36
Cruzamos el río a toda velocidad y nos apresuramos a regresar hasta el hotel.
Hypatia todavía sigue muy débil y Rafe carga con ella casi todo el trayecto.
En cuanto estamos en nuestra habitación —la recepcionista debe de haberse despertado y marchado, ya que no se la ve por ninguna parte—, empieza a arremangarse.
—¿Qué haces? —protesta ella.
—Necesitas sangre ahora.
Él le tiende su mano, pero ella sorprendida la aparta sin fuerza.
—No de ti. Busca a otro.
—Necesitas comer ahora y la sangre de un sire te ayudará a sanar más rápido.
—Madre dijo que nunca de un sire.
Pero su voz es pequeña y frágil. Rafe la ignora y presiona el antebrazo interior contra su boca. Ella duda un momento, después se lo agarra y lo muerde.
Me doy la vuelta para darles intimidad, pero no antes de ver cómo unos diminutos colmillos pinchan la piel de Rafe.
Espero entrar en una espiral de enloquecimiento total por el hecho de saber que mi querida amiga es todavía más vampiresa que su primo, pero ya he alcanzado mi límite mental de traumas por hoy. Mi cerebro ha arrojado sus armas y está dispuesto a aceptar cualquier cosa en este momento.
Me acomodo en la otra cama, fingiendo estar ocupada con el móvil hasta que Rafe viene a sentarse a mi lado.
—Está durmiendo y necesita descansar. Pasaremos la noche aquí y mi hermano nos recogerá por la mañana. Ya he contactado con él. Lo que has dicho sobre que tu abuelo no está enfermo significa que no tenemos que ir allí primero, ¿verdad?
Asiento con la cabeza. Le he explicado lo básico durante la travesía de vuelta.
—¿Estás... bien? —pregunta.
—No.
Mejor mantener la mente ocupada con asuntos prácticos, así que cambio de tema.
—¿Quién podría haberles dado los conocimientos para crear un falso sire?
He puesto a Rafe al corriente de la enfermedad de Kor y de su operación, y tengo más curiosidad que nunca por saber quién podría ser Prometeo.
—Sinceramente, no tengo ni idea de quién haría algo así. Pero tendremos que encontrar una manera de neutralizar ese conocimiento. Las habilidades sire son demasiado peligrosas en manos provinciales.
«Neutralizar ese conocimiento». Eso no puede significar nada bueno para mi familia. Apesar de todo lo que he presenciado esta noche, no quiero que les suceda nada malo.
—No lo entiendo —le digo a Rafe—. Los inventos de los Hacedores son una cosa, pero ¿por qué no podemos enseñar a los sire provinciales a utilizar el ha'i?
No todos están reclutados. Hay muchos sire sin entrenar por ahí que no tienen ni idea de lo que son ni de lo que podrían hacer por la sociedad.
Ya nadie lo prohíbe, ¿por qué no reintroducir el conocimiento de los sire para que el mundo pueda beneficiarse de ello?
—¿Me estás tomando el pelo? Mira lo que hizo tu familia en cuanto supo sobre los sire.
Secuestrarlos y drenar su sangre, ¿crees que es la primera vez que ocurre algo así?
Despierta, Ada, esto es lo que hace el mundo provincial.
No pueden aceptar que la gente sea diferente y roban cualquier poder disponible. Convierten en arma cualquier cosa.
No hay nada que pueda decir sobre esto. Me miro las manos y me froto las cicatrices. Mi mejor amigo, una de las personas más benévolas que he conocido, ha hecho cosas indecibles por este poder. ¿Ysi estuviera en manos de personas sin menos escrúpulos?
Estaba segura de que había alguien más involucrado en todo esto, pero si las Familias me secuestraron y ahora tienen otro informante en Génesis, es posible que siempre hayan sido ellos. No estoy segura de poder soportarlo.
—¿Qué sabes de Nora Montaigne? —le pregunto a Rafe, todavía incrédula de que no esté implicada de alguna manera.
—¿La traidora de Leonora de Montaigne? Es la hermana mayor de Leonardo, maestra de codificadores y ciencias de la sangre. Es la prima de la Corona. Desprecio a esa familia.
—¿Es posible que Bram y Leo hayan estado trabajando para ella y que pudieran estar detrás de algunas de las fugas de información y los robos?
—¿Qué? No, Leonora nunca haría algo así.
—Pero ¿no me acabas de decir que es una traidora?
—Es una traidora por elegir abandonar su herencia y vivir entre los filisteos. Pero continúa en contacto constante con la Guardia y solo comparte lo que ellos aprueban.
Esto no es lo que esperaba. Ylo encuentro sorprendentemente constructivo.
—Eso es increíble, que haya de verdad Hacedores haciendo un esfuerzo para ayudar al resto del mundo.
Rafe se burla.
—Sus intenciones no son tan nobles, te lo aseguro. Se mueve puramente por interés y afán de riqueza. Lo que la hace perfecta para la gente que ha elegido en vez de a los suyos.
Me pongo de pie, lista para alejarme molesta. Estoy harta de la impertinencia de Rafe.
Se levanta y me tira hacia abajo junto a él.
—Lo siento —me dice.
No parece algo que esté acostumbrado a decir. Me inclina un poco la barbilla para que lo mire.
