Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 12
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Capítulo 12

Leonor vive

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Ezequiel llegó al apartamento con un gesto que Sofía reconoció de inmediato: la de alguien cargando una verdad demasiado pesada para sostenerla en silencio mucho más tiempo.

—Habla —dijo ella, cerrando la puerta detrás de él.

Él no se sentó. Se quedó de pie, como si necesitara el cuerpo entero preparado para lo que iba a decir.

Sofía se descubrió, mientras procesaba la noticia, pensando en su propia reacción con una especie de distancia clínica: catalogando cada emoción como si estudiara a otra persona, incapaz todavía de sentir el peso completo de lo que significaba que su madre estuviera viva.

—Tu madre está viva, Sofía. Y lidera la Orden.

Se quedaron despiertos hasta tarde esa noche, sin dormir del todo, hablando en susurros sobre lo que significaba que Leonor siguiera viva: qué cambiaba, qué seguía igual, cuánto de la persona que Sofía recordaba de niña todavía existía debajo de la mujer que ahora lideraba una organización entera desde las sombras.

El nombre cayó en la habitación como una piedra en agua quieta. Sofía sintió una oleada de emociones que no supo ordenar: rabia, miedo, y algo más difícil de nombrar, parecido al alivio de que su madre no hubiera muerto, mezclado con el horror de saber en qué se había convertido su ausencia.

—¿Cómo lo supiste?

—Mi padre. Tardó un día en confirmarlo, pero es real.

Sofía se sentó despacio, procesando.

—Ella lo planeó todo. Desaparecer sin confirmación, dejar que todos asumiéramos lo peor, mientras construía esto en la sombra.

—Parece que sí.

Sofía esperó la punzada de traición que solía acompañar cada nueva revelación sobre su madre. Pero lo que sintió, en cambio, fue algo distinto: gratitud, extraña y silenciosa, hacia el hombre frente a ella.

—Gracias por decírmelo hoy —dijo—. No en tres días, como habría pasado antes.

Ezequiel esbozó una sonrisa cansada.

—Estoy aprendiendo.

El celular de Sofía vibró antes de que pudiera responder. Un mensaje de un número desconocido, con un tono que reconoció de inmediato, aunque llevaran meses sin comunicarse.

«Tu hermana está a salvo. Por ahora. Ven sola si la quieres de vuelta.»

Sofía leyó el mensaje dos veces, sintiendo que la vieja costumbre de su madre —control disfrazado de generosidad— seguía intacta.

—Es ella —dijo, mostrándole el teléfono a Ezequiel.

Él leyó el mensaje, y su expresión se endureció.

—«Ven sola.» Por supuesto que dice eso.

—Sé lo que está intentando. Aislarme. Como siempre.

—¿Y qué vas a hacer?

Sofía se quedó mirando la pantalla un momento más, sintiendo el viejo instinto de obedecer, de protegerlo a él manteniéndolo fuera del peligro, resurgir con una fuerza casi física.

Pero recordó la promesa hecha apenas minutos antes.

—Todavía no lo sé —admitió—. Pero no voy a decidirlo sola tampoco.