Academia de musas 1. Exilio 40
95%

40

—Ojalá no hubieras venido —dice Kor avanzando por las rocas resbaladizas mientras se acerca a la orilla.

—¡Y ojalá me lo hubieras consultado para prevenirte de este error! —digo levantando la voz para que me escuche por encima del viento y las olas. Hay apenas unos metros de arena y agua entre nosotros, pero parece una distancia imposible.

—Sí, supongo que convencer a toda la orden de que eras digna de confianza fue un error —me responde.

Sus palabras me hieren.

—Puedes confiar en mí. Ydeberías hacerlo, porque si usas el gas, los resultados serán devastadores. Nuestros objetivos son los mismos, pero no puedes usar ese gas, o la gente morirá. Los asesinarás tú.

Con los ascensores inutilizados, no hay manera de que Kor suba a la isla, pero tampoco hay forma de que me llegue ayuda. Necesito convencerlo de que abandone su plan y tendré que hacerlo sola.

—Realmente vinimos con la esperanza de no herir a nadie, pero ahora que estamos aquí haremos los sacrificios necesarios —dice sin inmutarse.

—No puedes decirlo en serio.

—Ada, Ada... —Kor sacude la cabeza—. ¿Quién lo hará si no lo hago yo?

—pregunta, y señala su abdomen—. Ya he condenado a mi alma por beber la sangre de otros y, a pesar de eso, seguro que no me queda mucho tiempo en este mundo.

Pero antes de morir haré algo importante —dice levantando los brazos y mirando al cielo, con su larga melena ondeando al viento—.

El Gran Maestro me eligió para esto y Dios me ha preparado para ello.

Estoy dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para salvar el mundo. ..

Deja de hablar y agarra su cruz, sus ojos brillan en éxtasis.

Cuando resigo su mirada, me doy cuenta de que no son sus palabras las que lo han impactado, más bien dos pares de hermosas alas.

Un par perteneciente a una valquiria de cabello cobrizo —parece el cuadro de un ángel dibujado por Kor hecho realidad— y el otro par de un caballo de viento con un jinete escultural.

Kaylie, Peggy y Rafe bajan volando desde el acantilado. Después de todo, no estoy sola.

Kaylie aterriza en la playa con sus alas desplegadas, su cara feroz y hermosa. Kor la mira con asombro y adoración. Rafe se apea de Peggy a unos metros de distancia. Tiene una pistola magnética en una mano y una espada en la otra. El calor del ha'i se eleva fuera de él como una olla hirviendo.

Kor alterna la mirada entre Rafe y Kaylie, luego grita hacia la escotilla:

—¡Refuerzos!

—Si me entregáis vuestras armas y permites que te detenga a ti y a tus camaradas, te protegeré de cualquier daño y te escoltaré para hablar con el Consejo —señala Rafe.

—No he venido hasta aquí para que me arresten —dice Kor, levantando con frialdad una pistola y apuntando a Rafe.

—¡Esto no es necesario! —grito con pánico en la voz dando un paso adelante.

Alfie y Roman salen por la escotilla hacia la playa.

Roman va armado, pero parece nervioso. Se queda pasmado al ver a una valquiria y un caballo de viento y se persigna.

Alfie está sosteniendo una lata parecida a un extintor con una manguera de pulverización que debe ser el gas antimateria.

Apunta la boquilla como un arma. Puede que no haya niebla aquí abajo, pero si rocía el gas y sucede como lo esperamos, podría herir seriamente a Kaylie y a Peggy.

Además, Rafe y yo perderíamos nuestras habilidades sire.

—No... —empiezo a decir en el momento en el que Rafe se mueve para interceptar a Alfie y que Kor carga su arma—. ¡No! Kor, no podemos...

Y entonces dispara.

Oigo el chasquido de la bala. Luego llega el silencio.

Alguien a lo lejos rompe el falso oasis cuando empieza a gritar.

No, no está lejos. Soy yo quien grita.

Pero el resto de mi cuerpo está congelado. Todo lo que puedo hacer es mirar fijamente como una flor roja despliega sus pétalos en la parte izquierda del pecho de Rafe. Como una flor en su chaqueta, parece tan elegante, listo para bailar.

El recuerdo del sonido de la detonación retumba una y otra vez en mis oídos.

Y entonces Rafe cae al suelo. No sabía que Rafe Vanguard podía derrumbarse. El tiempo se reanuda cuando veo a Kaylie corriendo hacia él. Yentonces yo también corro.

Kaylie está tratando de detener el flujo de sangre, pero ya no es una flor. Ahora es un ramo y se extiende convirtiéndose en un campo ante mis ojos.

Rafe respira con dificultad, con los ojos vidriosos. Consigue sonreírme.

—Estaré bien —musita, y veo su boca formar las palabras, pero no puedo oírlas.

Todo lo que oigo es el eco de la detonación y el sonido de mi propio pulso en mi cabeza.

