Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 33
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Capítulo 33

El ritual imposible

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Tomás llegó al día siguiente con una carpeta gruesa, obtenida tras contactar a los pocos aliados que todavía conservaban acceso a los archivos más restringidos. Su expresión, al entrar, ya anticipaba que las noticias no serían sencillas.

—Aquí está todo lo que pude reunir —dijo, extendiendo la carpeta sobre la mesa—. El ritual de liberación existe, documentado en tres ocasiones a lo largo de la historia.

Valentina, escuchando la discusión sobre los riesgos del ritual, se llevó la mano instintivamente a la muñeca marcada, un gesto que se había vuelto habitual en ella en las últimas semanas, como si necesitara recordarse constantemente que la marca seguía ahí.

—¿Y los resultados? —preguntó Ezequiel.

—Dos fracasos. Uno... ambiguo.

Sofía tomó la carpeta, revisando los registros con una mezcla de esperanza y aprensión creciente.

Los primeros dos intentos, según los documentos, habían terminado en tragedia: la persona sometida al vínculo no sobrevivió al proceso de liberación, y quien lo ejecutó quedó marcado permanentemente por las consecuencias del ritual fallido.

—¿Qué pasó en el tercer caso? —preguntó Sofía, casi sin querer conocer la respuesta.

Esa tarde, mientras esperaban noticias de Tomás sobre los detalles finales del ritual, Valentina se acercó a Sofía con una pregunta que llevaba días guardándose.

—¿Crees que, después de esto, si sobrevivo, podamos ser hermanas de verdad?

No solo aliadas en una guerra. Sofía la abrazó, sorprendida por la vulnerabilidad repentina de la pregunta.

—Ya lo somos —dijo—. La guerra no define lo que somos la una para la otra. Solo nos puso a prueba antes de tiempo.

Tomás señaló el fragmento correspondiente, escrito en un lenguaje más antiguo, más difícil de traducir con precisión.

—El vínculo se rompió. La persona liberada sobrevivió. Pero quien ejecutó el ritual pagó un precio que el documento describe solo vagamente como «sacrificio del propio linaje».

—¿Qué significa eso exactamente? —insistió Ezequiel.

—No estoy completamente seguro. Podría referirse a un sacrificio simbólico. O podría significar algo mucho más literal y peligroso.

Se sumergieron en una discusión tensa que se extendió durante horas, sopesando el riesgo real contra la urgencia de la situación.

Valentina, presente durante buena parte de la conversación, escuchaba con una expresión que oscilaba entre el terror y una resignación que preocupaba a Sofía casi tanto como el peligro del ritual mismo.

—¿Vale la pena el riesgo? —preguntó finalmente Ezequiel, dirigiéndose directamente a Sofía, consciente de que la decisión final le correspondía a ella más que a nadie.

—No lo sé —admitió Sofía, con una honestidad cruda—. Pero sé que no puedo quedarme sentada viendo cómo mi hermana pierde el control de sí misma, sabiendo que existe una posibilidad, aunque sea incierta, de salvarla.

Valentina, que había permanecido en silencio la mayor parte de la conversación, finalmente habló.

—Es mi vida, mi vínculo. Debería tener voz en esta decisión también.

—Tienes razón —dijo Sofía, sentándose junto a ella—. ¿Qué quieres tú?

Valentina se quedó pensando un largo momento, la mano apretando instintivamente la muñeca marcada.

—Quiero intentarlo —dijo finalmente—. Prefiero arriesgarme a recuperar quién soy, que vivir el resto de mi vida sintiendo que alguien más puede controlarme desde las sombras.