36 #2
—Ella está completamente sana y nunca lo sabrá ni le importará.
Sacudo la cabeza.
—Y es que ni siquiera te arrepientes.
Cierra los ojos y exhala, pero no responde.
Voy al lavabo a lavarme y a ponerme el pijama. Cuando salgo, miro hacia donde Hypatia duerme profundamente en el centro de una de las camas.
Rafe está tumbado con un pijama de seda a un lado de la segunda cama, mirándome con ojos desafiantes. En silencio, me dirijo al otro extremo de la cama, me arropo y miro fijamente al techo.
—Yo no soy el malo aquí.
—Bueno, sin duda, no eres el bueno.
—Tú tampoco.
El colchón se mueve debajo de mí mientras aproxima su cuerpo al mío. Giro la cara hacia él y me lo encuentro mucho más cerca de lo que creía. Añade en un susurro aterciopelado:
—Y quizá por eso nosotros funcionamos tan bien juntos.
El aroma de su cercanía invade mis sentidos. Trago con fuerza.
—No hay ningún «nosotros». Tú y yo ya no trabajamos juntos.
Parpadea. Yes como si se cayera un telón. Toda la vulnerabilidad se reemplaza por su frialdad habitual, todo atisbo de emoción desaparece.
—Si eso es lo quieres —dice con sorna. Su voz es dura y mezquina.
Le doy la espalda e intento dormir.
No duermo bien, pero pasar la noche en vilo con la mente acelerada también tiene sus ventajas.
He ordenado los pensamientos y sé cuál tiene que ser mi siguiente paso.
Rafe ha vuelto a la normalidad, no hay rastro del chico vulnerable de anoche. Hypatia se toma el asunto de que yo era una espía todo el tiempo con calma y ahora se encuentra mucho mejor.
Ella está embelesada con la televisión y me ofrece asombradas descripciones de varios dibujos animados y de las maravillas del canal del tiempo. Trato de que mis ojos no se posen en la cicatriz que rodea su delicado cuello. Oen los colmillos que ahora no se molesta en ocultarme al sonreír.
—¿Habías visto esto antes, Ada? —me pregunta emocionada sobre alguna serie juvenil—. Es una especie de distopía donde todos están retocados estéticamente y tienen que luchar hasta la muerte para ser coronados reyes o reinas del reino de Homecoming.
Resulta encantador saber que los estándares de belleza poco realistas de nuestra sociedad son como modificaciones distópicas para un extraño.
Es un poco raro ver la versión distorsionada de la realidad a través de la televisión después de estar tan lejos de todo durante tanto tiempo.
Creo que hacía meses que no me quejaba por tener poros.
Ayer me comí un segundo trozo de pizza sin sentirme culpable.
Es difícil separar la pantalla de Hypatia cuando llega la hora de irse.
—Nos equivocamos con los provinciales —dice al entregarme con solemnidad el mando a distancia—. La televisión es un invento asombroso.
Mientras los tres bajamos por el ascensor, le pregunto a Rafe:
—¿Estás preocupado?
—No. Es mi hermano, no mi padre.
El príncipe Alex está en el vestíbulo, llama mucho la atención con su pelo largo y su físico corpulento.
Se le ve guapo e intimidante, pero muy poco principesco con mucho cuero y en vaqueros.
Mi corazón da un vuelco cuando me doy cuenta de que Michael está con él.
Parece preocupado, agotado y adorablemente despeinado.
El dulce de Michael, quien no bebe sangre ni pone su vida en peligro.
Bueno, tal vez sí que amenaza mi vida; cuando levanta la vista y nuestros ojos se cruzan, el ritmo de mi pecho es como un ataque al corazón.
Amedida que me observa veo cómo su ansiedad desaparece.
Quiero correr hacia Michael. Abrazarle y contarle todo lo que ha pasado, pero ninguno de los dos se mueve.
Alex se acerca corriendo y estrecha a Hypatia contra él.
—Gracias al Conductor —jadea. Luego se vuelve rápidamente hacia Rafe—. ¿En qué estabas pensando? ¡Te dije que lo tenía todo bajo control! ¿No confías en Chorus? Hay que tener el justo equilibrio...
—Estoy seguro de que Chorus te dijo que volveríamos sanos y salvos. Ymira, gracias a mí. Ya Ada.
Los ojos furiosos de Alex se vuelven hacia mí.
—Oh, no la culpes de nada —le dice Rafe—. Sabes que todo fue idea mía. Necesitaba la ayuda de alguien. —Luego su sonrisa se vuelve diabólica y continúa—: Yno me iba a pasar una noche solo en un hotel de lujo.
Me muero por poner los ojos en blanco.
