37 #2
Sus ojos, tan concentrados en mí hace un momento, no podrían estar más distantes.
—¿Qué pasa mañana? —le pregunto mientras guarda la guitarra en su funda.
—Avanzaremos con la siguiente fase de la Operación Génesis.
—¿Qué?
Todos mis músculos se tensan. Sabía que los interrogatorios que me han estado haciendo eran para organizar la expedición de un pequeño equipo a Arcadia. Pero pensaba que todavía no. No antes de que tuviera tiempo de asegurarme de que el plan cambiaba.
—Pensé que habías dicho que estaba programado para el otoño...
Esto es malo. Muy malo. Me levanto con cautela.
—Prometeo se puso muy contento con el regreso de la niña y por ello nos correspondió con nueva información, que indica que ya no es necesario que esperemos más —explica Kor.
—Pero todo esto va demasiado rápido, y la Guardia sigue en alerta...
—Esto te puede parecer rápido, pero llevo trabajando con Prometeo dos años. El Oculus ha estado esperando una oportunidad como esta durante generaciones. Esperamos poder evitar un enfrentamiento, pero estamos preparados para tratar con los militares si es necesario.
—¿Te refieres a luchar contra ellos?
No puedo evitar el horror en mi voz.
—Ada, tu panda de amigos de la escuela y cualquier otra cara bonita con la que hayas tenido un crush no son representativos de esta gente ya.
No todos son tan inocentes. ¿Entiendes lo que está en juego para nuestro mundo?
Necesitamos acceder a los Testamentos de los que nos hablaste, y hay que conseguir una piedra ha'i, o al menos las instrucciones de cómo hacerla.
Tiene razón en que no estoy familiarizada con la mayoría de la sociedad de los Hacedores.
Sé que las cosas son diferentes en Avant, y he visto cómo se resisten incluso los más bondadosos a compartir sus conocimientos.
El acceso a una piedra ha'i conllevaría que Kor dejara de beber sangre y continuara estando bien.
Podríamos ayudar a muchos otros a estar bien.
¿Vale la pena sacrificar a unos pocos por los millones de personas de este planeta?
No estoy preparada para tomar este tipo de decisiones.
—Además —Kor se levanta agarrando el crucifijo plateado de su cuello— hemos encontrado otro donante de sangre universal, pero, seamos honestos, no sé cuánto tiempo más voy a estar aquí. Esto tiene que ocurrir en cuanto antes.
—Kor, encontraremos la manera de...
—Mi salud no es lo importante. Solo soy una persona. El éxito de la Operación Génesis es lo único que importa. Si todo va según lo planeado, llegaremos sin ser detectados e iremos directos a por los pergaminos.
Kor trepa por la pared de la ventana y salta al suelo, luego se gira para ayudarme a pasar.
—Los pergaminos de los Testamentos están en un espacio muy público. Es una escuela. Hay profesores y niños... —digo mientras desciendo. La habitación de invitados está a oscuras, está abarrotada y huele a naftalina.
—Seremos cautos para evitar víctimas. Pero esto es demasiado importante. Demasiados años de historia aguardan este momento.
Camina a través de los obstáculos del cuarto y sale al pasillo.
«Víctimas». Mientras sigo a Kor por la gran escalera, me siento enferma de pavor.
¿Quiénes podrían ser esas víctimas? ¿Simon, de guardia en las escaleras del Arca?
¿Xander, en el escritorio, a pocas semanas de dar a luz?
¿Un maestro sofista en la biblioteca en el momento equivocado que seguro que se involucra porque no mira por su propio bien?
¿Les haría daño Kor por el bien de su misión? Ese no puede ser el camino. Esas no pueden ser las manos adecuadas para sanar al mundo.
Pienso en mi segundo nombre, Isabel, en honor a la reina Isabel de Castilla.
Sigue siendo una figura venerada en la historia; hay monumentos suyos por todo el mundo.
Es un nombre común en las Familias —tienen una conexión histórica con su reinado— y siempre me sorprendía cuánto la odiaba mi padre judío, quien escupía en su estatua al pasar por su lado en Washington D.
C. ¿Por qué eso me sorprendía por aquel entonces?
Su objetivo de lograr una España unificada valió decenas de miles de vidas y cientos de miles de exiliados.
Las Familias afirman haber superado su truculento origen, pero ¿cómo pueden no sentir los ecos del pasado en estas decisiones?
Al pie de la escalera le agarro la mano a Kor.
—Debería formar parte de esto. No podrás navegar por la isla sin mí.
—Nuestro nuevo informante de Génesis nos ayudará con eso.
—¿Quién es el nuevo espía?
Le he hecho esta pregunta a Kor muchas veces, pero no me lo dice. No suelta prenda de lo que se entera gracias a Prometeo y al nuevo informante. Si no puedo intervenir, el mundo de los Hacedores está realmente en peligro.
—Ada, ya te he dicho que te lo contaré todo cuando sea el momento.
Me besa la mano y luego se aleja, dirigiéndose hacia la puerta.
Nada de esto estaría pasando si no fuera por mí. Todo es culpa mía, pero no puedo detenerlo sin saber más detalles.
Solo se me ocurre una persona que podría estar dispuesta a ayudarme a saber más.