Academia Oscura - Libro Uno (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Fecha Límite

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Esa misma noche, en la sala oculta bajo el ala antigua, con las doce sillas ocupadas por primera vez en semanas, el Mentor reunió a la Cofradía con una urgencia que no era habitual ni siquiera para los estándares de una organización acostumbrada a moverse con calma calculada.

—La fecha está fijada —anunció, sin rodeos, la voz resonando entre las paredes de piedra—. El Encuentro Ritual del Pacto se realizará en seis semanas, coincidiendo con el aniversario fundacional.

Un murmullo de aprobación recorrió la sala, bajo, contenido, casi ceremonial en sí mismo. Ezequiel, sentado en su lugar habitual, sintió que algo se cerraba alrededor de su pecho como una mano invisible apretando despacio.

—Eso es antes de lo previsto —dijo, sin poder contenerse del todo.

—El cronograma se aceleró —respondió el Mentor, sin dar más explicaciones que esa, como si la razón detrás de la decisión no fuera asunto de nadie más en la sala—.

Roth, tu trabajo de aproximación con la candidata ha sido satisfactorio.

Ahora necesitamos resultados concretos. Confianza total antes de la fecha.

—¿Y si no está lista?

—No es una pregunta de si está lista. Es una cuestión de tiempo, y el tiempo se nos acaba a todos por igual.

La reunión se disolvió poco después, sillas arrastrándose, voces bajando la escalera de caracol en fila silenciosa, pero Ezequiel se quedó atrás, encontrando a Marcus Veliz en el pasillo, fuera del alcance de oídos ajenos, la vela más cercana proyectando sombras largas sobre ambos rostros.

—¿Qué pasa si me niego a apurar las cosas? —preguntó, en voz baja, casi un susurro contra la piedra fría.

—Entonces alguien más se va a encargar de Sofía Montiel —respondió Marcus, sin un atisbo de duda en la voz—. Y créeme, Roth, no va a ser con la misma delicadeza que vos estás usando con ella.

Ezequiel pasó el resto de la noche despierto, tendido en la cama sin apagar la luz del velador, debatiéndose entre la orden directa de proteger los intereses de la Cofradía —todo lo que su apellido representaba, todo lo que su padre esperaba de él desde que tenía memoria— y un impulso cada vez más fuerte, cada vez más imposible de ignorar, de proteger a Sofía de la Cofradía misma, aunque eso significara traicionar todo lo demás.

Tomó una decisión que sabía, incluso mientras la tomaba, que lo pondría en una posición peligrosa: empezaría a moverse en las sombras, contradiciendo órdenes directas si era necesario, para ganar tiempo antes de que el ritual la alcanzara sin que ella supiera nada de lo que se le venía encima.

A las dos de la madrugada, mientras Ezequiel tomaba esa decisión a solas en su habitación, Sofía recibía un mensaje anónimo en su teléfono, de un número que no pudo rastrear ni identificar por más que lo intentó durante media hora, la pantalla iluminando su cara en la oscuridad.

*No todos en esta universidad quieren que te quedes, Sofía. Andate mientras puedas.*