35
Kor no es un sire. No puede serlo. No tiene los síntomas con los que crecí. Miro su labio superior y su cicatriz sigue ahí. Los sire no tienen cicatrices. ¿Habrá conseguido una piedra ha'i? Pero sus manos están vacías.
—No lo entiendo.
—¿No es increíble? ¿Sabes cuánto bien he hecho ya?
—dice con una cara radiante—. He estado ayudando en la clínica de caridad.
Hay tantas pequeñas cosas que soy capaz de curar solo con mi energía.
He salvado vidas, Ada —cierra los ojos, con el ceño fruncido—.
Antes había mucho ruido. Todos esos fans pensando que yo era alguien especial, tratándome como si mis canciones dieran sentido a sus vidas.
Me sentía como un impostor sin nada real que ofrecer —abre los ojos—. Pero ahora, ahora tengo tanto que dar.
Toma mi mano entre las suyas y su mirada se vuelve sombría.
—Estoy seguro de que hay gente buena en esa isla, pero haré lo que sea para ayudar a nuestro mundo.
Hay algo en la forma en la que lo dice que provoca que mi cuerpo se enfríe.
—Kor, ¿qué has hecho?
Pero ya sé cómo alguien que no nació sire puede obtener poderes.
—Has estado bebiendo la sangre de los sire secuestrados —digo conmocionada y disgustada.
Asiente.
—Pero... ¡eres vegetariano!
Apenas reconozco a la persona que me habla.
—He aceptado que este poder tiene un coste.
—¡Sangre humana!
Me alejo de él horrorizada.
—¿Cómo eres capaz de digerirla?
—Prometeo me dio la información adecuada para transformarme.
Prometeo. El aliado de Kor en Avant. Sé que ha dado información relevante a las Familias, pero nada que les diera acceso directo al pueblo de los Hacedores. Nada como lo que sí que esperaban obtener de mí.
—No fue una cirugía sencilla.
Jadeo cuando Kor se levanta la camisa. Hay un brutal entrecruzamiento de cicatrices, un mapa de carne desgarrada.
—Las habilidades de sire solo curan tu cuerpo tal y como está ahora, no cualquier daño anterior a que se activaran.
Hay amargura en su voz. Kor ha estado trabajando duro para lograr el cuerpo con el que ganó una serie de portadas de revistas descamisado.
Ahora su abdomen cicatrizado está muy lejos de ser digno de una sesión de fotos.
Si Prometeo le enseñó a Kor cómo hacerse esto, no me hago una idea de qué otros conocimientos médicos puede llegar a tener.
—¿Puede Prometeo ayudar a curar al abuelo?
—¿Tomás?
Kor vuelve a bajarse la camisa.
—De su cáncer.
—Tomás no está enfermo.
Estoy tan confundida.
—Está enfermo.
—Tu abuelo es un anciano, Ada. Tuvo una operación rutinaria mientras estabas en Italia y otra desde entonces. Hubo un periodo de recuperación difícil, pero está bien ahora.
—Pero ¿qué pasa con todo eso de las células madre y las transfusiones de sangre?
Kor se pone rígido y no me mira a los ojos.
—Eso era para mí.
—¿Quieres decir que eran para eso? —le pregunto señalando su cuerpo.
—No. Ada, soy yo quien tiene cáncer.
—¿Qué?
Kor es joven, vital y sano.
—Tengo leucemia. Estadio cuatro.
Su mirada es serena y resignada.
Me llevo la mano a la boca horrorizada. Siento que el tiempo se ralentiza mientras trato de encajar las piezas.
—Pero si puedo mantenerme bien el tiempo necesario para que nuestro plan sea un éxito, nadie más lidiará con esta miserable enfermedad jamás.
Pienso en todas sus visitas al doctor Ambrose, las hemorragias nasales, la gira pospuesta.
—¿Cómo es que nunca me lo dijiste?
—No estaba preparado, y entonces tuviste que irte. Pero ahora estoy bien. La sangre de sire me mantiene sano.
