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Suena un graznido desde el árbol por encima de Kor, quien se mueve a unos metros de distancia haciéndome señas para que lo siga.
—Eso son garzas —explica—. Hay que tener cuidado de no molestar demasiado a las aves. Nuestra actividad en la isla ya ha disminuido su reproducción y no queremos que la Sociedad Audubon ande husmeando. ¿Qué decías?
—He venido a advertirte de lo mucho que los Hacedores saben de ti y para rescatar a Hypatia.
—¿Por qué necesita que la rescaten?
Recuerdo el estado en el que la encontramos y de nuevo me nacen ira y confusión.
—Bueno, desde luego sí que lo parecía.
Había planeado convertir el rescate en algo beneficioso para las Familias, explicarles que no vale la pena correr el riesgo, ya que ella pertenece a la familia real, pero estoy demasiado enfurecida tras ser testigo de su maltrato.
—Te enviamos a la escuela de herejes para obtener información, no para hacer amigos y que los ayudes a robarnos.
—¿Qué estás diciendo? ¡Estás literalmente secuestrando gente!
—Casi todos los sire han accedido a cooperar como voluntarios. Están encantados de ayudarnos tan pronto como les explicamos la importancia de nuestro trabajo y los ayudamos a comprender sus habilidades.
—Habéis secuestrado a una niña de su hogar y la habéis mantenido en condiciones abusivas...
—No ha sido maltratada. Hemos intentado que estuviera cómoda y feliz, pero apenas comía, y tuvimos que encerrarla en la celda desde que intentó escapar de noche, lo que resulta muy peligroso para ella en esta zona.
Anoche atacó a un guardia, le mordió la muñeca tan fuerte que sangró, por eso le pusimos el collar.
No debería haberle sentado tan mal el collar, por eso lo siento —añade, y frunce el ceño, con una genuina preocupación en los ojos.
—Sí, eso es porque es una enferma crónica. Hay que devolverla a casa para no desatar la ira de toda la familia real y su guardia.
—Por desgracia, la necesitamos, y no puedo dejarla marchar.
—No lo entiendo... ¿Quién eres ahora?
Resoplo y me doy cuenta de que he empezado a llorar de nuevo. Estoy llorando porque no entiendo lo que estoy viendo en esta isla o cómo Kor podría formar parte de este entramado.
—Kor, tienes que entenderlo. Los Hacedores no son malos. Los que están al mando han tomado decisiones egoístas, sí, pero son buenas personas.
—Basta, Ada. Te defendí cuando otros dijeron que no creían que estuvieras preparada para este trabajo.
Creí en ti, pero tenían razón: te lavaron el cerebro.
Estoy seguro de que los herejes tienen muchas cualidades, pero son los responsables de dejar que el resto del mundo sufriera cuando tenían el poder de ayudar.
—Su objetivo final es reunirse con el resto del mundo. ¡Tienen una profecía al respecto y todo!
—Sí, el Oculus ha encontrado evidencia de años y años de profecías que podrían ayudar a todo el mundo, sin embargo, las han mantenido para ellos. El Gran Maestro no estará contento de oír hablar de tu mentalidad simpatizante. Te retiro de la misión.
—¿Qué? No, no puedes...
Endereza la espalda y me mira.
—¡Sí que puedo! Soy la mano derecha del mismísimo Gran Maestro.
—Pero estoy aprendiendo tanto... Aprendo a controlar mis habilidades, imagina los avances que podríamos aplicar...
—Y es una pena que pierdas eso, pero es preferible a que yo te pierda a ti.
—No vas a perderme.
—¿No te he perdido ya? —pregunta con una expresión oscura, de tristeza y decepción—. Ni siquiera me dijiste que venías a la ciudad. Te colaste aquí. ¡Yte has llevado a una prisionera! ¿Yno debería dudar de tu lealtad?
—¿Qué se supone que debía hacer? No me dijiste nada. ¡Nada! Vine aquí para advertirte, para decirte que tienen fotos tuyas, y para averiguar lo que he estado ayudando a hacer. Pensé que te estaba ayudando a mejorar el mundo, ¡no a secuestrar niñas!
—Lo único que tenías que hacer era mantener tu tapadera y, en vez de eso, le dices a un peligroso miembro de la familia real quién eres y lo traes directamente a nosotros. Vamos a tener que trasladarlo todo a otra instalación ahora que ha estado aquí.
—Piensa lo que quieras, pero tomé la decisión correcta.
El hecho de haber salido de esa isla y estar aquí hablando contigo es la señal de mi éxito.
Fue tu elección mantenerme en la sombra, así que me vi obligada a actuar por mi cuenta.
Yelegí a la persona perfecta para contárselo.
La persona con más probabilidades que creyera en mi inocencia a pesar de mis conexiones familiares.
Una persona que tiene su futuro planeado y sus propios secretos, para que se me mantenga callado cuando todo esto termine.
Ahora deja de subestimarme como el resto y confíame la información que necesito para cumplir el trabajo que me enviaste a hacer.
No estoy segura de querer seguir haciendo cualquier tipo de trabajo para ellos cuando descubra lo que el Oculus ha estado tramando, pero ahora mismo asegurarme de que soy yo la que tiene el control de tomar esta decisión me reconforta.
—Ya has completado tu trabajo. La información que nos enviaste es suficiente. Con eso, combinado con lo que tenemos de Prometeo y nuestra nueva pista, no hay razón para que vuelvas.
—Pero al fin tengo información sobre una piedra que permite a quienes no son sire usar el ha'i. Soy la única sire de la familia. Me necesitas para...
—Eso ya no es del todo cierto.
Kor arranca una hoja del árbol de su lado y la presiona en su mano, que hace shiin. Siento el zumbido de ha'i —mucho más fácilmente de lo que yo lo logré con los palos— y la hoja estalla en una llama de pocos segundos. Luego desaparece, como una nube de ceniza que cae al suelo.
—Ya no eres la única sire de la familia, Ada.