Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 27
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Capítulo 27

Casi demasiado tarde

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—¡Valentina! —gritó Sofía, corriendo hacia adelante antes de que Ezequiel pudiera detenerla.

Un grupo de figuras encapuchadas, dispuestas en círculo alrededor de Valentina, se giraron al unísono ante la interrupción. En el centro, dirigiendo el ritual con una serenidad inquietante, estaba Leonor, vestida con una simplicidad que contrastaba con el poder que emanaba de su postura.

—Sofía —dijo, sin sorpresa aparente, como si hubiera anticipado exactamente este momento—. Llegas justo a tiempo para ver el final.

—Detén esto ahora mismo —exigió Sofía, intentando avanzar, solo para encontrarse bloqueada por dos de las figuras encapuchadas.

Ezequiel se movió hacia el frente, colocándose entre Sofía y el resto del círculo, con una determinación feroz en la mirada.

Sofía sintió que cada segundo de silencio, mientras esperaba una señal de Valentina, se estiraba de una forma casi física, el corazón latiéndole tan fuerte que temió que los encapuchados pudieran escucharlo desde donde estaban.

—No vamos a dejar que le hagas esto —dijo, dirigiéndose directamente a Leonor.

Leonor lo estudió un momento, casi con curiosidad académica, antes de responder.

—Ezequiel. Veo que finalmente asumiste el liderazgo que tu padre tanto quería para ti. —Su mirada se desvió brevemente hacia Augusto, que había permanecido en las sombras del pasillo, tenso—. Qué reencuentro tan interesante.

—Leonor —dijo él, la voz cargada de una historia que Sofía apenas empezaba a comprender—. Esto tiene que terminar.

—¿Terminar? —Leonor soltó una risa breve, sin humor—. Apenas está comenzando.

Sofía, ignorando el intercambio tenso entre Leonor y Augusto, se concentró en Valentina, cuya expresión reflejaba una mezcla de dolor y desorientación que le partió el corazón.

—Valentina, resiste. Estamos aquí.

Su hermana intentó hablar, pero el esfuerzo pareció costarle una energía que apenas podía sostener. El resplandor en su muñeca se intensificaba con cada segundo que pasaba.

—Si interrumpen el ritual ahora —dijo Leonor, con una calma gélida que no dejaba espacio para dudas—, ella no sobrevive. El proceso ya empezó. Detenerlo a medio camino es más peligroso que dejarlo completarse.

—No te creo —dijo Sofía, aunque una parte de ella, la que había pasado semanas leyendo sobre las herederas anteriores, temía que fuera verdad.

—No tienes que creerme —respondió Leonor—. Solo tienes que decidir, en los próximos minutos, si estás dispuesta a arriesgar su vida por desconfiar de mí.

El silencio que siguió se sintió eterno, cargado del peso imposible de una decisión que ninguno de ellos estaba preparado para tomar.