Kaylie me habla insistente, pero estoy aturdida.

Kor acaba de disparar a Rafe.

Me lo repito: le ha disparado.

¿Por qué no he dejado que Rafe trajera a la Guardia? Esto es culpa mía. Esto es mi culpa.

—¡Ada! —el grito de Kaylie por fin rompe mi niebla mental—. Sus habilidades de sire no lo están curando, necesita tu ayuda.

Sí, puedo ayudar.

Me agacho y hago shiin con las manos. Alineo el triángulo hecho con mis dedos sobre las flores pegajosas de su pecho. Conduzco ha'i una y otra vez.

«Por favor, por favor, por favor», le suplico a la fuente dentro de mí.

Pero no cura.

—¿Por qué no se cura? —grito presa del pánico, sabiendo que estoy agotando mi propio ha'i, aunque no estoy dispuesta a rendirme.

—Es una bala de antimateria —dice Kor.

Me giro y lo veo de pie con el rostro pálido mirando su mano temblorosa que todavía aprieta el gatillo de la pistola. Peggy se agita y empieza a corcovear y batir las alas. Alfie gira la boquilla del gas hacia ella.

—¡No la lastimes! —exige Kor.

—Tenemos que extraer la bala —dice Kaylie, ignorando la amenaza del gas que Alfie ha girado en su dirección.

Ella desgarra la camisa de Rafe.

—No le dio en el corazón por poco, pero la antimateria en su cuerpo durante demasiado tiempo, cerca de sus órganos vitales.

.. —Detiene la charla mientras usa una cuchilla de su cuchara para cortar el pecho de mármol, a través del tatuaje del dragón.

Rafe está tan inconsciente que ni siquiera se inmuta—.

La bala le ha perforado el pulmón. Necesito drenar el aire, así que es urgente que tú saques la bala.

No sé cómo lo hago, pero mientras Kaylie hace una incisión, meto la mano en el pecho de Rafe.

Me concentro en el sonido de su voz dándome cuidadosas instrucciones.

Mi mano está cubierta de sangre mientras saco la bala, la antimateria me quema los dedos hasta que dejo caer la bala brillante como un rubí sobre la arena húmeda.

Después empiezo a conducir ha'i al pecho de Rafe y esta vez sí que funciona. La sangre que sale de su cuerpo disminuye. El tejido comienza a repararse, pero Rafe ha perdido mucha sangre. No se está curando lo suficientemente rápido, y siento mi fuerza flaquear.

—Ayúdame —le grito a Kor, que me mira horrorizado.

—Nunca he conducido así...

Luego mira a Roman, que parece igual de aterrorizado e inseguro con lágrimas en los ojos.

—¿Quieres tener su muerte en tu conciencia? —grito. Veo la indecisión en sus ojos, la guerra del orgullo y la culpa—. ¡Kor, necesito que me ayudes a salvarle! —digo ahogándome en mis sollozos—. ¡Ayúdame!

Le exijo ayuda de nuevo. Tiene que ayudarme. No importa lo que haya dicho sobre lidiar con los daños colaterales, sé que no es un asesino.

Suelta el arma y viene corriendo.

Le muestro a Kor cómo alinear su shiin junto al mío. Cuando nuestras manos casan, conducimos un poderoso flujo de ha'i a través del triángulo formado por nuestros dedos. El cuerpo de Rafe se sacude erráticamente.

—¡Otra vez! —le grito, y Rafe suelta una bocanada profunda con la siguiente descarga de ha'i. Luego parece respirar con más facilidad.

El flujo de ha'i ha sido asombroso, más de lo que nunca he sentido el mío o el de otra persona.

Pero ahora Kor parece tembloroso y débil.

Recuerdo a Rafe explicándome que el dopaje sanguíneo da a un sire un tremendo poder, pero que también hace que se agote más rápido.

Kor no parece tener la fuerza para seguir conduciendo.

Pero Rafe aún no está completamente curado.

La cara de Kaylie es una máscara de horror. Ella se presiona los nudillos en los labios haciendo el saludo real de Avant. No cree que su príncipe sobreviva.

Sé lo que tengo que hacer.

Agarro la hoja de Kaylie y sin pensármelo demasiado me hago un corte en el antebrazo.

La sangre corre a través del corte y dirijo su goteo directamente hacia la boca de Rafe.

La adrenalina y el ha'i corren a través de mí con tal fuerza que veo que la hemorragia se ralentiza y la piel alrededor de la herida se tensa mientras mi cuerpo intenta curarse a sí mismo.

Golpeo el corte con la punta del cuchillo para mantener la sangre fluyendo.

De algún modo, mi mente ahoga el dolor. Me siento como un observador externo, viendo como la cálida vida de mi interior sale a chorros de la terrible herida hacia los labios de Rafe.

Kor se aleja de nosotros y veo una expresión en su cara que no puede describirse como otra cosa que hambre.

