Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 25
56%

Capítulo 25

La verdad del padre

· · ·

Durante el trayecto hacia la propiedad, en la quietud del auto avanzando por caminos poco iluminados, Augusto finalmente habló.

—Conocí a Leonor mucho antes de que ella fuera la Leonor que ustedes conocen —dijo, la mirada fija en el camino oscuro—. Antes de todo lo que definió su vida después. Antes, incluso, de que tu madre y yo nos conociéramos, Ezequiel.

—¿Qué tipo de relación tuvieron? —preguntó Sofía, desde el asiento trasero, sintiendo que la respuesta tocaría algo más profundo de lo esperado.

—Fuimos aliados, en un momento en que dos bandos rivales todavía intentaban coexistir sin destruirse mutuamente. Trabajamos juntos en algo importante. Algo que salió mal.

—¿Qué salió mal? —insistió Ezequiel.

Su padre suspiró, y por primera vez en la vida de Ezequiel, sonó genuinamente arrepentido de algo.

Sofía, escuchando la confesión de Augusto, no pudo evitar preguntarse cómo habría sido su propia vida si esa alianza rota entre Leonor y él nunca hubiera existido.

¿Habría su madre elegido un camino distinto?

¿Habría ella misma crecido con una madre presente, común, ajena a pactos y linajes?

Descartó rápidamente el ejercicio, consciente de que las preguntas sin respuesta solo servían para distraerla del peligro inmediato que todavía tenían por delante, pero la idea se le quedó rondando, silenciosa, durante el resto del viaje.

Sofía se quedó mirando el perfil de Augusto en la penumbra del auto, preguntándose cuántas otras verdades incómodas cargaba ese hombre, calladas durante años bajo capas de cálculo y control, esperando el momento en que ya no tuviera más remedio que soltarlas.

—Hubo una decisión que tomamos juntos, ella y yo, sobre cómo manejar cierta información peligrosa sobre el origen de todo esto. Yo elegí un camino. Ella eligió otro. Y esa diferencia terminó costándole algo que nunca me perdonó.

—¿Qué le costó?

—Su lugar dentro de la estructura original de poder. La apartaron, la culparon de un fracaso que, en parte, fue también mío. Yo callé. Dejé que cargara sola con las consecuencias.

Ezequiel sintió una mezcla compleja de emociones: la rabia hacia su padre por otra verdad ocultada durante años, pero también, extrañamente, una comprensión más profunda de quién era Leonor antes de convertirse en la figura fría y calculadora que todos conocían.

—Eso explica mucho —murmuró Sofía, procesando la información con una mezcla similar de sentimientos—. La forma en que construyó todo esto, el poder que ha buscado desde entonces. No es solo ambición.

—Es venganza —completó Ezequiel—. O al menos, empezó siéndolo.

—No estoy justificando nada de lo que ha hecho después —aclaró Augusto—. Pero quería que lo supieran antes de enfrentarla. Porque lo que está haciendo ahora, con Valentina... creo que también tiene algo que ver conmigo. Una manera de completar, finalmente, lo que empezamos juntos hace tantos años.

El silencio que siguió se sintió cargado de una nueva comprensión, incómoda pero necesaria.

Sofía, mirando por la ventana la oscuridad del camino, notó que algo dentro de ella empezaba a reorganizarse: la imagen de su madre, siempre tan monolítica en su frialdad, adquiría de pronto capas que nunca había considerado.

—Eso no la excusa —dijo, en voz baja—. Pero tal vez explica por qué.