Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 28
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Capítulo 28

El costo de detenerlo

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Sofía sintió que el mundo se reducía a ese momento: su hermana en el centro de un círculo ritual, la vida pendiente de una decisión que debía tomar en segundos, sin certeza alguna sobre cuál era la opción correcta.

—¿Cómo sé que no me estás manipulando? —preguntó, dirigiéndose a Leonor, buscando en su rostro alguna grieta que delatara la mentira.

—No lo sabes —respondió Leonor, con una honestidad cruda que resultaba casi más perturbadora que cualquier engaño—.

Pero yo he estudiado este ritual durante años.

Conozco sus riesgos mejor que nadie en esta sala.

Si la sacas ahora, a la fuerza, en medio del proceso, las probabilidades de que sobreviva son mínimas.

Ezequiel se acercó a Sofía, hablando en voz baja, solo para ella.

El círculo entero pareció contener la respiración durante los segundos que Sofía tardó en decidir, cada una de las figuras encapuchadas inmóvil, expectante, como si el destino completo de la ceremonia dependiera de esa única palabra que todavía no había pronunciado.

—Es tu decisión. Sea cual sea, te apoyo.

Sofía lo miró, sorprendida por la ausencia total de presión en sus palabras, un contraste marcado con el patrón de sobreprotección que había caracterizado buena parte de su relación en el pasado.

—¿No vas a decirme qué crees que debería hacer?

—No es mi hermana. No es mi decisión. —Su voz era firme, pero suave—. Confío en que, sea cual sea tu elección, la tomas desde el amor, no desde el miedo.

Esas palabras, extrañamente, le dieron a Sofía la claridad que necesitaba. Miró a Valentina, cuya respiración se había vuelto trabajosa, cuyo rostro reflejaba un sufrimiento que ninguna decisión apresurada debía ignorar.

Miró a Leonor, buscando, por última vez, algún indicio de la verdad detrás de sus palabras.

—Si te equivocas —dijo Sofía finalmente, la voz temblando pero firme—, si esto es una mentira, no habrá suficiente venganza en el mundo para lo que te haré.

—Entiendo el riesgo que asumes al confiar en mí —respondió Leonor, casi con un dejo de respeto genuino—. Pero es la decisión correcta.

—Voy a confiar en ti. Por ahora. Solo por esto.

Leonor asintió, y algo en su expresión, apenas perceptible, sugirió que la decisión de Sofía había significado algo más profundo de lo que su tono calculador dejaba entrever.

—Entonces necesito que te acerques —dijo Leonor—. El ritual, en su etapa final, requiere la presencia de un vínculo de sangre directo. Tu hermana necesita anclarse a algo real para completar el proceso sin perderse en él.

Sofía dio un paso adelante, sintiendo el peso de cada palabra pronunciada, el peso de una tregua que ninguna de las dos había imaginado posible.