38 #3
El traje de cumpleaños con el que he dormido no me sirve.
Necesito vestirme para la velocidad y el frío.
Me pongo un sujetador deportivo y un jersey de cuello de cisne, también unas mallas y los vaqueros con los trabajaba en la granja de la isla.
Doy gracias por tener la chaqueta de cuero de Rafe, que es lo bastante resistente para protegerme del viento en un viaje traicionero.
Hay una bolsa casera de frutos secos (cuidadosamente preparada por Sal) en el bolsillo.
Perfecto. Quién sabe cuándo será la próxima vez que pueda comer.
No tengo tiempo de arreglarme el pelo, así que me dejo la corona trenzada ligeramente despeinada con la bonita hiedra en su interior.
Me cuelgo la aerotabla en el hombro, camuflada en mi bolsa de snowboard , y respiro hondo.
¿Qué estoy haciendo? Es una idea terrible. Soy la última persona capaz de hacer esto. Ni siquiera Georgie y Rafe creen que lo logre.
Aparto todos mis miedos e inseguridades. Si arreglar mis errores significa ser irresponsable y tonta, entonces eso es todo lo que se necesita.
No quiero tener que explicar adónde voy, así que decido escabullirme por la cocina.
—¿Ada?
Mi plan para evitar a mi familia ha fallado, ya que mi madre está apoyada contra la encimera comiendo restos de tarta de cumpleaños. Es extraño que no esté vestida con la ropa de trabajo todavía, y es aún más extraño que esté comiendo voluntariamente algo con mantequilla y azúcar.
—¿Adónde vas?
Bueno, no puedo decírselo, ¿verdad? Pero hoy se me acabaron las mentiras.
—Voy a volver a Génesis.
—¿No ibas a despedirte?
Me quería despedir, pero me preocupaba que enfrentarme a mi familia me hiciera cambiar de opinión. Aún no estoy segura de no cambiar de opinión, considerando que mi convicción es tan estable como una burbuja de jabón.
Mi madre deja la tarta, se acerca y me abraza.
—Bien —me dice—. Estarás mejor allí.
Su abrazo es cálido, pero no me gusta que esté tan ansiosa por librarse de mí otra vez.
—Ojalá no tuviera que ser así —continúa—. Preferiría tenerte cerca. Te eché tanto de menos mientras no estabas.
Oh. La aprieto más fuerte.
—Te mantuve al margen tanto tiempo como pude, pero si tienes que estar implicada, es más seguro para ti allí que aquí.
—Espera. ¿Qué quieres decir con que me mantuviste al margen? —murmuro en su hombro.
—No dejé que las Familias te iniciaran cuando cumpliste la mayoría de edad. No quería que conocieran tus habilidades y te convirtieran en su constante conejillo de indias.
¿Qué?
Rompo el abrazo y repito sus palabras en mi cabeza.
«No dejé que las Familias te iniciaran».
—¡Creía que no me iniciaron porque no era lo suficientemente buena!
Incluso pensando en ello ahora, resurge la familiar vergüenza.
Mi madre me coge la cara entre sus manos, me mira a los ojos y me dice:
—Ada, siempre has sido lo suficientemente buena.
Apenas puedo respirar.
Mi madre sigue hablando, acariciándome con suavidad la mejilla.
—La razón por la que finalmente les permití iniciarte es para que te reclutaran en el instituto. Quería que estuvieras allí por tu propia seguridad. En el momento en el que las Familias se enteraron de tu don, supe que debía alejarte de ellos.
Mi don. ¿Es eso lo que ella piensa de mis habilidades? Entonces, ¿cómo pudo hacerme verlo como una maldición?
Mi pulso retumba en mis oídos y mi voz tiembla cuando le confieso:
—Pensé que me tenías miedo.
—Nunca te he tenido miedo. Solo tuve miedo por ti. Estaba aterrorizada de lo que las Familias podrían llegar a hacerte si entendían lo que eres.
