Academia de musas 1. Exilio 29 #2
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29 #2

Rafe podría haber ganado fácilmente unos pocos puntos más para incrementar su puntuación, y oigo algunos abucheos de miembros de su equipo que con claridad desearían que lo hubiera hecho, pero en cambio ha dejado que su oponente terminara con dignidad y sin el riesgo de una lesión mayor.

Eso ha sido tan... honrado. ¡Yla multitud está de acuerdo! Están todos de pie celebrándolo y vitoreándolo.

—¡Digno de un Hacedor! ¡Digno de un Hacedor!

Me enorgullece interpretar el papel de novia cariñosa y corro a felicitarlo.

En vez de abrazarme, me levanta y gira conmigo.

No debería ser capaz de lograrlo tan fácilmente, pues yo no soy una persona que pese poco, pero supongo que hay algo más que apariencia en esos ridículos músculos que tan bien le sientan, porque me hace sentir ligera.

También me hace sentir como una novia de verdad, me sonríe con la genuina alegría del juego, como si yo fuera de corazón la persona con la que quisiera celebrar este momento.

Se me ocurre que, si estuviéramos juntos de verdad, ahora es cuando me besaría.

«Oh, no».

No seré capaz de sobrevivir si lo hace, y tengo mi partido en unos minutos.

Pero no tenía de qué preocuparme. Rafe coge la banda de ganador con la que lo han premiado y me la ata alrededor del brazo.

Se inclina hacia mí y su pelo, que la mayor parte se ha soltado de su moño, actúa como una cortina, impidiendo que los demás nos vean.

Así que nadie más sabe que, cuando se me inclina todavía más cerca, lo único que hace en realidad es susurrar.

—Tu equipo no tiene ninguna posibilidad contra nosotros, hierbecilla.

No me pierdo el coro de suspiros de los espectadores.

—¿Cómo juegas con tanta... elegancia? —le pregunto. Me contesta mientras voy de camino con él hacia la tienda de su equipo.

—La razón por la que los sire somos tan apreciados en la liga es por nuestra capacidad de recuperarnos de las lesiones y seguir jugando.

Cuando corro y me inclino, lo hago con la total seguridad de que puedo curarme inmediatamente de cualquier dolor que se me presente.

La elegancia proviene de la ausencia de miedo.

Sin miedo al impacto, controlo la inclinación.

Forzando la realidad a su voluntad, como siempre. Está hecho todo un príncipe.

Antes de que me deje para ir a asearme y cambiarme, le digo:

—Lo que has hecho de empatar en la tercera ronda me ha parecido genial, has hecho lo correcto.

—Siempre hago lo correcto —se burla—. Tú y yo solo tenemos diferentes ideas sobre lo que es correcto.

A medida que avanzan los partidos, los codificadores y los bios encabezan la clasificación, como era de esperar.

En el primer partido de los alquimistas, Sebastian gana contra los artesanos, pero luego perdemos un reñido partido contra los sofistas.

Cuando me llega el turno de competir no tengo que ganar mi partido a toda costa, pero tendré que hacerlo bien para mantenernos en el juego.

Si pierdo todas mis rondas o me derriban demasiadas veces y pierdo muchos puntos, a menos que los miembros de mi equipo jueguen perfecto, que es raro si no te llamas Rafe Vanguard, corremos el riesgo de ser eliminados.

Teniendo en cuenta que soy tan buena con la lanza como elegiendo a mi crush , esto es mucha presión.

Una vez con la armadura de seda de araña puesta, respiro hondo y me sacudo el cuerpo. Mi objetivo es ganar al menos un asalto y mantenerme en el aire durante al menos uno más. Oigo a Zo, nuestro heraldo, comenzando su perorata:

—Honorables Hacedores, para su torneo de debut...

Mientras me pongo el casco, bloqueo los sonidos exagerados de Zo sobre mis habilidades y, en su lugar, me digo que me debo imaginar que estoy a punto de hacer snowboard : yo sola con la tabla y el viento frío en mi cara.

Suena el gong y me deslizo hacia el foso.

Mis latidos son tan fuertes que resuenan en mis oídos, ahogando el rugido de la multitud.

Los gritos, cánticos y ánimos se funden en una leve vibración que me recorre, sincronizándose con mi pulso.

Este es el momento. Mi momento. Todo el mundo está mirándome. Los alquimistas cuentan conmigo.

Miro a través de la arena para ver quién es mi oponente. Tendría que haber escuchado a su heraldo.

Armadura naranja. Un bio. No reconozco el blasón en su escudo, pero debajo de su yelmo sí que advierto su sonrisa de desprecio. Es Bram.

Mi escudo verde (como no tengo blasón, solo tiene el emblema de los alquimistas) es resistente contra mi peto izquierdo (la armadura de hombro), mi lanza pesa con la empuñadura de mi guantelete (la armadura de mano) y mis rodillas se doblan ligeramente y las espinillas presionan las grebas (la armadura de piernas) como botas de snowboard , que me sujetan a la tabla.

Puedo manejar a Bram.

Él es conocido por ejercer una gran fuerza en sus cargas, que despliega a expensas de su equilibrio.

Así que, básicamente, él es mejor que yo, pero, aunque mi puntería apeste, existe la posibilidad de que en algún momento pueda derribarlo.