—¿Por qué Prometeo no pudo ofrecerte otra cura?
—El cáncer estaba demasiado avanzado. Era demasiado tarde para cualquiera de sus curas.
¡Demasiado tarde! Kor se estaba muriendo y nunca me lo dijo.
—Pero ahora que eres un sire, ¿estás mejor?
A pesar de todo lo que he aprendido a lo largo de esta noche, quiero que él esté bien.
—No. La sangre sire me da habilidades y me mantiene estable mientras está en mi sistema, pero al dejar de tomarla, me deterioro deprisa. Por lo visto, la chica tiene un grupo sanguíneo universal que habría sido más eficaz. Pero ella ha estado demasiado enferma para que lo pruebe.
Probarlo. Es decir, beberlo. Mi cerebro está enredado tratando de reorganizar mis sentimientos. Estoy furiosa y disgustada por lo que Kor ha estado haciendo, pero la parte de mi corazón que lo ha amado durante tanto tiempo se está rompiendo por saber lo enfermo que está.
—¿Por qué no usaste mi sangre? La habría dado sin dudarlo. Te la daré ahora.
—Lo consideré, pero tu madre no lo permitió.
Oigo crujidos en el sendero detrás de mí y giro la cabeza para encontrarme con mi madre acercándose.
Apesar de lo tarde que es, va tan arreglada como siempre.
Quiero correr hacia ella, dejarme caer en sus brazos y que me proteja de toda esta verdad inoportuna.
Pero ella ni siquiera me mira hasta que está de pie a mi lado.
—No dejaré que te conviertan en uno de sus experimentos, robando libremente tus plaquetas cada vez que lo necesiten —dice. Un apretón cordial es el único afecto que recibo—. Déjala ir y que se lleve a la niña.
—No puedes darme órdenes. Ya no eres mi superior.
—Puede que sea cierto, pero soy tu tía —afirma mientras se cruza de brazos—. Prometeo tampoco estaba contento con el cautiverio de la chica. Ha estado exigiendo su liberación antes de brindarnos más ayuda y rescatarla hará que la tapadera de Ada sea más creíble. Dejarlas ir nos beneficia.
—Ada no necesita que su tapadera sea más creíble —replica Kor—. Ella no va a volver.
—Ada decidirá lo que es mejor para ella —dice mi madre con firmeza. Esas son palabras que nunca pensé que diría. Kor parece a punto de protestar.
—Quiero volver —les digo.
Kor se vuelve hacia mí con los ojos muy abiertos.
—¿Me dejarás por ellos?
¿Cómo está tan dolido? Soy yo a quien han traicionado.
—No, voy a ayudarte. Hay algo llamado piedra ha'i. Si puedo encontrarla, tal vez no necesites la sangre de nadie.
Su expresión se endurece.
—De acuerdo. Ve. Yllévate a la chica. Si está enferma, debe estar con su familia. Pero piénsatelo dos veces antes de irte. Nosotros no te necesitamos más allí. Tenemos un nuevo informante en Génesis.
—¿Qué?
«¿Qué diablos?».
¿Quiénes podrían ser? ¿Son los que robaron la piedra ha'i? Ysi no fue Nora Montaigne, ¿de qué modo está involucrada? Bah. Todo está confuso en mi cabeza.
—Sigue tu camino.
Kor se aparta de mí.
—Espera. ¿Qué más has averiguado sobre Ozymandias Tech?
Se queda inmóvil y, sin girarse, dice:
—Ya no creemos que estén implicados.
Eso no es verdad. Tienen que estar involucrados de alguna manera. Quiero decirle a Kor lo que he averiguado sobre las conexiones familiares de Nora Montaigne, pero hay otra cosa prioritaria en mi mente.
—Si no fue Oz Tech, ¿quién me secuestró?
Kor se encoge los hombros y finalmente se vuelve para mirarme de nuevo, su cara es todo un cuadro de tristeza.