Siento un escozor detrás de los ojos y en la parte inferior de la garganta, es como si mi mente estuviera reorganizando mi visión de la realidad una vez más.
Mamá se apoya en la encimera con un suspiro.
—Ada, tus habilidades son genéticas; vienen de familia.
Tu abuela no las tenía, pero pensó que yo podría tenerlas.
Cuando era joven, me ponían a prueba constantemente.
Pasé la mitad de mis años de secundaria siendo analizada en un laboratorio hasta que determinaron que no era lo que esperaban. No quería eso para ti.
Ni siquiera sé qué decir. Es lo último que esperaba oír. Quiero decir, sabía que ser una sire era genético. Debería haber pensado que podría ser cosa de familia.
—Toda mi vida —continúa mi madre— he sentido que tenía que trabajar más duro que los demás para compensar el hecho de no haber nacido excepcional.
Se convirtió en un reto. Si podía perfeccionar todo lo que estaba bajo mi control, tal vez lo que quedara fuera importaría menos.
Pero nunca quise que te sintieras así. No podía soportar que cargaras con el peso del escrutinio de las Familias como lo sufrí yo.
Yno necesitabas que te presionaran. Siempre te las has arreglado para ser excepcional basándote en tus propios criterios, no en los de los demás.
—Toma mis dos manos entre las suyas—. Yme siento muy orgullosa de ti por ello.
Retiro la mano, pero solo para poder limpiarme las mejillas mojadas. Yla nariz.
—¿Por qué no me has contado todo esto antes? Pensaba que era un fracaso.
—Lo siento mucho. Tu abuela... Ella intentaba motivarme explicándome las dificultades que había atravesado durante la infancia.
Pero siempre parecía como si estuviera tratando de manipular mis emociones para convertirme en lo que ella quería que yo fuera.
No quería hacerte eso, pero está claro que me pasé.
—Me da su servilleta para ayudarme con mi fuente de mocos—.
Pero, aunque he estado distante, ocupada, y no tan comunicativa como necesitabas, era porque estaba trabajando para mantenerte a salvo.
Todo lo que he hecho ha sido para protegerte.
¿Todos esos años de sentirme una inepta merecían esa protección?
La rabia por la posible respuesta a esa pregunta se ve ensombrecida por una profunda sensación de alivio.
Yun impulso extra en confiar en que el plan ridículo que estoy a punto de ejecutar es el correcto.
Si mi madre, que ha crecido con las Familias toda su vida, piensa que son tan peligrosas como para alejarlas de su hija, ¿qué dice eso de lo que son capaces?
Pero ahora que mi madre está siendo sincera conmigo, tal vez pueda ayudar.
—Mamá, Kor comenzó la siguiente etapa de la Operación Génesis antes de tiempo y necesito detenerlo. ¿Sabes algo más?
—Ojalá, pero el Oculus le dio a Kor rienda suelta para actuar sin la aprobación de la Cámara Interna y no ha compartido sus planes con ninguno de nosotros.
Ylos miembros de la Cámara Interna están molestos conmigo porque accidentalmente —pone la palabra entre comillas— se han borrado tus imágenes de la isla del Hermano del Norte, por lo que me están evitando.
Vaya, vaya, ella ha estado trabajando para mí detrás de las escenas y yo no tenía ni idea.
—No sé cómo hacer que Kor me escuche, si es que puedo llegar a él a tiempo.
Me acaricia el pelo.
—Ada, no tengo ninguna duda de que puedes hacerlo.
Hay un orgullo en su voz que me invade y llena las grietas de tantas viejas heridas.
—Eres tan valiente e ingeniosa que si ese chico escucha a alguien además de al Gran Maestro es a ti.
Me da un último abrazo y me besa la cabeza.
Es hora de hacerlo.
Y puedo hacerlo. Porque soy una sire y un Hacedor, y soy la leche de rápida en una aerotabla.
Y haré todo lo que sea necesario.