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Espero para actuar hasta que es lo suficientemente tarde como para saber que la mayoría del instituto estará dormido, y el pueblo, vacío.
Mientras bajo por el ascensor la vista a través del cristal es oscura, con solo un inquietante resplandor de los líquenes bioluminiscentes que se aferran a las formaciones de la cueva.
No sé por qué estoy tan segura de mi sueño, pero lo estoy. Estoy segura de otra cosa también: mis objetivos son diferentes a los de las Familias.
Kor puede haber ayudado a curar a Rafe, pero estaba dispuesto a dispararle y raptar a Hilde. Además, el Gran Maestro ha respaldado sus decisiones.
Es hora de que admita que pertenezco a Génesis, a este lugar, junto a la persona que comparte mis objetivos.
Puede que hayamos llegado por caminos diferentes a la misma conclusión, pero los dos queremos que la sociedad de los Hacedores y la sociedad provincial aprendan de forma segura la una de la otra.
Después de ocuparme de Hilde, voy a contarle toda la verdad.
Y después voy a besarlo de nuevo.
Juntos Michael y yo vamos a idear un plan para que tanto los Hacedores como las Familias empiecen a hacer las cosas de otra manera. He terminado de ser un mero peón para las Familias. Dejaré que piensen que aún lo soy, pero es hora de hacer las cosas a mi manera.
Las puertas del ascensor se abren, y el andén luce abandonado y silencioso mientras me dirijo al submarino.
Utilizo el destello de mis poderes de sire para iluminar la cala negra como la tinta.
No hay rastro de los sucesos de hace unas horas.
Las huellas han sido borradas por el mar.
También la sangre. El submarino parece intacto.
Supongo que la Guardia planea ocuparse de él más tarde.
Las olas son tan fuertes que ahogan cualquier otro sonido. Por eso no oigo el otro ascensor o la puerta.
Pero un reflejo en el agua me alerta de que ya no estoy sola en la playa.
Me giro y Kor está de pie detrás de mí con su destello sire. Alfie y Roman y los otros dos hombres se dirigen rápidamente al submarino.
—Creía que estabas encerrado —digo con el estómago contraído. Me alegra ver que ninguno está herido, pero algo no va bien.
—Nuestro otro operativo hizo lo que tú no pudiste y nos liberó.
Un motor ruge mientras el submarino se enciende.
—Tenía un plan. Te habría liberado.
—Te creo —dice. Da un paso hacia mí y coge mis dos manos entre las suyas, nuestros destellos de sire parpadean.
Pero estamos lo suficientemente cerca para que pueda ver la súplica en sus ojos—.
Debería haberte creído antes. Ahora que entiendo los riesgos asociados al gas, entiendo por qué tuviste que interferir.
Fui un arrogante y demasiado engreído y debería haberte escuchado cuando estabas en posición de saber más que yo.
Emociones disonantes entrechocan en mi interior. Estoy convencida de que Kor tiene buenas intenciones y aquí está disculpándose.
Pero sé que ninguna de sus palabras importa si tiene a Hilde.
—Dijiste que habías encontrado otro donante universal sire. Te bebiste su sangre para recuperar fuerzas antes.
Cuando estuvieron en el submarino, Grey no pudo estar por Kor, porque estaba reuniendo a los otros hombres y cargando las armas.
Kor asiente.
—¿Está en el submarino?
—No, solo bolsas de sangre refrigerada.
Ah. Así que el sueño era más metafórico.
—¿Está a salvo? ¿La están tratando bien?
—Sí, Ada, te lo juro. Ella ha accedido a donar de buena gana, y ha sido muy útil para ayudarme con mi tratamiento.
Un diminuto porcentaje de la tensión en mis hombros se libera. No me gusta, pero al menos sé que Hilde está a salvo de momento.
Kor continúa:
—Tenemos que irnos antes de que alguien se dé cuenta de que nos han liberado. ¿Te vienes con nosotros?
Sus manos aprietan las mías con fuerza, posesivamente. Pero ya no soy su compinche.
Sacudo la cabeza.
—Ven, por favor. —Su voz se quiebra—. No dejaré que vuelva a ocurrir algo así. Confío en ti; me aseguraré de que la Cámara Interior y el Oculus también lo hagan.
Me mira con la misma sonrisa triste que ha roto un millón de corazones.
Él cree plenamente en su actuación, pero yo no.
Sin embargo, si está dispuesto a confiar en mí, puedo utilizar esa confianza para conseguir lo que necesito.
—No. Creo que puedo serte más útil aquí por ahora.
En realidad, es él quien me será útil. Menos mal que he tenido mucha práctica mintiendo.
Un movimiento junto a la estación atrae mi atención. Hay alguien allí, pero la noche lo cubre. Un viento chillón se cierne sobre la orilla y me estremezco por el frío.
La figura sombría da un paso adelante.
—¿Ada? —pregunta una voz demasiado familiar.
Aparto mis manos de las de Kor, con el corazón en el estómago.
Una helioantorcha se enciende y revela el rostro horrorizado de Michael.
—¿Qué haces aquí? —pregunta con voz hueca.
Sabe lo que estoy haciendo. Ha oído lo que ha dicho Kor. Lo sé, porque lo dice su mirada. Incredulidad, miedo, ira.