—¿Deberíamos retirarnos? —le oigo a Roman preguntarle a Kor. Pero no oigo su respuesta mientras Rafe parpadea y se traga mi sangre derramándose por su boca.

Tanta sangre. Hasta que me interrumpe con la voz desgarrada.

—¡Basta! —Me aparta el brazo—. Cántame tu poder.

No lo entiendo, pero en este momento, haré lo que me pida.

Si él quiere que cante, cantaré. Así que deshecho la hoja y empiezo a tararear «Nocturno» de Yosef HaLevi.

El corte en mi brazo se cura mientras veo el efecto de mi sangre ayudando lentamente a Rafe.

Me agarra las manos entre las suyas mientras tarareo.

Y entonces algo en el aire cambia. Siento que el ha'i de Rafe se duplica, luego se triplica, amplificándose a niveles que nunca hubiera creído posibles. Su cuerpo tiembla mientras su curación sire se acelera.

Rafe jadea y se incorpora bruscamente, con las heridas ya cerradas.

El sonido de una trompeta fuerza mi mirada hacia el acantilado, donde veo la Guardia Avant con lo que parece una gran ballesta del tamaño de un camión.

Una figura se separa del resto, despliega sus alas y vuela hacia nosotros.

Es Grey. Aterriza enfrente de Rafe, bloqueándolo de cualquier amenaza potencial.

—Su alteza, sé que ordenó a la Guardia que aguantara, pero Simon voló hasta el acantilado para alertarnos de que había sido atacado —explica Grey.

¿Simon? ¿Voló hasta el acantilado? Bien por él.

Grey saca una espada larga, volviéndose para mirar a Kor, quien está huyendo hacia el submarino; Alfie y Roman van justo detrás de él.

—Adelante —Grey grita tras ellos—, subid a vuestra nave. La ballesta hará un trabajo rápido con ella y con vosotros.

Todos miramos hacia el acantilado, donde la Guardia ha apuntado la ballesta gigante, o, mejor dicho, la balista, otro de los inventos originales de Da Vinci, hacia el submarino. Los tres jóvenes dejan de correr y Grey les quita sus armas.

Rafe se levanta con confianza. La sangre cubre su pecho y su herida ahora es una cicatriz que atraviesa el ojo del dragón que guarda su corazón.

—Tú y toda la Guardia —le dice a Grey— fuisteis testigos de que, a pesar de lo que este hombre hizo, también ayudó a salvar mi vida. Que eso se tenga en cuenta cuando su destino se decida.

Grey inclina la cabeza.

—Informaremos al Consejo.

Rafe se vuelve hacia Kor.

—¿Estás dispuesto a cooperar ahora?

Kor mira al guardia y después a mí.

—No tienes elección —le digo, intentando comunicarle con la mirada que debe confiar en mí.

Kor asiente.

—¿Tienes más balas de antimateria, armas y gas ionizado?

—Sí.

—¿Y más hombres?

—Dos hombres más. Puedo retirarlos y entregarte la antimateria restante con las armas.

Kor camina hacia el borde de las rocas, donde el submarino espera, parcialmente sumergido. Me sorprende que haya aceptado. Parece demasiado ansioso por entrar en el submarino, lo que me pone nerviosa.

—No sin supervisión —apunta Grey. Sujeta a Alfie y a Roman con lazos de seda de araña y luego se mueve para escoltar a Kor al submarino—.

Te lo advierto, filisteo —y vuelve a señalar al guardia que aguarda en lo alto del acantilado—, si intentas algo mientras estás dentro de la nave, no dudarán en aniquilarla.

Poco después de entrar, el submarino se apaga, y luego Kor sale de vuelta, seguido por dos hombres aterrorizados.

Uno parece el capitán del submarino y al otro lo reconozco como el guardia de seguridad que Rafe dejó inconsciente en la isla del Hermano del Norte.

Grey está cerca detrás de ellos, llevando un gran petate negro, presumiblemente conteniendo sus armas.

Mientras Kor deja que Kaylie le ate las manos, me fijo en que sus mejillas están de nuevo llenas de color y que su fuerza parece haber vuelto.

Grey y Kaylie conducen a los cinco hombres a la prisión.

Cuando todos los curiosos se han ido, Rafe se tambalea y yo lo guío para que se siente sobre una roca. Una sombra cae sobre nosotros cuando una nube tapa el sol.

Rafe mira hacia arriba y sonríe, y mis ojos siguen los suyos.

No, no es una nube.

Alas enormes y brillantes escamas negras eclipsan el cielo. Veo un azote de cola, garras afiladas y ojos feroces e inteligentes. Yentonces la majestuosa criatura aterriza enfrente de nosotros, con el príncipe Alexander a horcajadas sobre su lomo.

Nos sube a Rafe y a mí con él.

Nos alejamos volando hacia el cielo anaranjado al atardecer en un maldito dragón.