Apenas puedo respirar.
Miro a mi madre, que tiene lágrimas en los ojos.
—Te juro que no tenía ni idea —dice.
Vuelvo a mirar a Kor.
—Pero ¿tú sí?
Él asiente con la cabeza. Siento como si me fuera a derrumbar en el suelo, pero, de alguna manera, me mantengo de pie.
—¿Cómo has podido? —pregunto antes de ahogarme, incapaz de contenerme las lágrimas—. Kor, me metieron en una jaula. No podía moverme. Apenas podía respirar —me ahogo en un sollozo—. Ylos guantes me quemaron. Me dolía tanto...
Se me quiebra la voz e intento tragarme el doloroso nudo de mi garganta.
—No tuve elección.
—Me dejaron inconsciente.
Por instinto me llevo la mano a la nuca.
—No deberían haber hecho eso —dice con acero en la voz—. Nunca debieron hacerte daño.
—¿Por qué no me avisaste?
—Quería hacerlo. Debería haberlo hecho. Pero... Tu reacción tenía que ser auténtica.
Parpadeo.
—Tienes que estar de broma.
—Lo siento —dice en voz baja—. No podía estar seguro de que tener habilidades bastara para que los herejes te reclutaran. Necesitaban pensar que estabas en peligro. Yel resto de la Cámara Interna tenía que estar convencida de que estabas en peligro para que estuvieran de acuerdo en enviarte lejos.
No solo no me lo dijo, sino que fue él quien planeó todo el asunto.
Miro a mi madre en busca de alguna explicación.
—Nadie fuera del Oculus sabía de los secuestros hasta hace poco. La mayoría de los demás sire vinieron voluntariamente —explica ella en voz baja—. Así que tu abducción parecía una amenaza externa para el resto de nosotros.
Ni siquiera encuentro las palabras. He conocido a Kor tanto tiempo, y esto está tan lejos de cualquier cosa que pudiera imaginarlo hacer, incluyendo lo de beber la sangre de una chica joven.
No hay suficiente espacio dentro de mí para contener tanta conmoción y confusión.
«Vi algo que no debería haber visto».
Eso es lo que decía el mensaje de Izzy. Pero lo que sea que hubiera visto no fue en Oz Tech. Estaba con las Familias. Lo que fuera que vio la hizo querer dejar la orden, y también trató de protegerme de ellos.
Espero que, donde quiera que esté, esté a salvo.
—Por favor, compréndelo —dice Kor con una expresión realmente sincera—.
Hice esto no solo por las Familias. Todo ha salido mejor de lo que podíamos esperar.
Siento que tuvieras miedo y te sintieras herida.
Nunca me perdonaré por tus cicatrices —añade, y se agarra la cruz del cuello, apretándola en el puño—.
Pero también me alegro de que haya funcionado.
Sacudo la cabeza, sin saber cómo responder a una traición tan grande de una de las personas que más quiero en el mundo.
—Me perdonarás —insiste con la convicción de alguien que siempre se sale con la suya—. Volverás para obtener más información de los herejes y juntos traeremos un cambio radical al mundo. Entonces te darás cuenta de que todo ha valido la pena y me perdonarás.
Su tono es confiado, pero sus ojos son suplicantes.
—Tienes que irte, Ada —dice mi madre—. Toda la Cámara Interior ha sido alertada sobre la brecha de la celda y no todos querrán dejarte ir.
La sigo y le doy la espalda a Kor sin despedirme.
Mamá me guía con una linterna hasta la zona de la orilla donde Rafe está esperando.
Cuando casi estamos allí, me arrepiento y me detengo.
—Esto no me parece bien. Creía que las Familias eran buenas.
—No es tan sencillo. Ymuchos integrantes de las Familias no están de acuerdo con lo que ha estado pasando aquí.
—Entonces, ¿deberíamos ayudarlos? ¿Odeberíamos detenerlos?
Mi madre se queda pensativa un momento y luego dice:
—Siempre he creído en la misión de las Familias.
