Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 37
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Capítulo 37

Lo que Sofía vio

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La oscuridad se disolvió lentamente en fragmentos de luz difusa, y con ella llegaron imágenes que Sofía no lograba ubicar del todo en el tiempo: figuras vestidas con ropas antiguas, un altar cubierto de símbolos similares a los que había visto en el ritual reciente, una voz de mujer, distinta a la de Leonor, pronunciando palabras en el mismo idioma arcaico usado durante la ceremonia.

Despertó de golpe, el corazón acelerado, en una habitación tenuemente iluminada que reconoció, tras un momento de confusión, como parte del refugio seguro al que Tomás los había trasladado tras el enfrentamiento.

Las visiones seguían llegando en fragmentos incompletos durante los días siguientes, apareciendo sin aviso mientras Sofía hacía tareas completamente ajenas: lavando platos, mirando por la ventana, a punto de quedarse dormida.

—Estás despierta. —La voz de Ezequiel, cargada de un alivio inmenso, fue lo primero que registró con claridad. Estaba sentado junto a la cama, con ojeras profundas que delataban horas sin dormir, sosteniendo su mano con una firmeza que no había soltado en todo ese tiempo.

—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó Sofía, la voz ronca.

—Dos días.

—¿Valentina?

—Está bien. Liberada del vínculo por completo. Ha estado preguntando por ti constantemente.

Sofía se permitió un momento de alivio genuino antes de que las imágenes fragmentadas de su inconsciencia volvieran a presionar en su memoria.

—Vi cosas, Ezequiel. Durante el ritual. Fragmentos que no logro entender del todo.

—¿Qué tipo de cosas?

—Un altar. Gente vestida de una forma que no coincide con nada actual. Una mujer que no era Leonor, hablando sobre el origen de todo esto.

Ezequiel la escuchó con atención, guardando cada detalle mientras ella intentaba reconstruir, con dificultad, las visiones que el ritual le había dejado grabadas.

—Hay algo más —dijo Sofía, frunciendo el ceño, esforzándose por aferrarse a un fragmento particularmente escurridizo—. Una mención a un tercer heredero. Alguien mantenido en secreto.

—¿Un tercer heredero? —repitió Ezequiel, la sorpresa evidente en su voz—. ¿De quién?

Sofía cerró los ojos, intentando reconstruir la visión completa, sintiendo que la respuesta estaba justo al borde de su memoria consciente, esquiva pero innegablemente presente.

—De Leonor —dijo finalmente, la certeza asentándose con un peso incómodo—. Un tercer hijo, además de mí y de Valentina. Alguien que ni siquiera nosotros conocemos todavía.