mesa, el pelo cayéndole hacia adelante—. Hay gente en este campus con memoria muy larga, Sofía. Y algunos apellidos, aunque no aparezcan en los registros, la gente los recuerda igual.

Sofía sintió que un escalofrío le recorría la espalda, algo frío subiéndole desde la base de la columna.

Camila sabía algo, o al menos sospechaba lo suficiente como para tantear el terreno con una precisión que no encajaba con la imagen despreocupada que había proyectado desde el primer día en el portón de entrada.

—¿Qué sabés vos, Camila?

—Nada. —La sonrisa volvió, rápida, demasiado rápida—. Solo hago conversación.

Tomás, que aparentemente había estado escuchando más de lo que dejaba ver detrás de su teléfono, esperó a que Camila se levantara a buscar más café antes de inclinarse hacia Sofía con una expresión seria que contrastaba con su humor habitual.

—No le contés todo a Camila —dijo, en voz baja.

—¿Por qué no?

—Porque hace preguntas que no son inocentes, y porque desaparece en momentos raros con gente que no debería conocer.

—Tomás dudó, como si estuviera calculando cuánto decir sin cruzar una línea propia—.

No digo que sea mala persona. Digo que tengas cuidado con lo que compartís, hasta que sepas de qué lado está.

Esa noche, cuando Camila volvió a su habitación después de una salida que no explicó del todo, con el pelo húmedo como si hubiera estado afuera bajo llovizna que Sofía ni siquiera había notado caer, Sofía, despierta todavía, incapaz de dormir con tantas preguntas sin resolver dándole vueltas, la vio, desde el resquicio de su puerta entreabierta, guardando apresuradamente un teléfono en el cajón de su mesa de luz.

Un teléfono que definitivamente no era el mismo que Camila usaba durante el día.