Kor tiene un nuevo plan radical para ayudar a hacerlo posible y el Oculus lo aprueba.
No soy la única que no está de acuerdo con sus métodos, pero es una persona que tiene una gran influencia dentro de la organización y puede hacer del mundo un lugar mejor.
—Quizá debería quedarme.
—No —dice, y su voz se vuelve muy aguda—. Es más seguro que te vayas.
Se me revuelve el estómago al ver lo convencida que está de que me vuelva a ir.
—Acabas de decirle a Kor que puedo elegir lo que es mejor para mí.
Eso me ha hecho sentir que había una conexión entre nosotras, como si por fin empezara a tratarme como a una adulta. Ella suspira.
—Por supuesto que puedes elegir. Pero tampoco tienes tiempo para tomar la mejor decisión. Tu seguridad es mi prioridad, muy por encima de mis deberes con las Familias. No puedo evitar que te utilicen por tu sangre si te quedas aquí.
—Mamá, tú también necesitas protegerte. Si vine aquí fue para avisártelo. Los Hacedores saben quién eres.
—No te preocupes por mí. Sabemos lo que saben. Solo mantente a salvo.
—¿Y qué pasa con el abuelo? ¿Está bien de verdad?
Su expresión es tensa.
—Está bien.
—Aunque no sea cáncer, ¿le pasa algo más? Parecía tan enfermo. Rafe es un sanador. Ha aceptado tratar de ayudar al abuelo. Tal vez deberíamos ir con él antes de...
—No. Tienes que irte. Te prometo que no está enfermo. Tuvo una serie de operaciones, pero fueron un éxito y se está recuperando bien.
—¿Por qué no sabía nada de ellas?
—No quería que lo supieras. Pensó que tu preocupación por él podría afectar en tu decisión de irte o no.
¿Por qué me da la sensación de que no me lo está contando todo?
El bolsillo de mamá ha estado vibrando sin parar. Me da la linterna y saca su móvil. Sus ojos miran la pantalla y luego vuelven a mí con una determinación distante que me resulta familiar. Dice:
—Voy a encontrar una manera de suavizar las cosas con el Oculus —añade.
Entre frase y frase, se vuelve a aplicar pintalabios, sin necesidad de espejo.
Su armadura antes de entrar en batalla—.
Ahora vete. Cuando vuelvas al instituto, puedes seguir espiando, o no, si no crees que sea la opción correcta, pero protegerte es tu objetivo principal.
Le devuelvo la linterna, luego me muevo para darle un abrazo, pero ella se da la vuelta y se va. Así que hago lo mismo.
Cuando me abro paso entre la maleza, Rafe está justo ahí. No abajo en el bote como esperaba. Estábamos susurrando, pero sé que el dopaje sanguíneo le ha dado una audición mejorada. Sé que ha oído toda nuestra conversación.
«Seguir espiando».
Mi madre dijo esas palabras exactas.
—No es como ella lo hizo sonar.
Trato de tragar saliva, realmente asustada. Sé lo que piensa de los traidores a su pueblo y esta vez la prueba es mucho más condenatoria.
Sus ojos son como el hielo sobre un lago helado, fríos y ásperos, y esconden infinitas profundidades. Está rodeado por los cuerpos de los guardias de seguridad inconscientes que, de alguna manera, ha conseguido noquear sin ayuda.
—Por favor... No pienso espiar.
—Ada —me interrumpe. Su voz militar me hace callar—. No te preocupes. No sabías lo que estaban haciendo, y no quieres ayudarles más.
—Rafe, te juro...
Me hace callar con un dedo en los labios.
—Ada, confío en ti —dice, y se acerca más—. Estás temblando. —Se quita la chaqueta y me la echa por encima—. Ahora, tenemos que salir de aquí. Vayámonos.
Y sin mediar palabra camina hacia el bote en el que descansa Hypatia.
Tardo un momento en recuperarme de la sorpresa y luego lo sigo.