31
Al día siguiente emprendemos el viaje antes del amanecer.
Intento memorizar el camino hasta el agua para futuras ocasiones, pero me quedo sin aire por la dificultad que me está resultando hacer una caminata en toda regla.
Cuando llegamos a un claro en la maleza, me detengo.
Un rayo de sol comienza a teñir el cielo, lo suficiente para ver el sendero que bordea justo por el lado del acantilado.
Un rocoso descenso estrecho y empinado compone los escalones naturales, cada uno de apenas treinta centímetros de ancho, con el acantilado a un lado y el vacío en el otro.
Hay una caída libre de cientos de metros hacia el océano.
—¿Cómo esperas exactamente que baje por aquí? —le pregunto a Rafe.
—¿Con los dos pies que bondadosamente el Conductor te ha concedido?
—Mis caderas son más anchas que este camino.
—Tus caderas, aunque preciosas, son irrelevantes para tu descenso.
—¿Era todo este plan un complot para matarme? Porque no veo la forma de bajar con vida.
Lo digo en broma, pero reconozco que no sería una mala forma de deshacerse de esta chica de quien Rafe ahora tiene pruebas irrefutables de que está relacionada con el enemigo.
Se me acerca por detrás y su aliento me hace cosquillas en el cuello mientras me susurra al oído:
—Si te quisiera muerta, habría encontrado una forma mucho más deliciosa de matarte.
Es oficial. Debo estar rota, porque una amenaza de muerte no tendría que hacer que mi respiración se parara así.
Rafe me gira hacia él y me mira directamente a los ojos.
—Puedes hacerlo. Esto no es diferente de bajar escaleras. Ytú bajas escaleras todo el tiempo.
—La mayoría de las escaleras no me matan si me caigo.
—¿Cuándo fue la última vez que te caíste en una escalera? El único peligro está en tu cabeza. Ysi te resbalas, tengo unos reflejos excelentes.
Me guiña un ojo. Vuelvo la vista hacia el sendero. Puede que no me caiga con frecuencia por las escaleras, pero la mayoría tampoco son propensas a desmoronarse bajo mis pies. Tengo la boca seca.
—Rafe, realmente no estoy segura de poder hacerlo.
—Realmente no tienes otra elección.
Su momentáneo apoyo ha llegado a su límite. Ahora hay un tono impaciente en su voz.
—¿Pensaste que escabullirte de una isla secreta iba a ser fácil? Te vi ayer dando piruetas con tu aerotabla desde una barandilla de metro y medio; puedes controlar algunos escalones.
—Tú primero.
Baja por la cornisa y no tengo más remedio que seguirlo.
Durante la primera docena de pasos, mientras miro fijamente la espalda de Rafe y no me atrevo a mirar a otro sitio, estoy bien. Pero con el tiempo los escalones se vuelven más irregulares.
—¿Por qué estamos haciendo esto? —pregunto cuando tanto las rodillas como las pantorrillas se me empiezan a cargar por el ángulo del descenso. El viento me revuelve el pelo en la cara y me roba las palabras de la boca.
—Es la única forma segura de salir de Arcadia que no sea el Atlas.
—¿A esto lo llamas seguro?
Me concentro en hacer que mis pies sigan a los suyos. Si hago lo que él hace, estaré bien.
—Y es divertido.
—Doloroso y aterrador no es realmente mi idea de diversión —refunfuño.
—Oh, vamos, no está tan mal. Tenemos que lanzar el bote en el momento preciso para que la Guardia no nos vea. Deja de quejarte y mantén el ritmo.
—¿Te das cuenta de que eres más fuerte, tienes las piernas más largas y estás sobradamente más en forma que yo?
Como para demostrarlo, resbalo con una piedra suelta. De inmediato Rafe me agarra del brazo y me estabiliza.
—Mantener el ritmo es mucho pedir.
—Como siempre, te pones en un listón demasiado bajo.
—O tú me pones en un listón imposible —digo deshaciéndome de su brazo. Sigo caminando.
—Te presiono para que des lo mejor de ti.
—Lo siento si, por no ser una alpinista profesional, significa que no soy lo suficiente para ti. Pero, noticias de última hora, esta soy yo, soy mediocre y lo llevo bien.
Se ríe.
—Creo que he dejado claro que eres más que suficiente para mí.
—Nunca he confundido tu voluntad de acostarse conmigo de manera respetuosa —apunto, y me limpio el sudor de la frente con la manga.
—Tienes razón. No podría respetar a alguien que es mediocre y lo tolera.
—Eres insoportable —le digo a sus espaldas.
—¿O simplemente tengo razón sobre tus capacidades?
Ha dejado de caminar y, cuando levanto la vista, veo la playa.
Me apresuro a bajar los últimos escalones y corro hacia el agua, con los brazos abiertos. Tengo todos los músculos cargados y estoy cubierta de sudor y suciedad, pero lo he conseguido. Yme siento maravillosamente bien.
Vale, incluso ha sido un poco divertido.
Rafe me sonríe con su sonrisa demasiado bonita, pero me niego a darle la razón, así que giro la cara hacia la brisa salada.
Rafe infla rápidamente el bote. Se sienta en la parte de atrás y me hace acurrucarme entre sus piernas, con mi espalda apoyada en su pecho. Bueno, esto es incómodo. Estoy muy mugrienta de la caminata, y no me dejo de mover debido a la particular alineación de mi trasero y su entrepierna.
Rafe me da una cantimplora y yo bebo de un trago mientras arranca el motor y guía la barca.
Yentonces nos ponemos en marcha, y el invento es muy rápido.
Salimos disparados dejando una estela de espuma blanca a nuestro paso.
Suspiro y apoyo mi cabeza sudorosa en la injustamente seca y no maloliente cabeza de Rafe. El sol brilla y cierro los ojos.
Me despierto con la cabeza apoyada en su pecho tan y tan duro. Para mi vergüenza, tengo la mejilla empapada de babas. Si Rafe se ha dado cuenta de la ofensa, no parece molestarle. Sus manos descansan despreocupadamente sobre mis muslos.
—Buenos días —me dice. Luego señala con la barbilla en dirección a la costa a la que nos acercamos—. Justo a tiempo.