Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 36
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Capítulo 36

El costo

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Ezequiel logró perder a sus perseguidores tras una persecución tensa por los pasillos laterales de la propiedad, usando el conocimiento de la estructura que había memorizado durante la preparación de días anteriores.

En cuanto se aseguró de que nadie lo seguía de cerca, corrió de regreso hacia el sector donde debía estar Sofía, el corazón golpeándole el pecho con una mezcla de adrenalina y miedo creciente.

La encontró en el centro de un círculo ritual improvisado, con Valentina frente a ella, ambas conectadas por un vínculo de energía visible que parecía estar drenando a Sofía de una forma alarmante.

—¡Sofía! —gritó, corriendo hacia ella.

El brillo del vínculo, en su momento más intenso, iluminó el sótano entero con una luz que Ezequiel describiría después, sin encontrar palabras mejores, como algo entre el fuego y el agua: cálido y frío al mismo tiempo, imposible de mirar directamente sin que los ojos ardieran.

—¡No! —Tomás, que había llegado apenas segundos antes, lo detuvo con una mano firme en el pecho—. Si interrumpes el ritual ahora, podría matarlas a las dos.

Ezequiel se quedó paralizado, cada instinto protector gritándole que interviniera, mientras observaba impotente cómo el color abandonaba lentamente el rostro de Sofía, su cuerpo tensándose bajo el peso invisible del sacrificio que había elegido asumir sin consultarlo, sin tiempo para hacerlo.

—Confía en su decisión —dijo Tomás, con una calma forzada que apenas ocultaba su propia preocupación—. Ella eligió esto.

Fue, para Ezequiel, el momento más aterrador de toda su vida: no una amenaza externa que pudiera combatir directamente, sino la vulnerabilidad absoluta de ver a la persona que amaba sacrificándose por otra, sin poder hacer nada más que quedarse a su lado, sosteniendo el peso emocional de una situación completamente fuera de su control.

Se arrodilló cerca del círculo, lo suficientemente cerca para que Sofía sintiera su presencia sin romper el ritual, susurrando palabras de aliento que no sabía si ella podía escuchar en el estado de trance en el que se encontraba.

—Estoy aquí. No voy a irme a ningún lado. Termina esto, y vuelve a mí.

El proceso se extendió durante minutos que se sintieron como horas, la luz del vínculo entre las hermanas intensificándose hasta un punto casi insoportable de brillo, antes de comenzar a disiparse lentamente, transfiriéndose de Valentina hacia algún punto indefinido que ninguno de los presentes lograba comprender del todo.

Finalmente, con un destello final que iluminó todo el espacio ritual, el vínculo se rompió por completo.

Valentina cayó de rodillas, liberada, respirando con una claridad que no había tenido desde el primer ritual. Pero Sofía, en el mismo instante, colapsó hacia adelante, inconsciente, el rostro pálido, el pulso apenas perceptible cuando Ezequiel llegó a sostenerla.

—¡Sofía! —gritó, sintiendo el terror más puro que había experimentado en toda su vida—. Sofía, despierta.

Ella no respondió.