Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 30
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Capítulo 30

Lo irreversible

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—¿Qué tipo de vínculo, exactamente? —preguntó Sofía, sintiendo que la tregua momentánea con su madre empezaba a desmoronarse ante la nueva revelación.

—El vínculo que se ha completado no es solo simbólico —explicó Leonor, con una precisión que resultaba escalofriante en su frialdad—.

Conecta a Valentina, de forma permanente, con un linaje muy antiguo.

No puede deshacerse con facilidad. Y, lo más importante: puede ser controlado por quien tenga autoridad legítima sobre la Orden.

Sofía sintió que las palabras de Leonor se le clavaban en un lugar que creía ya protegido, una vieja herida que pensaba cerrada reabriéndose con una precisión casi quirúrgica.

Ezequiel, que se había acercado en cuanto el ritual terminó, notó que la sangre se le helaba.

—¿Estás diciendo que Valentina puede ser manipulada por cualquiera que controle la Orden?

—Exactamente. —Leonor no mostró ningún remordimiento al decirlo—. Es la naturaleza del vínculo. Diseñado, precisamente, para eso.

Sofía sintió una furia fría instalarse en su pecho, reemplazando el alivio de momentos atrás.

—Nos engañaste. Nos hiciste creer que esto era para salvarla.

—Y lo hice. La salvé de morir en el proceso. —Leonor la miró directamente, sin ninguna disculpa en la expresión—. Pero nunca dije que la salvaría de mí.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Ezequiel, colocándose de nuevo entre Sofía y Leonor, la tensión regresando con fuerza.

Leonor caminó lentamente alrededor del círculo, observando a Valentina, todavía débil, apoyada en Sofía.

—Quiero decir que ahora tengo, finalmente, una heredera vinculada de forma permanente. Una que no cargue con las complicaciones de Sofía, con su historia, con todo lo que ha vivido.

—No —dijo Sofía, la voz temblando de rabia contenida—. No vas a usarla.

—Ya está hecho, Sofía. —La voz de Leonor adquirió un tono definitivo, casi triunfal—. Valentina es, a partir de este momento, mi heredera oficial. Y tú, con todo respeto, quedas descartada de cualquier reclamo sobre lo que representa este linaje.

El silencio que siguió a esas palabras se sintió como un golpe físico.

Sofía, que había pasado años temiendo el peso de ser la elegida, sintió una punzada inesperada al ser, finalmente, apartada de ese destino: una mezcla contradictoria de alivio y una herida profunda que no supo nombrar de inmediato.

Valentina, todavía recuperándose, levantó la vista hacia Leonor con un gesto que empezaba a cambiar, algo distinto instalándose en su mirada: una calma extraña, casi artificial, que Sofía reconoció con terror como la primera señal de algo que el ritual había dejado en ella.

Algo que no era, del todo, Valentina.