Angustia.
—Ah —continúa Kor—. Parece que os conocéis bien.
—¿Qué está pasando? —susurra Michael con las sombras jugando sobre su rostro. El rostro que he sostenido en mis manos.
—Puedo explicártelo... —me ahogo en un sollozo.
¿Por qué ha tenido que pasar esto ahora? Justo cuando por fin he decidido dónde quiero quedarme.
Por él. Por el hermoso mundo que me ha mostrado.
Él nunca me perdonará.
Kor sigue hablando, pero nada podría hacer que me importara lo que él está diciendo. Miro fijamente a los ojos iluminados por la helioantorcha de Michael y, al ver toda esa traición hacia mí, siento un dolor real y físico en el pecho.
—¿No somos afortunados por haberlo reclutado?
Kor está sonriendo a Michael.
Espera.
¿Qué?
—Prometeo organizó nuestra presentación.
No proceso sus palabras. Es como si estuviera hablando otro idioma. Al igual que mi cerebro no está recibiendo suficiente oxígeno para pensar, para ser capaz de encajar las piezas.
¿Cómo puede ser Michael un espía? Es la persona más honesta que conozco.
También es la persona que más quiere ayudar a la gente provincial.
Kor nos mira confuso. Luego se da cuenta de lo que sucede.
—Ah, ya veo. Tenía la impresión de que te gustaba el rubio.
Michael sigue sin decir nada. No ha intentado negarlo. ¿Por qué no lo niega? Se me hace un nudo en la garganta y me siento mareada. Necesito que lo niegue.
En la oscuridad, no puedo distinguir si el estruendo de mis oídos es el de las olas o el de mi pulso acelerado. No puedo decir si es la sal del mar en mi lengua o mis propias lágrimas.
—Ada —dice Kor—. Tenemos que irnos ahora. Última oportunidad.
Quiero quedarme aquí, donde está demasiado oscuro para ver la verdad.
Donde el viento y el agua pueden robar la realidad y ahogarla con la marea.
Pero eso no es una opción. Las opciones son volver a las Familias con Kor o quedarme con los Hacedores, pero sin Michael como mi aliado o como cualquier otra cosa.
Hace apenas unos momentos estaba tan segura de saber dónde estaba mi lealtad. Pero ¿ahora? Todos los que elijo parecen estar en el bando equivocado.
Pero mi decisión no depende de Michael. Mis creencias no han cambiado.
El plan no está arruinado, solo alterado.
Estoy demasiado conmocionada para hacer algo más que sacudir la cabeza.
—Si eso es lo que quieres.
Kor se inclina y me besa en la mejilla. Luego vuelve a encender su destello sire, que ilumina su rostro con un halo angelical.
—Adiós, Ada.
Tras una última mirada ferviente, se dirige al submarino.
Michael y yo permanecemos en silencio. El casco del submarino cruje mientras comienza a sumergirse, rociando agua hacia nosotros.
—Eres una gran actriz —dice finalmente Michael, con gotas de agua brillando en su pelo en la oscuridad—. Pensé que era todo real.
Pero es él el actor. Ahora lo veo. He sido demasiado joven para él todo el tiempo.
Una chica ingenua, tan fácilmente manipulable pensando que sabía quién era cuando en realidad no tenía ni idea.
El recuerdo de su beso que me avivaba ahora es hielo.
Quiero arañarme el estómago y arrancar los sentimientos que han arraigado.
Vuelvo a encender mi destello de sire para que podamos hablar cara a cara.
—Me sorprende que accedieras a traicionar tu hogar —le digo.
—El mundo provincial es un lugar hermoso y merece que compartamos nuestros conocimientos —responde rígido—. Me has convencido de ello.
Le tiembla la mandíbula.
—Pero... ¿sabes que ellos son los que se llevaron a Hilde? ¿Que van a usarla por su sangre?
—¿Qué te parece? —me reta.
Esta pregunta parece una trampa. No puedo poner en peligro mi plan haciendo que las Familias, o su espía, duden de mi compromiso.
—Solo me sorprende que estés de acuerdo con sus métodos.
—Entiendo que hay que hacer lo que sea necesario para lograr un objetivo que merece la pena —dice Michael.
Existía una chispa de esperanza en mi interior de que quizá la implicación de Michael fuera una especie de farsa. Pero, con esta respuesta, la chispa parpadea y se apaga. Si Michael está dispuesto a entregar a Hilde a las Familias, entonces él no es la persona a quien creía conocer.
—¿Hacías lo mismo con Vanguard? —me pregunta—. ¿Lo usaste como me usaste a mí, como un medio para un fin? Un príncipe seguro que es una herramienta poderosa para tener en la recámara.
Me siento mal.
—No ha sido así. Con ninguno de vosotros...
No debería haber dicho eso. Debería hacerle creer que todo fue una estrategia.
Pero a pesar de lo que ahora cree, Michael es la única persona a la que nunca se me ha dado bien mentir.
Suelta una carcajada sin gracia.
—Claro. Tú estabas en Florencia al mismo tiempo que nos avisaron de un sire en peligro —levanta las manos—. ¡Fui tan estúpido! ¡Como si fuera a encontrarme por casualidad con mi chica perfecta! Se gira y empieza a caminar hacia la estación.