Capítulo 18
Lo que el candidato ofrece
· · ·
Se reunieron con Diego en un lugar público, esta vez elegido por ellos: una cafetería concurrida cerca del centro, donde cualquier intento de emboscada sería demasiado arriesgado.
Diego llegó puntual, con un gesto distinta a la de su primer encuentro: menos seguro, más cauteloso.
El barrio alrededor de la cafetería tenía ese bullicio anónimo de las zonas céntricas, gente cruzando apurada sin prestar atención a nadie más, el tipo de anonimato que, por una vez, jugaba a favor de Sofía y Ezequiel.
—Aprecio que aceptaran —dijo, sentándose frente a ellos.
—No confiamos en ti —respondió Sofía, directa—. Pero queremos escuchar qué tienes para decir.
Sofía guardó el sobre editado en un cajón, no para descartarlo, sino porque algo le decía que, incompleto como estaba, todavía podía servirles de algo: aunque solo fuera para entender qué era, exactamente, lo que alguien no quería que vieran.
—Justo. —Diego suspiró, mirando entre los dos antes de continuar—. Las cosas dentro de la Orden no son tan simples como parecen desde afuera. Hay tensiones. Facciones. No todos apoyamos el plan con respecto a Valentina.
—¿Por qué debería importarnos tu conflicto interno? —preguntó Ezequiel.
—Porque puede jugar a su favor, si saben usarlo bien.
Diego deslizó sobre la mesa un sobre, aparentemente como muestra de buena voluntad.
—Esto es parte de lo que sé sobre la ubicación actual de la Orden, y sobre el estado de Valentina. Considérenlo un gesto de buena fe.
Sofía tomó el sobre con cautela, sin abrirlo todavía.
—¿Y qué esperas a cambio?
—Nada, por ahora. Solo que consideren que no todos ahí son iguales.
Después de que se fue, Sofía y Ezequiel se permitieron, por primera vez en días, un breve respiro.
La reconciliación de la noche anterior parecía haber suavizado la tensión constante entre ellos, y hubo algo casi normal en la forma en que caminaron juntos de regreso, tomados de la mano, discutiendo la información con una calma renovada.
Al llegar al refugio, abrieron el sobre con cuidado. Dentro había documentos, mapas, fragmentos de comunicaciones internas.
Pero mientras Ezequiel los revisaba con atención, su expresión cambió.
—Espera. Esto está incompleto. Deliberadamente.
—¿A qué te refieres?
—Mira. —Señaló varias secciones donde el texto se cortaba de forma abrupta, sin razón aparente—. No es un documento dañado. Es un documento editado. Alguien quitó partes específicas antes de dárnoslo.
Sofía sintió que la breve calma se desvanecía tan rápido como había llegado.
—Entonces Diego no nos está dando información completa. Nos está dando exactamente lo que quiere que veamos.