Alex mira con escepticismo la chaqueta de Rafe, que vuelvo a llevar puesta.
No significa nada, simplemente tenía frío.
—¿Estás bien? —me pregunta Michael, acercándose con cautela—. No sabía dónde estabas, si te habías ido voluntariamente o te habían secuestrado o...
Le pongo la mano en el brazo.
—Estoy bien. Siento haberte preocupado. —Odio estar a punto de mentirle otra vez, pero no hay manera de que pueda decir la verdad—. Estaba muy preocupada por Hypatia y, cuando Rafe me lo propuso, me emocioné de volver a ver Nueva York. No me di cuenta de que sería para tanto.
Mira, si Rafe está dispuesto a cargar con la culpa por mí, le dejaré hacerlo. Sin duda se lo merece.
El príncipe Alexander me mira desconfiado mientras hablo. Pero Rafe corrobora mi historia, y en su mente, no tiene motivos para mentir.
—Bien, vamos —dice el príncipe Alex—. Te escoltaremos de vuelta a Génesis.
Todos empiezan a dirigirse hacia la salida, pero yo me quedo quieta.
—No voy a volver con vosotros —les digo.
Ahora que sé lo que mi familia ha estado haciendo, me ha quedado claro que Génesis no es donde debo estar.
Necesito estar en casa para convencer a Kor y al resto de que hay una manera mejor de lograr nuestro objetivo.
Mamá puede pensar que estaré más segura en Génesis, pero ya estoy demasiado cansada de ser un mero peón, y desde que todo esto comenzó, eso es lo que he sido.
Es hora de empezar a hacer lo que creo que es lo correcto.
—Estar aquí me recuerda lo mucho que echo de menos a mi hogar, a mi familia.
—Algo dentro de mí muere al decirlo, al fingir que cualquier cosa de este mundo me atrae más que Génesis.
Rafe y Michael están bastante pasmados, pero el príncipe Alex no parece muy sorprendido—.
Solo he venido esta mañana a despedirme.
Rafe me fulmina con la mirada y sale del hotel sin mediar palabra.
Hypatia me da un largo abrazo e insiste en que le envíe palomas y Alex sigue a Rafe.
Michael se queda atrás.
—¿Estás segura de que esto es lo que quieres? —pregunta mientras sus cálidos ojos marrones buscan los míos.
—Lo he pensado mucho. Estoy segura. Contactaré con Georgie para que mande el resto de mis cosas.
Me miro las manos, algo se derrumba dentro de mí. Él se acerca.
—Puedes cambiar de opinión.
—No lo haré.
No esperaba decir nada más, pero es Michael, y estoy enfadada con Rafe. Necesito que me tranquilice.
Levanto la vista y digo:
—Me enteré de lo del dopaje sanguíneo.
Su expresión se vuelve tormentosa.
—Me pone enfermo —dice Michael— que alguien pueda robar sangre indiscriminadamente. En especial cuando nuestra gente se ha visto acusada de falsos robos de sangre.
Nuestra gente. No está hablando de los Hacedores.
Se está refiriendo a mí como algo más que un Hacedor.
Como un compañero judío. He oído hablar de la sangre de los libelos.
Mentiras sobre el pueblo judío robando la sangre de los niños contadas para justificar generaciones de atrocidades cometidas contra nosotros.
—Mi familia y yo hemos sufrido el odio por ser judíos en distintas épocas y en distintos países —dice Michael—.
Unirse a los Hacedores fue para ellos hallar un refugio contra el odio y la discriminación religiosa.
La idea de que el antisemitismo de los vampiros haya podido ganar cierta credibilidad gracias a las acciones de los Hacedores me revuelve el estómago.
No puedo creer que la práctica siga permitida en Avant. Pero si es eso por lo que te vas...
—No es por eso. Solo necesitaba saber cómo te sentías al respecto.
—Ada... Por favor...
Me coge la mano y hay una desesperación en su voz que no me atrevo a interpretar. Hay demasiado en juego para dejarme llevar por mis sentimientos, que, en cuanto los admita, ya no los podré ignorar.
Me niego a levantar la vista; tengo un nudo en la garganta.
—Adiós, Michael. Gracias por todo.
Suelto la mano y salgo del hotel sin mirar atrás.
Mientras avanzo por las calles, dejo que los sonidos y los olores de la ciudad me azoten. El viento me arranca las lágrimas de los ojos mientras aprovecho el viaje hacia casa para llorar por la decisión tomada. Pero una vez allí no habrá más dudas. Ni más lágrimas.
He dado a las Familias mucha información confidencial. Yahora Génesis corre peligro. Por mi culpa.
Tengo que arreglarlo.