Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 38
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Capítulo 38

Después de todo

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Mientras Sofía continuaba recuperándose, procesando lentamente las visiones fragmentadas que el ritual le había dejado, Ezequiel tomó una decisión que no discutió previamente con nadie más que consigo mismo: era momento de enfrentar a Leonor una vez más, sin las cargas del pasado que habían complicado cada encuentro anterior.

La encontró, gracias a un rastro que Tomás logró seguir, en una propiedad menor, aparentemente abandonada por la mayoría de sus aliados tras el fracaso del ritual y la pérdida de control sobre Valentina.

Estaba sola, una imagen que contrastaba dramáticamente con el poder que había exhibido apenas días atrás.

—Viniste solo —observó Leonor, sin mostrar sorpresa—. Valiente, o imprudente. Nunca logro diferenciar cuál de las dos cosas eres realmente, Ezequiel.

La propiedad donde encontró a Leonor conservaba apenas el eco del poder que alguna vez había proyectado: muebles cubiertos, ventanas sin cortinas, el silencio de un lugar abandonado por quienes antes juraban lealtad incondicional.

—Vine a decirte algo que debería haber quedado claro hace mucho tiempo —respondió él, sin ceder terreno—. Mi lealtad, completa, es de Sofía. No de mi padre. No de nadie más. No de ningún juego de poder en el que quieras arrastrarnos.

Leonor lo estudió con un gesto difícil de leer, algo entre el desprecio y un reconocimiento reticente.

—Palabras nobles. Pero las palabras no cambian lo que se avecina.

—¿A qué te refieres?

—A que esto no ha terminado, aunque tú y Sofía prefieran creer que sí.

—Leonor se levantó, su porte recuperando parte de la frialdad calculadora habitual, pese a las circunstancias evidentemente adversas—.

Y si quieren evitar que las cosas empeoren, tal vez deberían considerar con más cuidado lo que estoy dispuesta a revelar.

—¿Qué estás insinuando?

—El tercer hijo, Ezequiel. Existe. Y si otros llegan hasta él antes que ustedes, lo que vivieron con Valentina será solo el principio de algo mucho peor.

Ezequiel notó que el terreno bajo sus pies se movía nuevamente, la confirmación de la visión de Sofía llegando de la fuente más inesperada posible.

Cuando regresó al refugio, encontró a Sofía ya despierta por completo, sentada, esperándolo con una expresión que dejaba claro que había llegado a la misma conclusión por su cuenta.

—Confirmaste la existencia del tercer hijo —dijo Sofía, sin necesidad de preguntar, leyendo la respuesta directamente en su rostro.

—Sí. Leonor lo admitió directamente.

Sofía se levantó, con una determinación renovada pese al cansancio físico evidente todavía en su cuerpo.

—Entonces necesitamos encontrarlo antes que ellos.