Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 23
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Capítulo 23

Lo que cambia todo

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Se sentaron en el suelo del almacén abandonado, todavía procesando la magnitud de lo que acababa de suceder. La adrenalina del enfrentamiento con Diego empezaba a ceder paso a un cansancio profundo, mezclado con algo parecido a la esperanza.

—Es la primera pista real que tenemos —dijo Ezequiel, examinando el documento bajo la luz de la linterna—. No filtrada, no editada. Una ubicación concreta.

—¿Confías en que sea genuina?

—No confío en Diego. Pero confío en que, en el forcejeo, no tuvo tiempo de fabricar nada. Esto se le cayó por accidente.

Sofía asintió, aunque una parte de ella todavía procesaba la traición de las últimas semanas, capa sobre capa: primero la Orden, luego el candidato que fingía ambigüedad, ahora la confirmación de que había estado jugando su propio juego desde el principio.

—Estoy cansada de que todos a nuestro alrededor tengan una agenda oculta —dijo, apoyando la cabeza contra el hombro de Ezequiel.

—Lo sé. —Él la rodeó con un brazo, buscando algo de consuelo mutuo en el gesto—. Pero al menos tú y yo ya no somos parte de ese patrón.

Sofía levantó la vista hacia él, reconociendo en esas palabras el eco directo de la grieta que habían enfrentado y cerrado apenas días atrás.

—Prométeme algo —dijo—. Después de esto, sin importar qué encontremos, no volvemos a ocultarnos nada. Ni por protección, ni por miedo, ni por practicidad.

—Te lo prometo. —Ezequiel tomó su mano, entrelazando los dedos con una firmeza deliberada—. Nada más. Nunca más.

Fue un momento breve pero significativo, un ancla emocional en medio de la tormenta que los rodeaba, el cierre definitivo de una herida que había amenazado con reabrirse varias veces a lo largo de las últimas semanas.

Cuando finalmente examinaron el documento con calma, la magnitud de lo que revelaba los dejó sin palabras.

—Ezequiel. Esta ubicación...

—Lo sé. —Su voz sonó tensa, casi incrédula—. Está dentro de un terreno que, técnicamente, todavía pertenece a mi familia.

—¿Ha estado escondida ahí todo este tiempo? ¿Justo bajo las narices de ustedes?

—Tiene sentido, de una manera retorcida. Nadie buscaría a la líder de una organización rival justo debajo de las narices de la gente que se supone debía contenerla.

Sofía sintió una mezcla de horror y determinación asentarse en su pecho. El escondite de su madre, el lugar donde probablemente retenían a Valentina, estaba más cerca de lo que jamás habrían imaginado.

—Tenemos que ir ahora —dijo, poniéndose de pie.

—Ahora —confirmó Ezequiel—. Pero esta vez, preparados de verdad.