Yestoy alimentada por el rencor. No hay nadie en esta escuela que desee tanto ver ahogándose en el barro a Bram como yo.

Solo tengo que esforzarme en golpear su escudo y centrarme en permanecer en la tabla.

Suena el gong y salimos disparados. Todo sucede muy rápido.

En un momento estamos yendo a toda velocidad el uno hacia el otro y al siguiente la lanza de Bram se estrella, con una puntería precisa, en mi hombrera.

Él es fuerte. Yduele. Mi cuerpo quiere caerse de esta tabla.

Todo lo que iba tan rápido de repente se ralentiza.

«¡Quédate en la aerotabla!».

Me duele mucho el hombro. El dolor de algo roto. La armadura suele proteger de este tipo de lesiones, pero yo iba muy rápido y Bram me ha golpeado muy fuerte.

Recuerdo lo que Rafe dijo sobre cómo los sire pueden curarse mientras juegan. Yo también puedo hacerlo, ¿verdad? Conduzco el ha'i hacia la lesión y la palpitación disminuye al instante.

«Sigue avanzando. Llega al final del pozo».

Dejo caer mi lanza para ayudarme a mantener el equilibrio, porque me cuesta mucho mantenerme erguida. Pero solo unos momentos más tarde mi equipo se agolpa a mi alrededor en el otro extremo de la fosa.

Lo he logrado y no me he caído.

—¿Cómo es posible que te hayas mantenido firme después de un golpe como ese? —pregunta Sebastian con una mirada de perplejidad y agradablemente sorprendido.

—Menudo golpe, ¿estás bien? —pregunta Miriam.

—Estoy bien, creo.

Cierro los ojos y enfoco mi ha'i hacia la zona dolorida, moviendo mi hombro hacia delante y hacia atrás.

—Estoy bien —les digo.

Bram recibe un punto por su golpe y yo no recibo nada porque apenas he estado cerca de golpear algo. Pero todos esperaban que ese golpe me derribara, así que, que se vaya con un único punto es como si fuera una victoria.

Y ahora sé qué esperar de él y puedo elaborar mi estrategia para el próximo asalto.

No puedo garantizar mantenerme en el aire con otro golpe como el último.

Tampoco seré capaz de golpear si estoy completamente a la defensiva.

Mi única opción es llegar a Bram antes de que acumule suficiente impulso para tener mucha fuerza detrás de su golpe.

Lo que significa ir muy, muy rápido. El tipo de velocidad que no se recomienda durante las aerojustas, porque la mayoría de los jugadores no pueden conservar el equilibrio a tales velocidades.

Pero hacerlo mientras se va rápido en una aerotabla es tal vez la única cosa en la que puedo destacar de verdad en esta isla.

Es una buena estrategia y funciona.

Voy tan rápido que, en el momento en que me acerco a Bram, sigue todavía lejos del centro.

Él no ha cogido mucha velocidad, pero a mí me sobra.

Nuestras lanzas chocan contra los escudos.

Esta vez el golpe de Bram es apenas un toque.

Yyo también le golpeo. Duro. ¡Sí, nena!

Acada uno nos dan un punto. Puedo ver lo enfadado que está Bram desde el otro lado de la fosa.

Según los de mi equipo, ha estado a punto de caer por mi golpe.

—Debes tener cuidado en esta ronda —me advierte Miriam—. Bram se siente humillado, porque la chica nueva lo está dejando en evidencia. Yalguien como él se vuelve impredecible cuando está enfadado.

No debería intentar el mismo truco dos veces, porque ahora Bram estará listo para ello. Esta vez ajustaré mi postura para que le sea más difícil apuntar a mi escudo. Un golpe en cualquier otro lugar no sumará puntos.

Me pongo de lado, lo que me desequilibra un poco, ya que no puedo sostener mi lanza de la forma en que he entrenado, pero si lo consigo seré capaz de golpear el escudo de Bram antes de que alcance el mío y, con suerte, para entonces mi golpe bastará para rebajar su puntería y fuerza de ataque.

Pero, tan pronto como nos dirigimos el uno hacia el otro, siento que algo va mal. El ángulo de la lanza de Bram está mal; está apuntando demasiado alto. Él sabe que está en desventaja si me apunta al escudo, así que no lo hace en absoluto. El baboso está apuntando a mi cabeza.

No tengo tiempo para pensar en lo que un golpe como el suyo me haría en el cráneo. Solo actúo por instinto.

He estado experimentando con la versatilidad de mi aerotabla y practicado algunos trucos de skate en el aerotatami, así que estoy casi segura de que lo que estoy a punto de intentar va a funcionar. Si no, va a doler.

Justo cuando nos acercamos al impacto, lanzo mi lanza, apuntando más o menos al escudo de Bram.

Luego me inclino hacia atrás en mi tabla y salto sobre la valla que nos divide.

La parte inferior de mi tabla chirría contra el metal del riel —que no tiene tecnología de maglev— y me deslizo así, completamente fuera del alcance del golpe de Bram, montada sobre la barandilla hasta el final del foso.

Luego, sintiéndome bastante satisfecha, me exhibo un poco y hago un kickflip al bajar.

La multitud enloquece.