—No debería haber dicho eso de la gente con la que creciste.
Le quito la mano de encima y me alejo.
—No necesito tus disculpas. Hemos hecho lo que vinimos a hacer. Ahora podemos seguir adelante.
Es verdad. No me importa. Me siento vacía por dentro. Un vacío que empezó cuando encontré a Rafe cubierto de sangre antes y que ha ido creciendo hasta hacerse más grande con todo lo que he visto. La traición de Kor duele más que cualquier cosa que Rafe haya hecho.
—Quiero disculparme —insiste Rafe. Su mirada es vulnerable en lugar de la indiferencia congelada a la que estoy acostumbrada—. No quiero que te enfades conmigo —añade, y traga saliva—. No sé por qué importa eso.
Parece confuso.
No respondo.
Rafe se aclara la garganta.
—Entonces, ¿entiendes ahora que sabes que Hypatia es diferente por qué tuve que priorizar su rescate por encima de todo?
Asiento con la cabeza y lo miro. No estaba segura de que estuviera dispuesto a explicármelo.
—¿Qué le sucede exactamente...? —pregunto mientras señalo mis dientes.
—Su genética Vanguard está más concentrada.
No usa sangre para el dopaje; la necesita para sobrevivir.
Génesis no permite el consumo de sangre, pero le han permitido recibir transfusiones.
Es suficiente para que ella esté bien, pero los efectos desaparecen más rápido y la debilitan.
—La mira, observándola dormir con adoración—.
Hypatia es un caso extremadamente raro, tiene una fuerte genética Vanguard y también es una sire.
Cuando sus habilidades estén del todo desarrolladas, puede que sea uno de los humanos más intrínsecamente poderosos en la sociedad de los Hacedores.
Pero los Inquisidores no pueden saber que su genética única de Vanguard ha sobrevivido.
La mayoría de los Hacedores ni siquiera lo saben.
Los Inquisidores no pueden saberlo, pero él me lo está diciendo, así que cree de verdad que no les diré nada.
Ni siquiera sé aun lo que les diré o no.
Hypatia parece tan serena durmiendo. Me cuesta imaginar que es tan poderosa como él afirma. Rafe la mira con tanto amor... Luego me mira a mí con la misma mirada, una que por primera vez me invita a quedarme en lugar de dejarme fuera.
—Ada...—Me agarra la mano. El calor fluye por mis dedos mientras sus ojos reclaman los míos, con tanta naturalidad que no puedo apartar la mirada—.
Nunca podré agradecértelo lo suficiente.
Has salvado a mi prima... —Hace una pausa, procesando sus emociones—.
Nunca podría haberla ayudado sin ti —dice, y la dulzura de su voz hace que su acento se pronuncie más.
Su intensidad provoca que mi corazón lata feroz—.
Sé que tus razones para estar en Génesis son complejas, pero si me dices que no planeas poner en peligro a mi gente, confío en ti.
Yte juro, por el ha'i de mi madre, que no se lo diré a nadie.
Está sentado tan cerca de mí, con toda su belleza feroz y perfecta. Pero lo conozco mejor ahora.
—¿Te callarás solo para que no revele el gran secreto de tu familia? —respondo con rotundidad.
—No, por eso no... —Aprieta los labios con frustración y lo intenta de nuevo—. Confío en ti sin ninguna amenaza. Yquiero que sepas que tú también puedes confiar en mí.
—Rafe, llevemos a Hypatia a casa y luego cada uno por su lado.
Trato de apartar mi mano, pero él la aprieta más fuerte, la vibración de nuestra química única late bajo nuestra piel.
—Ada... —dice con voz rasgada, mientras el calor de su agarre en mi mano se extiende lentamente por otras partes de mi cuerpo—. ¿Nuestros caminos tienen que ser tan opuestos?
Su pregunta está cargada de algo en lo que no estoy dispuesta a pensar.
A pesar de que estoy decidida, mi voz me traiciona con el sonido de la vacilación al responderle:
—Creo que será lo mejor.
—Ada... —susurra de nuevo. Levanta mi mano y me roza suavemente los labios contra la palma. Es el más suave de los besos. Una dulzura que, una vez más, es muy poco usual en él—. Me gusta que te importe. Aunque no estoy de acuerdo con las mentiras que te han contado, me gusta que intentes ser buena.
La electricidad que siempre suele vibrar entre nosotros cobra vida, como si mi ha'i echara chispas a través de mi piel, suplicando estar más cerca del suyo. Me trago un jadeo.
—Este tipo de conexión entre dos sire que tienen ha'i compatible es muy rara. Solo he oído hablar de ella en leyendas. Quizá no deberíamos descartar nada.
Me besa tanto la mano como la muñeca de una forma que provoca que el pulso de mis venas se dispare.
Siento que está despertando algo dentro de mí, algo con lo que no me apetece lidiar ahora.
Sobre todo, cuando el sitio donde me besa me recuerda al de otra muñeca en su boca, una muñeca que no era la mía, pintada de rojo rubí.
Aparto la mano de él, respirando hondo para calmar el cuerpo y ponerme de pie.
—Jamás te perdonaré que violaras a esa chica.
—No la violé.
—La drogaste y usaste su cuerpo sin su consentimiento.
Sé lo que es descubrir que te han robado la sangre, que te mientan y te usen como un mero peón.