Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 24
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Capítulo 24

La ubicación

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Contactaron a Tomás de inmediato, compartiendo la ubicación exacta y coordinando un plan que, por primera vez en toda la búsqueda, se sentía sólido, basado en información real en lugar de sospechas o rastros fríos.

—Conozco esa propiedad —dijo Tomás, revisando planos antiguos que había digitalizado semanas atrás—. Perteneció a una de las ramas más antiguas de tu familia, Ezequiel, abandonada tras un incidente que nunca quedó del todo claro en los registros oficiales.

—Mi padre debe saber más sobre eso —dijo Ezequiel, sintiendo la incomodidad familiar de tener que recurrir, una vez más, a la fuente de información que tantas veces había complicado las cosas más de lo que las había resuelto.

Cargaron el auto en un silencio cargado de determinación, cada objeto guardado con la precisión de quien no sabe si tendrá una segunda oportunidad de revisar que no falte nada esencial.

Fueron juntos a confrontarlo, esta vez sin dejar espacio para evasivas.

Augusto se quedó un momento más en la puerta antes de subir al auto, observando la casa que dejaban atrás con una expresión que Ezequiel no supo interpretar del todo: algo entre la nostalgia y el alivio de finalmente moverse hacia adelante.

—Necesito que me digas todo lo que sabes sobre esta propiedad —dijo Ezequiel, mostrándole el mapa recuperado—. Y no me refiero a una versión editada de la verdad.

Su padre observó el documento largamente, y algo en su rostro cambió de una manera que Ezequiel no había visto antes: no la calma calculadora habitual, sino una vulnerabilidad auténtica.

—Voy con ustedes —dijo, finalmente.

—¿Qué?

—Voy con ustedes. Cuando lleguen a ese lugar, van a necesitar a alguien que conozca su historia de primera mano.

—Nunca te ofreces a acompañarnos a nada —señaló Ezequiel, con la desconfianza automática que años de experiencia le habían enseñado a mantener.

—Porque nunca antes había tenido una cuenta pendiente tan directa con Leonor como la que tengo ahora.

La confesión, breve pero cargada de un peso evidente, dejó a Ezequiel y Sofía intercambiando una mirada de sorpresa mutua.

En todo el tiempo que llevaban lidiando con la sombra de Leonor, el padre de Ezequiel siempre había hablado de ella con una distancia calculada, casi profesional, nunca con la carga emocional que ahora se filtraba en su voz.

—¿Qué tipo de cuenta pendiente? —preguntó Sofía, con cautela.

Él no respondió de inmediato. Se quedó mirando el mapa un momento más, como si estuviera decidiendo cuánto de su historia estaba realmente dispuesto a compartir.

—Es una historia larga —dijo finalmente—. Y probablemente debí habérselas contado hace mucho tiempo.

Prepararon la partida para esa misma noche, con la determinación reforzada por la promesa de finalmente enfrentar, juntos, lo que fuera que esperara en ese terreno cargado de historia.

Mientras cargaban el auto con lo necesario, Ezequiel observó a su padre a la distancia, notando por primera vez algo que nunca había considerado: que quizás, detrás de toda la frialdad estratégica, había también una historia de dolor personal que nunca había tenido espacio para salir a la luz.