Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 34
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Capítulo 34

El ritual de liberación

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Los días siguientes se convirtieron en una preparación meticulosa, cargada de una tensión que ninguno de ellos intentaba disimular.

Tomás trabajó junto a los pocos aliados leales para reunir los elementos necesarios para el ritual: objetos rituales antiguos, textos precisos que debían recitarse sin error, un lugar seguro donde llevarlo a cabo, lejos del alcance de la Orden.

Ezequiel, en medio de los preparativos, se descubrió observando a Sofía con una intensidad renovada, consciente de que cualquiera de los próximos días podría ser de los últimos que compartieran si algo salía mal.

—¿Estás bien? —preguntó ella una noche, notando su mirada fija durante la cena improvisada que compartían.

—Solo estoy tratando de memorizar cada momento —admitió Ezequiel—. Por si acaso.

Se quedaron dormidos, finalmente, entrelazados sobre la cama sin deshacer del todo, la conversación sobre el futuro todavía flotando en el aire de la habitación como una promesa frágil que ninguno de los dos quería romper con el silencio del sueño.

Sofía dejó su tenedor a un lado, tomando su mano sobre la mesa.

—No vamos a rendirnos ante el «por si acaso», Ezequiel. Vamos a hacer esto, y vamos a superarlo, juntos.

—Lo sé. Pero eso no significa que no tenga miedo.

—Yo también tengo miedo.

Esa noche, después de que Valentina se retirara a descansar antes del ritual programado para el día siguiente, Ezequiel y Sofía se quedaron despiertos hasta tarde, hablando de un futuro que ninguno de los dos se había permitido imaginar del todo, temerosos de tentar a la mala suerte con demasiada esperanza.

—Cuando esto termine —dijo Ezequiel, la voz suave en la oscuridad de la habitación—, quiero que hagamos planes de verdad. No solo sobrevivir día a día. Un futuro real.

—¿Qué tipo de planes? —preguntó Sofía, apoyando la cabeza en su pecho.

—No lo sé todavía. Viajar contigo a algún lugar sin sombras de por medio. Terminar la carrera sin la amenaza constante encima. Despertar contigo sin preguntarme qué crisis nos espera ese día.

—Me gusta ese plan.

—Pase lo que pase mañana —dijo Ezequiel, apretándola contra sí—, quiero que sepas que esto, tú y yo, es lo único de todo este caos que ha valido completamente la pena.

Sofía se quedó dormida esa noche con esas palabras resonando en su mente, un ancla de esperanza frente a la incertidumbre del día siguiente.

Pero antes del amanecer, un golpe urgente en la puerta los despertó a ambos de forma abrupta. Tomás, pálido, con el teléfono todavía en la mano.

—Leonor lo sabe —dijo, sin aliento—. Descubrió el plan. Viene hacia acá ahora mismo.